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Departamento de San Miguel - Corrientes

San Miguel: municipio, centro del departamento del mismo nombre.

El lugar, en las dos últimas décadas del siglo XVIII, fue un “gran puesto” o estancia jesuítica, dependiente de la reducción de San Carlos. Eran tierras usurpadas a la jurisdicción de la ciudad de Corrientes, que ésta no podía defender por el apoyo que la Compañía de Jesús lograba de los funcionarios del Virreinato.

La importancia de la zona, limitada al este por el estero Carambola y al oeste por el río Santa Lucía, como explotación ganadera, disminuyó bajo el período de los “administradores” a raíz de la expulsión de los jesuitas, iniciándose la penetración de los vecinos de Corrientes, desde su sentido sur y a contar del vecindario de Concepción.

Pero en 1817 el Brigadier Chagas, con fuerzas lusitanas, invade las reducciones guaraníes y las destruye. Los vecinos de los pueblos misioneros de la vertiente del río Paraná pasan al sur de la Tranquera de Loreto (ejidos del actual municipio de Ituzaingó), iniciando en masa, en dos columnas, la penetración de la zona que antes sólo utilizaban con sus estancias, corriéndose por la costa del Alto Paraná y bajando luego por las partes altas de las ricas formaciones aluviales que se encuentran entre el Carambola y el Santa Lucía.

Una de las columnas quedó en Loma Yatebú, donde funda el poblado de Loreto: la otra sigue más al sur estableciendo el de San Miguel. En el Archivo de la provincia existen los censos de ambos vecindarios, donde aparecen citados según las reducciones jesuíticas de que los pobladores eran originarios. Se dio el gobierno local de Cabildos, al cual los tenían en el régimen jesuítico.

Los que fundaron San Miguel situaron el pueblo en el paraje llamado hoy Santa María, campo actual (1942) de la sucesión Vaccaro y de V. Ojeda. Fuertes lluvias y el endicamiento de las aguas por los embalsados de los esteros del Carambola, anegaron las inmediaciones de aquel emplazamiento, convirtiendo al vecindario en una isla. Obligados los vecinos a trasladar el pueblo, buscaron la inmediación del camino real situándolo en el paraje denominado “Mboy Cuá” (cueva de víboras). El origen dispar de los pobladores, originarios de diversas reducciones, imprimió al existir del vecindario un sentido de división, que se traducía en las elecciones anuales del cabildo. En una de esas crisis los vecinos vencidos se trasladaron más al sur, y fuese por la topografía del lugar elegido o su inmediación a los caminos de las partes altas, resultó progresando y absorbiendo la actividad de la zona.

Los pobladores de Mboy Cuá disminuyeron, y el nuevo emplazamiento de San Miguel fue el pueblo definitivo, con edificios permanentes y una mejor organización de su comunidad política.

El Comandante Militar de Concepción, Don Saturnino Blanco Nardo (que entonces se denominaba Yaguareté Corá) cumpliendo instrucciones del Gobernador de la provincia D. Juan José Blanco, visitó en enero de 1822 el vecindario de San Miguel, con asistencia de representantes del de Loreto, también llamado en ese entonces de Yatebú. Ambos vecindarios (San Miguel y Loreto) aceptaron y juraron depender de la provincia de Corrientes, en número de 1700 familias (oficio del día 22 de enero). Se labró acta por la que consta la lectura y acatamiento en ese día 22 de enero de la Constitución Correntina entonces vigente, sancionada el 11 de diciembre de 1821.

La adhesión de ambos vecindarios se protocolizó en acto formal de 9 de octubre de 1827, entre sus representantes y corregidores, y el entonces gobernador Don Pedro Ferré, pacto aprobado por la Legislatura correntina el 16 de octubre de ese año.

La zona incorporada comprendía los vecindarios de San Miguel, Loreto y San Carlos, denominada por los guaraníes “Departamento de Paraná al Norte”. Don José Ramón Irá que los dirigía como representante y corregidor, dio el 16 de octubre de 1827 una proclama en guaraní, sobre el acontecimiento, traducida hace años por Fray J. Nepomuceno Alegre, con un texto interesante.

En 5 de noviembre de 1827 ocupó la jefatura del nuevo departamento de la provincia (Paraná al Norte), con asiento en San Miguel, Don Francisco Javier Lagraña. El régimen interno de San Miguel y Loreto siguió siendo el de Corregidores y Cabildos, pero como éstos ya no existían en los vecindarios blancos de la provincia, su conservación daba pie a que el P.E. después de las elecciones anuales nombrara como jueces o alcaldes a un vecino por cada pueblo, seleccionándolos.

