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La Ciudad de Corrientes

La Ciudad de Corrientes

Capital de la provincia.  Fundada en 3 de abril de 1588 por el Adelantado del Río de la Plata Juan Torres de Vera y Aragón, quien a ese efecto se trasladó del asiento de su gobierno, la ciudad de Asunción del Paraguay.  Al día siguiente de fundar Corrientes siguió viaje al Sur, hasta Buenos Aires, de la que se retiró a España vía Lima, renunciando a su cargo.

La jurisdicción territorial de Corrientes fue amplísima, comprendiendo desde ocho leguas al Oeste del río Paraná hasta los términos de San Francisco, ciudad de Mbiaza, sobre el Océano Atlántico.  El plan de conquista que debía ser sede, como la documentación de su dominio y sucesivo desmembramiento, lo ha expuesto en su labor histórica el Dr. Hernán F. Gómez.

Cuando en 20 de abril de 1814, la ciudad y sus términos se declararon provincia del Estado, lo que restaba de aquella jurisdicción formó el territorio provincial.  La ciudad quedó reducida a su emplazamiento urbano, hasta una zanja de desagüe que la circundaba.  La provincia se dividió en departamentos de carácter político y administrativo, comprendiendo la zona rural vecina al casco urbano el denominado Lomas.  Por ley de 22 de noviembre de 1902 se suprimió el departamento de Lomas anexándolo a la ciudad capital de la provincia, a la que desde entonces sirve de zona de ejidos.

En cuanto a su gobierno, la ciudad de Corrientes, a contar del 4 de abril de 1588, en que se instaló su Cabildo y Corregimiento, cuyos primeros miembros fueron designados por el Adelantado fundador, el día 3, estuvo sujeta a la gestión de esta autoridad conformada a la legislación de Indias.  El Cabildo actuó sin intermediarios desde ese entonces hasta el 31 de diciembre de 1824, en que fue suprimido por la Constitución política de la provincia dictada ese año, de conformidad a las ideas actualizadas por Rivadavia desde el Triunvirato.

De ese entonces (1825) a principios de 1864, el gobierno de la ciudad fue ejercido por el P.E. de la provincia, proveyendo en los asuntos esencialmente de policía edilicia el Jefe de Policía o Juez de Policía, como en algunos años fue llamada esa magistratura.

En 1863 se sancionó la ley de municipalidades de la provincia, instalándose en acto solemne el día 31 de enero de 1864 la municipalidad de la capital, a cargo de un Concejo electivo, cuyo presidente tenía a su cargo las funciones ejecutivas.  Desde esa fecha, y aun cuando las características del Gobierno Municipal evolucionaron, la ciudad contó con un gobierno local propio.  De la ley de Municipalidades de 1886 data la división de funciones en ejecutivas y deliberantes, cuyos titulares se eligieron por el pueblo.  Desde 1913 el Jefe del Departamento Ejecutivo es designado por el Gobernador de la provincia con acuerdo del Senado.

LA FUNDACIÓN DE LA CIUDAD DE CORRIENTES

La salvación del grupo de 28 pobladores a los que amparó la Cruz de los Milagros y la intervención que los cronistas y “relaciones de servicios” de las primeras figuras del drama asignan a unos u otros recíprocamente, ha producido confusión en el asunto.  Sin abrir debate al producir argumentaciones de comprobación, las cosas ocurrieron así:

A principios de 1588 D. Alonso de Vera y Aragón, sobrino del Adelantado Juan Torres de Vera y Aragón, alias “El Tupí”, y uno de su mejores capitanes, recibió orden de explorar la tierra al oriente del Paraná, en el lugar mismo de la desembocadura del río Paraguay, para el establecimiento de una ciudad que accionara en la zona, paralelamente a la de Concepción del Bermejo fundada en el Gran Chaco.  La comisión del Capitán Alonso consistía en elegir el terreno para emplazar la ciudad y pacificar su inmediación, propósito firme que explica el que días después saliese por tierra, de Asunción del Paraguay, otro capitán no menos famoso: Hernando Arias de Saavedra, con ganados e implementos.  El fundador debía ser el Adelantado, quien al frente de poderosa armada para su viaje a Santa Fe y Buenos Aires (de la que sigue a España renunciando al cargo), llega al lugar elegido para la ciudad, y la establece el 3 de abril de 1588.  Según las actas capitulares, que se inician el día 4, ese día fue recibido como gobernador de la región el Capitán Alonso de Vera y Aragón, y el siguiente es intimado Hernandarias a no expedicionar por su cuenta.  Quiere decir que el 3 de abril coincidieron en el lugar elegido, el Fundador, Adelantado Juan Torres de Vera; el Precursor, Capitán Alonso de Vera y Aragón, y el Conquistador Hernando Arias de Saavedra.

Según Azara, cronista que siempre resulta verídico, en una relación manuscrita que existe en la Biblioteca Nacional (Buenos Aires), el Capitán Alonso, con 80 soldados, desembarcó en la costa correntina en el mes de enero de 1588 en un domingo aniversario de la “resurrección de Lázaro”, “setenta y nueve días antes del sábado vísperas de Ramos, como se deduce de la historia de la resurrección”.  Según el mismo autor un destacamento de 28 soldados al mando del caudillo Héctor Rodríguez, que quedara de guarnición mientras el resto expedicionaba, sufrió el sitio impuesto por los caciques Canindeyú, Aguará, Coembá, Mboupé y Payaguarí.

