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Chirimoya mil…

 

La ciudad de La Paz (Bolivia), año 1970, fue el escenario ideal para que una niña pequeña llamada Norma Benítez de ojos muy grandes y negros, aprendiera a cantar de la mano de su “maestra de canto”, la vendedora de frutas boliviana, repitiendo una y mil veces: Chirimoya mil, Chirimoya mil, Chirimoya mil….

La Chirimoya es un fruto comestible muy apreciado en esa región, dulce, jugosa, sabrosa de pulpa cremosa, casi oleosa, con forma de corazón, cubierta por una piel verde clara gruesa pero no dura, que tiene un dibujo que recuerda a la escamas de un reptil, la pulpa contiene numerosas semillas negras que se desprenden con facilidad.

 

Su padre Prospero Benítez, argentino, oriundo de la provincia de Formosa, fue contratado por los Directivos del Club Universitario perteneciente a la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), principal universidad pública del Estado Plurinacional de Bolivia, fundada en el año 1830 en la ciudad de La Paz, siendo la segunda universidad más antigua del país, para dirigir el equipo de futbol como Director Técnico.

En la década del 70, Bolivia enfrentaba una pronunciada crisis de poder, gobiernos de corta duración, la mayoría militares. El Presidente del Gobierno Revolucionario de la República de Bolivia General Alfredo Ovando Candia, invitaba a Prospero Benítez y familia a pasar la  navidad en su casa…Entre la nacionalización del petróleo, la instalación de los primeros hornos estatales de fundición de estaño y la elaboración de estrategias para el desarrollo nacional, el Presidente hacia un paréntesis para consultar a Benítez sobre los cambios en el plantel para los próximos partidos…

Un niño inquieto de ocho años llamado Enrique Benítez, abría todas las mañanas las ventanas de su habitación para observar a la imponente montaña con su pico nevado el  Illimani, de soberbia belleza, que matizaba la metrópoli más alta del mundo, con un altura promedio de 3.650 metros sobre el nivel del mar, con un clima subtropical de altura, veranos lluviosos e inviernos secos.

La casa bella y muy cálida pertenecía al Rector de la Universidad de Mayor de San Andrés (UMSA), Pablo Ramos Sánchez, que con tan solo 33 años de edad,  y en el año internacional de la Educación por la Organización de las Naciones Unidas, estaba al frente de  uno de los cargos de gestión educativa más importantes del país, oriundo de Tarija, economista, escritor, docente universitario,  acompañó a Benítez y a su familia en esta etapa, con mucho cariño y respeto.

El “Ballet Azul” como lo llamaban los bolivianos al equipo de Universitario, luego de vencer por tres goles a uno al poderoso equipo de Mariscal Santa Cruz, en un vibrante partido que fue calificado por la prensa deportiva como: “El partido del año”, estaba conformado por seis jugadores  argentinos, nacidos en la provincia de Formosa, Raúl Álvarez, Eulogio Vargas, Ramón Ferreira, Julio Cerrizuela, Daniel Senes, Francisco Vargas, el equipo solo contaba con trece jugadores a quienes se podía llamar de primera, este reducido plantel  viajaba cada 48 horas, para jugar de dos a tres partidos por semana en un contexto climático y regional distinto a La Paz… En palabras de Benítez: “De los equipos que dirigí, fue uno de los mejores, porque cada uno sabía cuál era su rol en el campo de juego y lo ejecutaba con la sencillez de un poeta…”

El aporte de los argentinos al equipo de Universitario lo describía Benítez en su lenguaje coloquial: “El señorío del jugador Raúl Álvarez, que antes de ingresar a los vestuarios asomaba la cabeza para observar las tribunas, si las veía llenas me decía “Profe hoy me paso…” Siempre contagiaba optimismo a todo el plantel. La prodigiosa cintura de Julio Cerrizuela, para remontar resultados en las zonas difíciles, la envidiable habilidad de Daniel Senes para simplificar situaciones complejas del campo de juego, la energía de Francisco Vargas para “mojar la camiseta” y recuperar pelotas, la capacidad goleadora de Ramón Ferreyra, quien “transpiraba goles” por todos los poros, quizás en otro contexto hubiera quedado en la historia por ser merecedor del “Balón de Oro”, y el espíritu jovial de Eulogio Vargas para salir adelante a sus cuarenta años de las distintas situaciones que se nos planteaban en cada partido ….”