Desde 1831 (ley de 27 de junio) el P.E. favoreció en toda forma la transformación de ambos vecindarios (San Miguel y Loreto), que concluyen por tener el régimen político de las demás poblaciones de la provincia.

El deslinde definitivo de San Miguel fue dispuesto por decreto de 28 de mayo de 1890.

Durante todo el siglo XIX el existir social de San Miguel reflejó el origen misionero de su cultura, tanto en los apellidos de sus familias como en las prácticas del culto y de la vida de relación. Su iglesia parroquial, en nuestros días, es un atesoramiento en imágenes y enseres religiosos, de expresiones de aquel vivir, reflejado, además en el culto popular que se rinde a otras imágenes conservadas por los descendientes de las viejas familias. Debemos destacar de entre estos últimos, como expresiones de la sociabilidad actual de la zona, las siguientes capillas, que dan nombre a otros tantos parajes:

Paraje Rosario: capilla de Nuestra Señora del Rosario, en homenaje a una imagen de esa advocación, en poder de los descendientes de la familia Moabé, levantada en el antiguo lugar de Mboy Cuá.

Paraje Montaña: capilla de Nuestra Señora de las Mercedes, en que se rinde culto a su imagen, que perteneciera a la antigua familia Irala, hoy sus descendientes. Está en la primera sección del departamento.

Paraje Santa: corresponde a la segunda sección del departamento. Es un modesto santuario particular en que se conserva el culto de una imagen de Santa Bárbara.

Una expresión histórica característica de San Miguel es su:

a)      Iglesia Parroquial: el templo originario se levantó frente a la plaza principal, hoy 25 de Mayo, sobre la calle Posadas. Fue reedificado sobre la misma plaza y actual calle Melchor J. Meza. Pieza principal de su tesoro es el sillón que usaron todos los sacerdotes párrocos de San Miguel, comúnmente llamado de “Paí-Pajarito” por la trascendencia que el sacerdote así denominado cariñosamente por el pueblo (del que nos ocupamos en el Distrito Loreto) tuvo en la evolución social de San Miguel. Fue el morigerador de sus costumbres y quien puso coto a los abusos que se hacían sobre la propiedad privada, saldos logrados mediante un donde atracción particular y hábil forma de imponer su autoridad.  Su vida anecdótica sacerdotal es riquísima y sabrosa.

b)      Escuela de Primeras Letras: frente a la plaza 25 de Mayo y sobre la calle Bella Vista tenemos el solar que ocupó la primera escuela de San Miguel, por cuyas aulas desfilaron los más viejos y meritorios maestros, como Cantero, Romero, Barreto, Navarro, Martínez, etc. Expresión curiosa de ese período en que la cultura se adentraba en los espíritus, moldeados en la fe y el formalismo misionero, fue un famoso personaje llamado Crispín Pérez, que ocupó la banca de diputado por San Miguel en la legislatura provincial. Su oratoria, según tradiciones, traducida los derechos de sus conciudadanos, con una fe mística curiosa y los métodos violentos de quien se decía sostenido por milicias adiestradas en la táctica del entrevero, las boleadoras y las lanzas.

El solar de Crispín Pérez en San Miguel, situado en la esquina de las calles Formosa y Comercio, fue famoso por la concurrencia de todos los vecinos del departamento, que traían sus problemas y sus cuestiones, y que él resolvía con su influencia en la zona y en la capital.  El saldo no fue de exceso: se le atribuye la regularización de las funciones del Estado en la región, y la defensa de la tierra fiscal de pan llevar; parte de ella constituye hoy la Colonia Madariaga (1942).

Pero la cultura se había abierto definitivamente camino y la Escuela de Primeras Letras, bajo la dirección eficiente de nuevos maestros irradió en San Miguel. Don Melchor J. Meza, cuyo nombre lleva una de las calles principales, fue en este sentido el alma del moderno municipio, y a su empeño y la colaboración popular que supo lograr, se debe el edificio escolar de nuestros días (1942). “El rincón de luz del maestro Meza”, como se llamó a aquel establecimiento, fue el seno de las más nobles iniciativas. La posteridad ha honrado su memoria denominando Melchor J. Meza a la Escuela Graduada nº 1 de San Miguel.

c)       Placa Sarmiento: en la esquina de las calles Sarmiento y Melchor J. Meza, fue fijada una placa de bronce en homenaje al ilustre argentino. El gran acto de su inauguración cumplióse el 11 de septiembre de 1939.