Con estos elementos de inicio es fácil ver que el debate histórico existente en torno de la fundación de Corrientes es consecuencia de errores de interpretación.  Mientras el documento expresa se fundó por Juan Torres de Vera y Aragón en 3 de abril de 1588, la crónica consigna que Alonso de Vera y Aragón llegó al lugar el día aniversario de la resurrección de San Lázaro.  Como la fiesta de San Lázaro es hecha por la iglesia católica el día 3 de abril, por curiosa casualidad, los hombres que escribieron sobre el suceso se han estado rectificando recíprocamente confundiendo el aniversario de la resurrección de Lázaro con la fiesta de San Lázaro y negando o reconociendo en su caso los méritos personales y exclusivos del Adelantado y de su ilustre sobrino.  El aniversario de la resurrección de San Lázaro cae 68 días antes del sábado víspera de Ramos, fiesta que casi siempre se produce en el mes de mayo; es una de las tantas fiestas movibles de la iglesia.

Al respecto bueno es consignar que estas fiestas de la iglesia católica movibles, se deducen de la Pascua, a cuya celebración las refirió el Concilio de Nicea.

La resurrección tuvo lugar pocos días después del equinoccio de primavera (21 de marzo), de otoño para nosotros; por lo tanto la Pascua deberá celebrarse en seguida del 21 de marzo.  Pero también se sabía que pocos días antes de la resurrección hubo luna llena.  Entonces, para conciliar en lo posible estas circunstancias, se resolvió proceder así: se busca la fecha de luna llena que sigue inmediatamente al 21 de marzo, inclusive este día, y al primer domingo que se presenta después de esa fecha, se le brinda la Pascua.  De ahí que toda Semana Santa siempre es con luna más o menos llena.

Fijándonos un momento, veríamos que la Pascua nunca puede celebrarse antes del 22 de marzo ni después del 25 de abril.  La comprobación es sencilla.  Podríamos tener luna llena el 21 de marzo, según la regla.  Es el caso más favorable.  Pero también podríamos tener luna llena el 20 de marzo, este es el peor de los casos, porque habiendo llegado la luna a ese interesante estado, un día antes del 21 (equinoccio), no puede ser luna pascual.  Entonces se la emplaza para la segunda vuelta.  El astro sigue su camino, para presentarse el 18 de abril puesto que fases iguales se presentan cada 29 días y horas, pero si el 18 de abril resultara domingo, la pascua deberá celebrarse el domingo siguiente, según la regla, es decir, el 25 de abril.

Así es que la Pascua resulta un péndulo cuyo arco de oscilación está comprendido entre el 22 de marzo y el 25 de abril, y como entre estas dos fechas median 35 días, la amplitud del arco será de 35 grados.

Esta demostración pertenece a un erudito artículo de Martín Gil, titulado: “La Luna y la Iglesia”, que publicó la revista Babel Nº 15 (junio de 1924, Buenos Aires).

Como en la mayoría de las ciudades coloniales, el damero de la planta urbana no resultó perfecto a contar de la primera o segunda cuadra de la plaza principal.  La edificación no fue inicialmente corrida, era independiente, según el número de solares de cada manzana, dentro de los cuales se edificaba.  Cuando los grandes solares se fraccionaron, por herencia o venta y se edificó en esas fracciones.  La línea de base no fue el eje de la calle: se tomaron los edificios extremos de cada cuadra y se hicieron tantas líneas cuantas cuadras se edificaban.  De ahí que el trazado primitivo se perdiese con el tiempo, sobre todo cuando por “razones de clima y para que los corredores de las casas amparasen al peatón del sol y de la lluvia, se buscó unir la edificación.  Las construcciones de cada cuadra formaban líneas rectas, pero la perspectiva de la calle era la de un zigzag curioso.

En 1826 (1/VIII) el Gobernador D. Pedro Ferré decretó la rectificación de las calles y la formación de un plano, encomendando las operaciones al perito Narciso Parchappe.  Naturalmente la zona edificada apenas excedía a dos o tres cuadras en torno de la plaza principal, donde fue cumplida esta tarea, haciéndose necesario indemnizar a los propietarios afectados por la rectificación.  Por decreto de 27/VI/1827 se indicó el procedimiento compensatorio entre éstos y el Estado.

Años después (20/VII/1840), para continuar esta reorganización urbana, se ordenó el levantamiento de un plano topográfico de la capital, pero la guerra abierta contra la tiranía concluyó con las buenas intenciones.

Fue necesario esperar la paz.  El Gobernador Interino Domingo Latorre encomendó (7/X/1851) al agrimensor Tomás Dulgeón la delineación y rectificación de las calles sobre la base de un ancho de 16 varas, como la confección del plano correspondiente y bajo el gobierno del Dr. Juan Pujol (18/II/1854) se comisionó al Ingeniero Nicolás Grondona un catastro de las propiedades públicas y privadas con obligación de presentar títulos y referencias.  Con la ampliación de la zona edificada, un nuevo decreto (8/VII/1863) reiteró lo dispuesto sobre las calles, y el técnico designado D. Salvador Umbert, encaró el asunto desde puntos de vista generales rectificando toda la planta urbana.  Puede decirse que este trabajo, que hizo público el P.E. en 30 de enero de 1864, previa intervención de la Comisión Municipal, a la que se instaló al día siguiente, es la base de la ciudad de nuestros días.  El único elemento de juicio que el técnico expresa haber utilizado fue el plano de 1826 del señor Parchappe, al que ya aludimos.