Y llego el día en que la política atravesó al futbol, un domingo por la tarde en La Paz, Estadio Hernando Siles, tribuna llena, minutos antes del inicio del partido, un movimiento de izquierda cristiana, portando una controvertida imagen del Cristo con su cruz y su fusil, aliado a otro frente político como el Ejército de Liberación Nacional, cerraron el estadio y se enfrentaron con las fuerzas de seguridad, quedando los jugadores, directivos de ambos equipos en el medio de la lucha armada. El hijo de Benítez, que ese día había acompañado a su padre, salió sin que nadie lo notara del vestuario de Universitarios, en respuesta a su impronta y en dirección a la multitud…”Todo el poder a los estudiantes”, decía un cartel en el interior del Monoblock de la UMSA, que duro mucho tiempo allí, y que llamaba a la revolución desde diferentes perspectivas…Resultado final muchos heridos, algunos muertos, jugadores lesionados, Enrique reponiéndose por inhalar gases lacrimógenos…Sin dudas la radicalización de las universidades bolivianas y latinoamericanas fue más profunda y duradera que la de las universidades europeas y norteamericanas, así como su involucramiento en las respectivas políticas nacionales.

A pesar de este y otros episodios vividos por el plantel de jugadores resilientes argentinos, siempre recordaban el nacionalismo exacerbado del boliviano, digno de admiración, el cual se podía percibir en palabras de sus habitantes, cuando veían un arco iris dibujado en el cielo en esas bellísimas tardes de invierno, reflejando los colores de su bandera (rojo, amarillo y verde), al decir: “Allá arriba San Pedro es compatriota”.

Esto también tiene el futbol decía Benítez: “Nos provee de un enorme capital de paisajes compuestos por montañas, ríos, quebradas y lagos… Al lago Poopo lo recuerdo por su quietud indescriptible, de agua salada, el segundo más grande de Bolivia, después del Lago Titicaca. Lo veía desde el vidrio de la ventana del tren, en el trayecto de la ciudad de Formosa a La Paz, llamado “El tren largo” de los días miércoles, que salía de Villazon pueblo fronterizo del país hermano situado frente a La Quiaca (Argentina), una emocionante aventura que duraba tres días, bordeando precipicios, con paradas en pequeños y pintorescos pueblos que nos esperaban con la banda de música, los músicos con uniformes impecables, los vendedores, la gente que venía a recibir a un familiar, lindas imágenes fuera de la cancha de futbol  que me obsequio mi función de Director Técnico.

Los pros y los contras del futbol en palabras de Benítez: “Aun recuerdo la tarde inolvidable cuando dimos la vuelta olímpica en el estadio Hernando Siles, cuándo ganamos el Campeonato Nacional con Universitario,  y luego para festejar el triunfo lleve a mis hijos Norma, Enrique y a mi esposa Blanca a disfrutar de un paseo por la Plaza Murillo de la ciudad de La Paz, donde se encuentran las edificaciones más antiguas que conservan características coloniales españolas y los museos más importantes y además de otros lugares históricos, para tomar jugos de zanahorias, comer hamburguesas con papas fritas en un lugar fantástico cuyos dueños eran japoneses…”

También recuerdo la derrota del 9 a 1 en el monumental de Núñez (ciudad de Buenos Aires – Argentina), partido entre River y Universitario por la Copa Libertadores de América… Un equipo motivado por su “Amor a la Camiseta Azul” y la U marcada en el corazón, con solo 13 jugadores que ya no tenían “piernas”, siendo participes de la más humillante derrota…

“Si tienes una crisis corre hacia ella. No intentes evadir la situación, no te escondas. Corre hacia ella, identifícala, date por enterado y resuélvela.” Carly Fiorina

El Director Técnico de futbol tiene que ser una persona increíblemente segura de sí misma, con mucha estabilidad emocional, siempre acompañado de un contexto familiar acorde a los desafíos permanentes a los que está sujeto por la “bella profesión sui generis” que le toca desempeñar. Gestiona culturas, gestiona e inspira emociones, estimula el compromiso para alcanzar resultados sin precedentes. Se convierte en un verdadero líder para transformar el entorno en favorable y poder alcanzar el éxito. Y en ese proceso ser FELIZ!

Autora: Norma Bouloc

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