En el departamento, zona correspondiente al distrito de San Miguel, se encuentran los siguientes lugares memorables:

Estancia Caimán: propiedad de los hermanos Madariaga, en el departamento de San Miguel. En este establecimiento se conserva una gran rueda de piedra, como de una tonelada de peso, que perteneció a un molino que fuera instalado por los jesuitas en sus reducciones.

Debió ser trasladada a esta zona en la gran migración de los guaraníes, refugiados en la provincia a contar de la invasión de Chagas (con fuerzas del Brasil) y que organizaron los pueblos de San Miguel y Loreto actuales.

Ejidos de San Miguel: como a cinco kilómetros del pueblo acampó, en 28 de noviembre de 1865, el Ejército de Vanguardia de las fuerzas aliadas, a las órdenes del General Flores. Este ejército, que había cruzado el río Corriente en Paso Lucero, siguió el itinerario Concepción – Ejidos de San Miguel – ejidos de Loreto – Lomos de San Juan – Bañados de Santa Lucía e Itá Ibaté.

DISTRITO DE LORETO

Loreto: municipio. Centro del Distrito de Loreto, que integra el departamento de San Miguel. Antiguo vecindario de indios guaraníes civilizados, establecido en 1817.

Los padres de la Compañía de Jesús fundaron, hacia 1600, la reducción de Loreto, al norte del río Iguazú, en la región del Guayrá. Ante los ataques paulistas, la reducción fue trasladada en 1632 al actual territorio argentino de Misiones, donde subsistió hasta la invasión del Portugal, capitaneada por el Brigadier Chagas.

Todos los pueblos guaraníticos y reducciones de la vertiente del Alto Paraná, de Misiones, huyeron ante esta invasión destructora, y cruzando el gran zanjón que une el río (Alto Paraná) con la laguna Iberá, llamado Tranquera de Loreto (en el departamento de Ituzaingó), se corrieron a las zonas de aluvión, de gran fertilidad, que quedan entre los esteros del río Santa Lucía y el Carambola.

Marchaban estos emigrados, de las diversas reducciones, en dos grandes grupos, uno de los cuales dio origen al pueblo de San Miguel. El otro grupo, casi todo de la exreducción de Loreto, llegó hasta la llamada Loma de Yatebú, rodeada por cuatro lagunas que le crean una fortificación natural, donde existía un “puesto” de las antiguas estancias jesuíticas.  Allí la migración guaraní dirigida en lo espiritual por el indio Blas Chapay (antiguo sacristán de la iglesia de la Loreto misionera destruida) y en lo militar por el Comandante indio José Ignacio Guayaré, suspendió su marcha y levantó el actual pueblo de Loreto, en 1817. Diez años después (1827), el pueblo de Loreto se incorporó por tratado (de su Cabildo con el P.E.) a la provincia de Corrientes, siendo posteriormente mensurado y replanteado (por el técnico Santiago Bolla). Por esta última circunstancia sus lugares históricos han sido desplazados.

Deben citarse:

Antigua capilla: se construyó junto a un viejo naranjal del antiguo puesto de Yatebú, hacia la laguna Juncal, que hoy corresponde a la manzana 45 del replanteo urbano, sobre la calle Bartolomé Mitre.

En dicha capilla se colocaron las dos imágenes que la migración guaraní traía reverente desde las antiguas reducciones destruidas, y que hoy se conservan en la Iglesia Parroquial. Son ellas:

La Virgen de Loreto, de tamaño grande, tallada en una sola pieza de madera. Aparentemente es de construcción hispánica. Algunos suponen fue traída vía Lima a la reducción originaria de Loreto, lo que es posible se hiciese por los establecimientos que los jesuitas tenía en el Itatí.

La Virgen de la Candelaria, talla hermosa traída como la anterior de Misiones, trabajada presumiblemente en Candelaria, de la que sería patrona.

Antigua Plaza: situada entre las cuatro lagunas de la fortificación natural del lugar y que fue plaza pública hasta el replanteo urbano, de Loreto. Queda sobre la calle ancha (límite de la planta urbana) y las de Paraguay, General Mitre y San Martín.

En el recinto de la plaza se erigió el cuartel de las tropas guaraníes que protegían a la migración guaraní.

Cementerio guaraní: fue establecido junto a la vieja capilla, conforme al plan de las antiguas reducciones guaraníes. Sirvió prácticamente hasta el replanteo del pueblo. Queda en la actual manzana 32 del plano oficial.

El Naranjal de la Fundación: del amplio naranjal que en 1817 sirvió de refugio al poblado solo resta un árbol que anualmente se viste de follaje. Queda entre la laguna San Juan y las calles Bartolomé Mitre, San Martín y 9 de Julio, manzana 45 del plano urbano.