A contar de 1864 esta gestión edilicia pasó a manos exclusivas del Gobierno Municipal, cuyo Concejo Municipal se instaló en acto solemne el 31 de enero, con la presidencia de Don Manuel Fernández.  Su primera “Ordenanza” lleva fecha de 24 de febrero de 1864.

El gobernador interino Domingo Latorre encomendó (25/VI/1851) al Juez de Policía don Alejandro Azula la nomenclatura de las calles y plazas, quien la realizó el 19 de noviembre de ese año, aprobándola con fecha 26 el P.E.  Las otras denominaciones han sido asignadas por el Gobierno Municipal.

 

PUERTO DE PUNTA ARAZATÍ

Lugar en que desembarcó, para su “entrada” en la zona, con el propósito de explorarla y elegir el emplazamiento de la ciudad a fundarse, a principios de 1588, el Capitán Alonso de Vera y Aragón.  La denominación significa bosque o monte de guayabas.  Comprende desde la prolongación de la actual Avenida Tres de Abril en la barranca del río Paraná, hacia el Oeste, hasta la boca de un pequeño arroyo cuyo cauce, prolongado en torno de la planta urbana, integra lo que se denomina “zanja de desagüe”.

En las altas barrancas del lugar se emplazó el fuerte inicial y se fundó la ciudad de San Juan de Vera de las Siete Corrientes el 3 de abril de 1588, por el propio Adelantado del Río de la Plata don Juan Torres de Vera y Aragón.

La tradición verbal indica el desembarco en este sector de la costa correntina, junto a la punta denominada Arazatí, de cuyo lugar existe una foto-pintura en el Museo Histórico de la ciudad de Corrientes.  La fecha en que se sacó esa fotografía (data de más de 40 años) no está documentada.

En este paraje del Arazatí que también denominaban Pucará, subsistió la ciudad hasta más o menos la mitad del siglo XVII.  Según constancia de actas capitulares de su Cabildo, de 1688, su emplazamiento fue corrido al nordeste en busca de aguas más profundas y puertos protectores, pues los de Arazatí son violentamente batidos por los vientos del norte.

Al trasladarse la ciudad sólo quedó en el lugar una ermita donde se conservaba la Cruz del Milagro, a la que vamos a referir, y a la que se rendía culto preferencial.  Había sido declarada patrona protectora del solar urbano.

Esta punta de Arazatí es una de las siete que forman otras tantas corrientes de agua en el cauce del Paraná, circunstancia que ha dado nombre a la ciudad y está representada en la grafía del escudo provincial.

Las otras seis puntas son conocidas con los nombres de “Aldana, Yatigtá, Batería o Mitre, San Sebastián, Tacurú o Vidal y Tacuaras.  Sobre ellas ha escrito el tradicionalista don Enrique Roibón, uno de los más informados cronistas de fines del siglo XIX.

LUGAR DEL FUERTE DE 1588

Sobre la barranca del Paraná, en puerto Arazatí.

En enero de 1857 el cura de San José (Iglesia anexa al Convento de la orden Franciscana) y encargado del Santuario de la Cruz de los Milagros, R. P. Fray Juan N. Alegre, comunicó (día 11) al Delegado Eclesiástico en la provincia Dr. José María Rolón, haber individualizado sobre la barranca del río Paraná, en el puerto llamado Arazatí, la ruina del fuerte inicial de la conquista de la jurisdicción correntina.  El entonces Gobernador Dr. Juan Pujol encomendó (25 de enero de 1957) al Juez de 1ª Instancia D. Matías A. Carreras, levantara un sumario para constatar la autenticidad de la ruina, labrándose acta de las investigaciones y hallazgos el día 18 de enero de 1857, diligencias publicadas en la edición de 1936 del Registro Oficial de la provincia (Tomo 8, pág. 85 y siguientes).

Fue individualizada la ruina del fuerte inicial.  Consistía en muros de piedra tosca, de cincuenta varas de norte a sur, y seis de este a oeste, formando rectángulo, de una vara de altura y una bajo tierra, piedras cortadas de las que existían en las mismas barrancas.  En torno se individualizaron restos de una estacada de palos a pique, trabajada en la forma de las guardias o fortines del Paraguay, y de útiles domésticos de alfarería de un origen idéntico.

El lugar (según el acta) queda a un minuto treinta segundos al noroeste de la ciudad.  Se hizo mérito de que ésta fue fundada (según observaciones del padre José Quiroga) a los 27º 43 de altura y 318º 57’ de longitud – como de una “información” levantada en 1713 a petición del Mayordomo de la Cruz del Milagro S. M. Fernando de Alarcón y tomada por el Ministro Tomás de Zalazar, cura de naturales de la parroquia de San Roque de la ciudad de Santa Fe.

Estos restos del fuerte inicial quedaban a 250 varas de la columna erigida para señalar el lugar donde se levantó la Cruz del Milagro en el momento de la fundación; que fue también el de la ermita, donde se le rindió culto, hasta marzo de 1730.  En ese año se la trasladó al Santuario, construido en la manzana en que se levanta el templo de nuestros días.

Las instalaciones ferroviarias construidas después en esa parte de la ciudad han cambiado su topografía.  En sus inmediaciones se erigió (1929) la estatua del General Carlos M. de Alvear, en cuya oportunidad restos arqueológicos de la época colonial fueron hallados, depositándoselos en el Museo Histórico Colonial y de Bella Artes de la provincia.

