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Mi pequeña joya boliviana

Recuerdo mi herencia paterna del “Tótem boliviano”, según la historia familiar esta “deidad”, con el tamaño de un dije de oro, que se usa en las cadenas que llevamos en el cuello, fue adquirida por mi madre en un joyería céntrica de la ciudad de La Paz - Bolivia, para sorprender a mi padre por su cumpleaños con un bello obsequio.

 En su función de Director Técnico de equipos internacionales fue inevitable que mi padre se encontrara con dificultades y circunstancias adversas, sin embargo llevando su Tótem a quien le otorgó un valor protector y atributos especiales se sentía muy seguro.

 Su veneración se perpetuo en el tiempo, al igual que sus cualidades representativas, sus facultades espirituales o fuerzas sobrenaturales a tal punto que el objeto se vinculó conmigo con toda la fuerza y la energía que le trasladó mi padre durante su vida.

 El Tótem es un objeto considerado como sagrado, símbolo o representación de la naturaleza que se utilizaba en las tribus de aborígenes americanos.

 Lo que mi padre no tenia en consideración es que él siempre supo cómo armonizar con su medio ambiente, comprender la naturaleza de las cosas, ver en cada problema una oportunidad, supo tener firmeza y constancia en su manera de ser y de obrar, por eso el universo conspiraba en su favor, su buena suerte no era producto de la magia que le atribuía a su Tótem.

 En mi tarea de Relaciones Públicas tuve que salir varias veces de mi “microclima”, aquel lugar donde tengo todo en orden, con la temperatura ideal como en una cava de vino, para enfrentar desafíos y ser parte de situaciones que a veces llegaron a ser caóticas.

 “La patadita de la suerte” del Tótem boliviano, no fue otra cosa que el resultado de mi crecimiento espiritual, la práctica del budismo en mi caso, de cultivar relaciones, de luchar contra mis miedos que son varios, de aprender a dar sin condiciones, de poder reírme de mis propios tropiezos, y de amar hasta el infinito como dicen los adolescentes.

 Esta joya pequeña, pero de gran valor sentimental tiene la cualidad de hacerme revivir momentos inolvidables, sin duda es bella y de gran personalidad.

 Ahora le guiño un ojo a mi padre cuando levanto mi vista al cielo para decirle GRACIAS, por hacer de mí una persona llena de amor, con un corazón de servicio, con la capacidad de renovarse y brillar frente a nuevos vientos, y estar siempre acompañada de “seres superiores” que me protegen en la tierra.

Autora: Dra. Norma Bouloc

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