En 1917, con motivo de celebrarse el centenario de Loreto, se colocaron en este lugar dos placas de bronce con estas leyendas:

Naranjo histórico. 1817 – 1917.

Los hijos de Loreto residentes en Buenos Aires, al primer centenario de la fundación de este pueblo. 10/XII/1817 – 1917.

Este naranjo es conocido con el nombre de “Pai-Pajarito”, síntesis de una expresión regional del mayor interés.

Un modesto cura correntino abandonó sus hábitos para enrolarse en el ejército que San Martín organizaba en Mendoza, y actuar con valor en la batalla de Chacabuco cuya medalla obtuvo. Pero el sentido místico del existir fue como un sello en su espíritu y el valiente Capitán Ortiz abandonó el uniforme de granadero para vestir de nuevo el sayal franciscano, actuando como sacerdote en los poblados del departamento de San Miguel y del noroeste correntino, donde fue llamado amistosamente, por su físico menudo, Pai-Pajarito. El anecdotario de este popular sacerdote y valiente guerrero de la campaña en Chile es infinito.

Durante su avecinamiento en Loreto, Pai-Pajarito vivió junto al naranjal de la fundación, cuyos ejemplares sobrevivientes cuidó con amor dándoles su nombre. En 1890 sólo quedaban tres de estos naranjos, salvados por el vecino Pedro G. Barreda, quien adquirió el sitio convirtiéndolo en un jardín. En 1917 sólo quedaba el ejemplar que hoy los vientos abatieron junto al suelo, donde anualmente aún florece (1942).

En los ejidos del Municipio de Loreto se encuentran los siguientes lugares históricos:

Campamento del General Belgrano: lugar donde acampó la Expedición al Paraguay a las órdenes del General Manuel Belgrano, en 1810. Comprendería el perímetro de las actuales chacras números 241, 242, 243 y 244, junto a una laguna de aguas profundas.

Campamento del ejército uruguayo en la guerra de la Triple Alianza: refiérese a la división oriental a las órdenes del General Venancio Flores, que habría campado ahí en su marcha hacia Barranqueritas, sobre la costa del Alto Paraná, lugar de este distrito de Loreto. La división Oriental costeó luego el Paraná hasta Paso de la Patria donde se concentraron las fuerzas de la Triple Alianza (1865-66).

Este lugar comprendería las chacras 17-16-4 y 5 del plano de los ejidos sobre una laguna de aguas profundas.

Campamento de las guerras civiles provinciales: referimos al acantonamiento de las fuerzas organizadas en 1893 para resistir a la revolución organizada por el Partido Liberal por el caudillo autonomista de la zona Don Crispín Pérez. Comprendería la chacra 257 del plano actual, sobre la gran laguna de Loreto.

En la zona rural del distrito de Loreto, tenemos los siguientes lugares históricos:

Paso Ipucú: queda sobre los bañados que separan el distrito de Loreto del departamento de Ituzaingó. Por ese lugar la expedición al Paraguay, del General Belgrano (1810), se dirigió hacia Candelaria al abandonar el campamento de Loreto.

Lomas de San Juan: durante la colonia fue asiento de uno de los “puestos” ganaderos de las grandes estancias jesuíticas.

En la migración guaraní de 1817, la columna que luego funda el vecindario de Loreto, quedó una temporada en el lugar, de grandes recursos naturales, a reponerse de las penurias de la marcha.

En 1846 fue campamento del Ejército Federal comandado por el General Urquiza, antes de avanzar sobre Ibahay, por Timbó Paso, donde lo esperaba el gran ejército del Director de la Guerra contra el tirano Rosas, General Paz.

En 1866 fue acantonamiento del ejército oriental del General Venancio Flores, en su marcha, desde Loreto, a la costa del río Alto Paraná.

Barranqueras: en 1866 fue acantonamiento de las fuerzas brasileñas del General Barón de Porte Alegre, cuando avanzaban desde Yatay (sobre el río Uruguay) para Paso de la Patria, donde se organizó el ejército de la Triple Alianza.

Timbó Paso: en los esteros del río Santa Lucía para pasar al departamento de General Paz. El Ejército Federal del General Urquiza que en 1846 invadiera la provincia, avanzó desde su acantonamiento en lomas de San Juan, cruzó Timbó Paso en dirección al campo fortificado de Ibahay, donde estaban las fuerzas del Ejército del Directorio de la Guerra comandadas por el General Paz.

El General Urquiza no atacó el campo atrincherado. Cruzó de nuevo por Timbó Paso, retirándose a Entre Ríos.

Autor: Dr. Hernán F. Gómez

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