Pero de la ruina de 1588, individualizada en 1857, nada puede observarse en el lugar.  Sólo un resto de aquella empalizada histórica escapó al abandono, debido a un acto de gentil homenaje cumplido, en aquel entonces, por el Gobernador de la Provincia Doctor Juan Pujol.  Referimos al envío de un fragmento de aquella hecho al Primer Presidente General Urquiza, que se custodia en nuestros días en el Palacio San José (Concepción del Uruguay, Entre Ríos), exresidencia de aquel ilustre argentino.  Sobre la madera tres veces centenaria hemos leído esta dedicatoria y obtenido el siguiente certificado:

Certifico: que en este Museo del Palacio San José, existe un madero que tiene la siguente inscripción:

“Fragmento de la fortaleza que levantó el 3 de abril de 1588 el conquistador y fundador de la ciudad de Corrientes, Adelantado y Licenciado D. Juan Torres de Vera y Aragón, Gobernador y Capitán General de las Provincias del Río de la Plata bajo el reinado de D. Felipe 2.  Ruinas descubiertas por el R. P. Juan Nepomuceno Alegre a 11 de enero de 1857.  Dedicado al Exmo Señor Primer Presidente Constitucional D. Justo José de Urquiza por el Gobernador D. Juan Pujol”.

El fragmento de referencia tiene cincuenta y seis centímetros de largo por diez y ocho centímetros de ancho.

LA COLUMNA

Lugar en que fue levantada por los conquistadores de 1588, una cruz de madera de la región, como símbolo de la acción colonizadora y protección del emplazamiento elegido para la ciudad a fundarse.  Este sitio queda como a 250 varas de aquel en que se construyó el fuerte inicial, al que hemos referido en “Puerto Arazatí”, sobre el cauce del Paraná.

Según los viejos cronistas coloniales, informaciones antiquísimas y una tradición verbal continuada, cuando el Capitán Alonso de Vera y Aragón concluyó el fuerte para amparo de la guarnición de 28 españoles encargada de la defensa de las embarcaciones y el equipaje, penetró en la zona para explorar sus recursos y conocer su topografía, internándose hacia las nacientes del actual Riachuelo.  Aprovechando su ausencia, seis mil indígenas, de cuatro tribus guerreras, que jamás acataran al español, sitiaron al fuerte inicial que se defendió con valor indomable.

Esta existencia inexplicable para los indígenas los convenció de que un poder no natural amparaba a los españoles, y como el Capitán Alonso había erigido la Cruz simbólica de la toma de posesión, en las cercanías del fuerte, supusieron era aquel madero el talismán protector.  Buscaron destruir el leño encendiendo una enorme hoguera que no dio resultado, y cuando insistían en sus afanes, un rayo según unos, o un disparo de arcabuz o cañón, según otros, concluyó con la vida de quien los dirigía.  El terror llenó los espíritus y la masa indígena acató al conquistador.

Para los propios españoles, casi inermes por la falta de subsistencias, el hecho fue milagroso.  Un culto generalizado convirtió a la Cruz en una motivación del existir, y cuando retornó de su exploración al interior el Capitán Alonso de Vera, y hubo llegado con su séquito el Adelantado, se procedió al ceremonial solemne de fundar la ciudad, y se conservó sobre el leño del milagro una ermita.  Ahí permaneció, a pesar del desplazamiento de la ciudad al nordeste, la Cruz inicial de la conquista, hasta 1730 en que fue trasladada al templo que con autorización del Cabildo levantó el vecindario en la manzana donde desde entonces se erigieron los que sirvieron a su culto.

La Cruz del Milagro, incombustible, es el motivo central del escudo de la provincia y de la ciudad capital.

A pesar de su traslado, en 1730, al nuevo templo, siguió siendo el lugar de su erección, en 1588, y de la ermita inicial, objeto de peregrinación de sus devotos.  El Gobernador de la Provincia don Pedro Ferré, bajo cuya administración se signó el escudo provincial dispuso, en 1828, la erección de una columna “en memoria y perpetuidad de los portentosos sucesos con que protegió a los fundadores”.  Se inauguró este primer monumento provincial en 4 de mayo de ese año de 1828, en acto solemne, labrándose la actuación del caso ante el escribano público y de Gobierno don José Ignacio Rolón.  El acto y las palabras pronunciadas por el gobernante han sido incluidos en el Registro Oficial de la Provincia de ese año.  En las primeras ediciones de ese Registro Oficial se describía el monumento con esta redacción:

“Su arquitectura, es regular y de un orden compuesto: la altura, de nueve varas, desde la base hasta la cúspide, que remata en un globo”.

“Tiene dos palabras grabadas y embutidas en la misma columna: la primera, que mira al oriente, tiene por trofeo una Cruz en campo de fuego; rodeada de nubes y orleada con el siguiente mote: déxtera domini virtutem, salmo 17, vers 16”. Al pie de la Cruz se halla la inscripción siguiente: “El pueblo correntino, erige este monumento en testimonio de su GRATITUD al soberano AUTOR de los portentos, por lo que su diestra omnipotente, se dignó obrar a favor de sus padres en el memorable día 3 de abril de 1588”.

“La segunda plancha, que mira al occidente, tiene por trofeos, parte del cuerpo de un monstruo, armas y otras insignias militares, con la siguiente inscripción: El mismo PUEBLO CORRENTINO, en homenaje de su augusto respeto, a la memoria de sus veinte y ocho ilustres progenitores en el día 3 de abril de 1588”.

“La Columna está circunvalada de una balaustrada, y fabricada en el centro mismo de la primera capilla, que los descubridores erigieron a la SANTÍSIMA CRUZ, sita en el monte de Arazatí.  Desde la Iglesia actual de la Cruz hasta la columna, se ha abierto un camino de veinte varas de ancho, siguiendo rumbo recto hasta el río Paraná que tendrá mil setecientas varas de largo; quedando la columna en medio de una plaza de cien varas de diámetro”.

El aspecto actual de la columna es el mismo, no habiendo sido reconstruida.  En la parte superior, sobre el globo de la descripción de 1828, ha sido colocada una cruz de tamaño proporcional al conjunto.

Se observa en ella una placa de hierro ovalada, de 50 x 40 cm más o menos, con un dibujo representando el cuello y cabeza de un caballo, con armadura, junto con la cabeza de un hombre con el yelmo puesto, llevando al hombro un fusil con bayoneta, una espada, una lanza y un facón, y arriba un escudo.  Esto parece significar, ante las líneas que rodean el conjunto, como imitando olas, que ambos cruzaban a nado un río.  Contiene la siguiente inscripción: “El mismo pueblo correntino en // homenaje de su augusto respeto, a la // memoria de sus veinte y ocho progenitores, en el día 3 de abril de 1828”.  Más abajo, una placa de bronce, cuadrada, de 70 x 70 cm más o menos, con la leyenda en relieve y caracteres gruesos: “El gobierno y pueblo // de Corrientes // en el Primer Centenario // de la erección // de esta columna // Corrientes, mayo 4 de 1928”.  Ambas placas corresponden a la cara oeste del pedestal.

Del lado del este tiene una placa de hierro, con una figura representando una gran cruz refulgente, rodeada por trozos de leña ardiendo, arriba en forma de arco y en latín: “Dextera Domini Fecir virtutem, Salm. 117, vers 16”.  Abajo, en sentido horizontal: “El pueblo correntino erige este monumento, en testimonio de su // gratitud, al Soberano Autor de los portentos, por los que // su diestra omnipotente, se dignó obrar a favor de sus padres, en el memorable día 3 de abril del año de // 1588”.  Es de forma ovalada, de 50 x 40 cm.  El basamento de la columna es de forma octogonal, y aun conserva la verja originaria de hierro que protege el conjunto.

Hasta 1850, el lugar o plaza que rodeaba la Columna era conocido, con esta denominación.  En la nomenclatura de 1851, se dio a la plaza el nombre de “Los 28 Héroes”, que conservó hasta la Ordenanza de 15 de septiembre de 1920, que le atribuye el de Juan Torres de Vera y Aragón.

La antigua “calle ancha” que unía la plaza de la Columna con la iglesia levantada en 1730, y a que alude la descripción hecha en el Registro Oficial de 1828, fue rectificada posteriormente (1851 y 1864) dándosele la dirección de las otras calles paralelas; dejó de ser una vía directa entre la columna y el templo, convirtiéndose en la calle límite de la zona edificada en 1851, con la denominación de calle de la Columna.  En la Ordenanza de 16 de abril de 1902, que denominó a las arterias públicas al sur de éste, ya se le llama Avenida 3 de Abril.

SOLAR HISTÓRICO E IGLESIA DE LA CRUZ DEL MILAGRO

Un decreto del P.E. Provincial de 1929 (15/XI) declaró solar histórico a la manzana comprendida entre las calles Salta, Moreno, Buenos Aires y Belgrano, en cuyo centro y con frente al Norte (calle Belgrano) se encuentra el actual templo santuario de La Cruz del Milagro, reverenciada en su altar mayor.

En esa manzana, con frente a la calle Buenos Aires se edificó la primera iglesia de La Cruz del Milagro, conforme a lo resuelto en el acuerdo capitular del Cabildo de 20 de marzo de 1720.  Cuando el templo se terminó procedióse al traslado del leño histórico del lugar en que fuera exaltada en 1588 y donde se levantaba la ermita de su culto, ceremonia efectuada el 4 de marzo de 1730.

En 1807 el Mayordomo de los festejos que anualmente se rendían a La Cruz del Milagro, Don Manuel de Vedoya, dispuso la construcción, a sus expensas, de un nuevo Santuario, el cual fue levantado en la misma manzana, sobre la calle Salta. El 1º de julio de 1808 el Vicario Eclesiástico Dr. Juan F. de Castro y Careaga, comunicó al Cabildo que la obra estaba a terminarse, por lo que había resuelto que al tercer día “de la Pascua del Espíritu Santo se hiciese la colocación (de la Cruz en el nuevo templo) y la fiesta” celebratoria.  El Cabildo hizo suya esa resolución, inaugurándose el Santuario.

Toda esta historia fue consignada en una piedra arenisca, color ocre, de 0,60 x 0,80 cm con la siguiente leyenda: “Sucedió el milagro // Abril 3 Año 1588 // Se trasladó Mzo 10 A. 1730 // se reedificó Mio. 3 A. 1808” // Bajo las leyendas existen dos palmas cruzadas.

Cuando se edificó el templo de nuestros días, de estilo gótico, esa piedra sacada de las demoliciones del construido en 1808, fue fijada en su frente a la izquierda de la entrada central.

En 1845, al hacerse un nuevo altar para la Cruz del Milagro, hubo necesidad de acortar algo de su altura.  El vecino José Bianchi procedió a serrar cuatro pulgadas, comprobándose que ella no era de urunday, como hasta entonces se había sostenido, sino de curupay puntá (curupay colorado).

Grandes fiestas, religiosas, populares y cívicas, se realizaban los días 3 de abril en homenaje a La Cruz del Milagro.  Con el fundamento de que en algunos años ellas coincidían con las solemnidades de Semana Santa, dado el carácter movible de ésta última, el Obispo de Buenos Aires, Benito de Lué y Riega, dispuso en 1806 se trasladase la celebración al 3 de mayo, con carácter definitivo.  El Cabildo de Corrientes aprobó esta medida en ejercicio del patronato y para las fiestas populares y cívicas.

La iglesia actual es en consecuencia, incluyendo la ermita del siglo XVI, el cuarto templo edificado para la Cruz del Milagro.  El 3 de mayo de 1939 el P.E. de la Provincia colocó la piedra fundamental de la quinta iglesia, con carácter de basílica y monumento nacional.

Pero el solar ocupado por La Cruz del Milagro no fue declarado histórico por la única razón del emplazamiento de estos templos sucesivos.  Se expresó en los fundamentos del decreto de 1929… que además de esas circunstancias, dicha manzana fue desde el 15 de septiembre de 1827 (en ejecución de la Ley nº 174), cementerio público organizado para retirar de los templos los cadáveres inhumados desde la época colonial y cortar esa práctica que atentaba a la salud del pueblo.  Agregaba: “Esta circunstancia hace que en la manzana de referencia hubiesen sido guardados los cuerpos de nuestros antepasados del período epopéyico de nuestra sociabilidad, y si bien es cierto que organizado el actual cementerio San Juan de Dios, se retiraron en su casi totalidad las cenizas custodiadas en los panteones, y de los individuos de nuestras clases cultas, quedaron en los terrenos los restos de familias extinguidas y sin recursos económicos, que obligan a la colectividad a conservar el terreno para usos generales que induzcan un concepto de respeto”.

El cementerio público anexo desde 1827 a la Iglesia de La Cruz del Milagro, fue clausurado en 1871 (14 de enero) por la Comisión de Salud Pública, durante la epidemia de la fiebre amarilla, habilitándose el de San José en el paraje La Limita.  En 1872 (ley de 11 de noviembre) se dispuso la creación de otro con carácter definitivo, origen del que tiene actualmente la ciudad.

El templo de La Cruz del Milagro edificado en 1808, tal cual estaba en 1880 más o menos, está reproducido en un óleo conservado en el Museo Histórico de la Provincia, donado por la Srta H. E. Berti.

En la sacristía de la Iglesia de La Cruz del Milagro se guardan, en una artística urna de madera regional, tallada, los restos del expresidente de la Confederación Argentina doctor Santiago Derqui.  Esas cenizas extraidas del panteón que antes existía en el viejo cementerio anexo a ese templo, se depositaron solemnemente bajo la custodia del cura párroco en 11 de octubre de 1916, con asistencia de los poderes públicos e intervención del Escribano de Gobierno.  Actuó una Comisión presidida por el Dr. Félix María Gómez, encargada de preparar el traslado de esos restos a la Capital de la República, a cuyo efecto la Nación debió enviar un barco de la armada.

PUNTA ALDANA

Es la primera de las siete puntas que caracterizan el litoral correntino, a contar de “aguas arriba”, representadas en el escudo de la provincia.  Se encuentra sobre las aguas cristalinas del Alto Paraná, que a esta altura inicia la desviación de su cauce hasta formar ángulo recto al unirse con el río Paraguay.  Es uno de los lugares más hermosos de la región, por la perspectiva de las islas vecinas, los grandes canales y la amplitud de los cauces que forman, al unirse, el tramo fluvial denominado “Las tres bocas”.

Siempre fue el paraje y sus inmediaciones emplazamiento de grandes propiedades.  Se supone que el apellido de algunos de estos dueños, de la época colonial, legó a la punta el nombre con que es conocida.

PUNTA YATICATÁ

Es la segunda, también sobre las aguas cristalinas del Alto Paraná, pero a contar de la cual éstas se tiñen del limo bermejo arrastrado por el río Paraguay, en los días de fuertes vientos.

Su nombre proviene de un árbol frutal, que abundaba en su inmediación, cuya fruta negra, ovalada, del tamaño de un garbanzo, se come sancochada únicamente; es harinosa y altamente alimenticia.  La madera es blanca, flexible, de regular solidez.  Como la especie no es común, se explica que la abundancia de los ejemplares hubiese dado nombre a la punta y a sus inmediaciones.

Pero etimológicamente, yatictá es también en guaraní, la denominación del caracol de tierra en oposición al caracol de agua, llamado uruguá.  Posiblemente la abundancia del primero, coincidente con el arbusto ya aludido, hubiese influido en la denominación de la que nos ocupamos.

PUNTA ARAZÁ

Es la tercera de las siete puntas que originan las siete corrientes de agua, desde ella, la contemplación del paraje fluvial “Las Tres Bocas” es directa y completa.  A contar de su inmediación las aguas del Alto Paraná pierden su cristal, teñidas con los arrastres limonosos que trae el Paraguay; sólo en los días de viente sur la línea divisoria de las aguas que forman los dos ríos (Alto Paraná y Paraguay) se aleja de tierra produciendo un admirable contraste.

La denominación Arazá, que era la de “la punta y la del arroyo que desemboca en el Paraná apenas ella ha terminado (formado por los arroyos menores Manantiales y Ponche Verde), cayó en desuso en la segunda década independiente.  Pronunciada por la Revolución de Mayo, la ciudad debió defenderse de los corsarios españoles que saliendo de Montevideo y de Asunción del Paraguay (que permanecen realistas), atentan a su comercio y ensayan su conquista, defensa que continuó siendo necesaria durante la guerra en el Litoral y la posición adoptada por el Paraguay a raíz de su independencia.  En 1825 el Gobernador Pedro Ferré instaló en esa punta una batería de pequeños cañones (calibre cuatro) a la que se denominó “Batería de San Pedro”, con la guardia permanente de un cuerpo de soldados veteranos.  Por extensión el nombre de Arazá cayó en desuso, naciendo el de La Batería, que también se dio al arroyo y al puente construido sobre su cauce, para el tránsito peatonal de la zona.

A pesar de la constitucionalidad de la nación (1853) y de la paz que siguió a la reincorporación de Buenos Aires (1862), el lugar siguió utilizándose como cuartel de la fuerza veterana de guarnición y plaza de entrenamiento militar de las milicias.  De dicho cuartel salían diariamente las secciones encargadas de la guardia en el Cabildo, la cárcel anexo, etc.

En 1865 la ciudad de Corrientes fue ocupada por el ejército de invasión de la costa Paraná, enviado por el tirano del Paraguay López, acto que abre la guerra de la Triple Alianza.  Fuerzas argentinas, comandadas por el General Paunero, inician la reconquista de la ciudad, desembarcando el 25 de mayo de ese año en el paraje “La Batería”, al amparo de un monte de naranjos que circundaba las construcciones.  Las fuerzas paraguayas se apoyaron en el arroyo y puente del mismo nombre, pero fueron vencida y obligadas a evacuar la ciudad.  Una reproducción, en grabado, de este hecho de armas, se conserva en el Museo Histórico de Corrientes, con la siguiente leyenda: “Vista de la batalla del 25 de mayo en el campo de Marte, 1865”.

La quinta de naranjos donde se cumplieron las primeras escenas del desembarco, subsistió por muchos años.  En 1928 se trajo junto a los pocos ejemplares que subsistían una placa donada por la Sociedad Forestal Argentina, que hoy se conserva en el Museo Histórico.  Es de hierro esmaltado y dice: “Naranjos históricos.  Restos del monte bajo el cual el 3 de Línea y la Legión Militar batieron heroicamente a los paraguayos, el 25 de Mayo de 1865”.

De aquel monte de naranjos solo queda un ejemplar en nuestros días.  Está rodeado de una verja protectora de hierro forjado; tiene una placa de 0,10 x 0,20 cm que dice: “Árbol histórico, sobreviviente de una quinta de // naranjos que existió en este sitio y, donde, tuvo // lugar un hecho de armas, durante la guerra del // Paraguay, al que se señala con esta leyenda // con motivo de la visita de los descendientes // del General en Jefe de la // Triple Alianza, que concurren a la ceremonia // de erección de un monumento a la memoria del // prócer // Corrientes, Diciembre 10 de 1938”.

El puente de La Batería, consagrado por aquel heroico combate, conserva su construcción y solidez originarias.  En la parte central del parapeto, en ambos lados, fue necesario subir la línea arquitectónica para fijar dos grandes placas votivas.

La de la derecha, de bronce, con un fondo alegórico representando un macizo de flores y una pieza, en su parte céntrica, tiene la siguiente leyenda: “La Patria // A sus hijos // Caídos el 25 de Mayo // de // MDCCCLXV”.

Fuera de la orla se expresa: “Fundido con material del cañón Asopo.  Arsenal P. de Guerra.  Buenos Aires, 1915”.

En el lado izquierdo, se encuentra otra placa de bronce con una representación alegórica del puente de La Batería que cruza una columna de soldados.  En el fondo un sol naciente.  A la izquierda una gran figura representando la República, teniendo una espada que domina todo el panorama.  Esta figura lleva un escudo, en su brazo izquierdo, con la siguiente leyenda en orla: “Aquí el brazo argentino triunfó. 25 de Mayo, 1865”.

En la parte inferior de la placa se lee: “El Ejército de la Nación a los vencedores de Corrientes // 25 de Mayo, 1915”.

Concluida la guerra de la Triple Alianza, la Batería continuó siendo cuartel de la unidad veterana de guarnición (provincial), y plaza de ejercicios militares de la guardia nacional.  Cuando comandó aquella unidad veterana el Coronel Toledo, fue centro de una autoridad de hecho, excesiva, que influyó en el proceso político provincial (1880 – 1890), e indujo a los hombres civiles a hacerla desaparecer.  El “Campo de Marte”, como se denominaba a la plaza de ejercicios militares de la guardia nacional, debía ser evolucionado, ampliándolo hasta convertirlo en un parque.  La ley de 21 de septiembre de 1889, autorizó al P.E. para adquirir la propiedad del terreno de La Batería, y un acuerdo de 1893 (9 de junio) a contribuir con la mitad del valor de las obras que se ejecutaban para el Paseo Campo de Marte.  Por Ordenanza Municipal de 1901 (14/VI) se lo denominó Paseo General Mitre, en homenaje al conductor de los Ejércitos de la Triple Alianza, cuya primera acción se había cumplido en el lugar.

Una reproducción a lápiz y acuarela del antiguo cuartel de La Batería, correspondiente a la época del Coronel Toledo, se guarda en el Museo Histórico de la Provincia.  De aquella construcción no quedan otros restos que un cañón de hierro, de la vieja Batería de San Pedro, y una puerta de los calabozos del cuartel, ambos en el expresado Museo.

En la obra de M. Bernárdez, “De Buenos Aires al Iguazú”, puede verse (pág. 46), una lámina del puente de La Batería tal cual estaba en 1900.

PASEO GENERAL MITRE

Comprende la vieja punta Arazá y sus inmediaciones, que sucesivamente van ampliándose.  La última adquisición se hizo en 1936, cooperando el fisco provincial a su financiación (7/V/1936).

Apenas cruzado el histórico puente de La Batería (conserva el nombre) se inicia el “Paseo” con un portón arquitectónico, en cuya mampostería son fijadas las placas celebratorias de homenajes y aniversarios.  Actualmente existen tres placas de bronce con las siguientes leyendas:

“1ª: “Al citadino // eccelso // che nel culto // de 1º arte e del libro // glorificó l’Italia // elevandosi fino al Dante // gli italiani de Corrientes // nel centenario del suo natalizio // 26 giugno 1921”;

“2ª: “A los heroicos defensores // del suelo patrio // la Sociedad Forestal Argentina // 1865 – 25 de Mayo – 1915 // Corrientes”;

“3ª: Homenaje // de la // Colectividad española // Corrientes // Al General // Bartolomé Mitre en el 1er Centenario // de su nacimiento / 1921”.

El P.E. decretó (1931) en 1906 la erección, en el solar del paseo, de un monumento al General Mitre, aprobado por ley del mismo año (4/VI).  En 1921 (18/VI) otra ley reiteró la erección de la estatua y dispuso actos de homenaje al prócer en su centenario, llegándose a colocar la piedra fundamental en solemne acto público.  Pero la realización efectiva del propósito corresponde a nuestros días arrancando del decreto de 1938 (22/III).  La Comisión Pro-Monumento, reorganizada en su composición, abrió los trámites, llamó a concurso y asignó la obra al escultor argentino Luis Perlotti.  Fueron iniciados los trabajos (1939), esperándose inaugurar el monumento en 1941.

En el Paseo General Mitre han sido levantados tres monumentos:

BUSTO DE SARMIENTO: en el centro del rosedal se encuentra, sobre una construcción de mampostería de más o menos dos metros de alto, un busto, tamaño natural, en bronce, de Sarmiento.  Es obra del escultor Luis Perlotti.  La construcción carece de leyenda.  En la parte inferior del busto se lee la palabra “Sarmiento”;

ÁRBOL MITRE: sobre la primera punta del paseo se encuentra un ejemplar de Palo Santo, de más o menos cinco metros de alto, rodeado por una cadena protectora.  Tiene una placa de bronce con la inscripción “Árbol Mitre”.  Fue plantado como homenaje al patricio en 1921, trayéndose el ejemplar de palo santo de las selvas de Formosa, por el ex intendente don Juan José Silva.

MÁSTIL DE SEPTIEMBRE: en la parte céntrica del paseo, sobre una construcción circular de mampostería, se erige un mástil tubular de quince metros de alto.  En el basamento se lee, en la cara posterior: “La Intervención // Nacional // al pueblo de // Corrientes”.  En la cara anterior existe otra leyenda: “1930 // Revolución // del 6 de Septiembre // 1931”.

El lugar está destinado a grandes ceremonias cívicas y fue donado al municipio por la Intervención Federal llegada a la provincia a raíz de la revolución del 6 de Septiembre de 1930.  Es una celebración del contenido espiritual de aquel movimiento.  El decreto de donación es de 18 de febrero de 1932;

LA CASILLITA: es uno de los puertos menores, tradicionales de la ciudad, hoy comprendido en la amplia zona portuaria de nuestros días.  Queda en la prolongación de la calle Mendoza sobre la playa del río y era por sus condiciones, el lugar de amarre de la navegación de canoas y balandras, de las islas vecinas y las costas del Chaco y Paraguay.

La Casillita, cuyo nombre provenía de “una pequeña guardia que controlaba ese tráfico y vigilaba el Paraná río arriba, está vinculada a una de las páginas más emocionantes de la sociabilidad correntina.

En abril de 1865 fuerzas paraguayas ocuparon la capital correntina y su zona inmediata.  Congregados sus varones, con su gobernante, en la Villa de San Roque, organizaban las fuerzas que fueron como una cortina opuesta al empuje de los soldados del tirano y claro está que desde los fogones de las milicias de la Patria, llegaban, a los hogares de la Capital, mensajes de afecto en el deseo legítimo de suprimir horas de incertidumbre.

Fuese traidor o desgraciado en su empresa, el mensajero, algunas de esas misivas cayeron en manos del invasor y éste vio en sus destinatarios un peligro.  La represalia fue enérgica e inmediata.  En las primeras horas de la madrugada comisiones armadas con órdenes severas detuvieron en sus casas a damas distinguidas, congregándolas en las salas pesadas del Cabildo, advirtiéndoseles serían llevadas al Paraguay.  Doña Victoria Bart de Ceballos, esposa de don Alejo Ceballos, estanciero generoso que había puesto sus ganados al servicio de las proveedurías del ejército del General Mitre; Doña Carmen Ferré de Alsina y doña Toribia de los Santos de Sosa, esposas de los coroneles Fermín Alsina y Desiderio Sosa, jefes en las milicias correntinas en armas y director el último de la defensa opuesta cuando el asalto y toma de vapores argentinos en el puerto de la Capital; y doña Encarnación Atienza de Osuna y doña Jacoba Plaza de Cabral, cuyos esposos revistaban también entre las fuerzas del Gobernador Lagraña, fueron las víctimas de ese empeño torpe de responsabilizarlas de la existencia de comunicaciones.  Con ellas se embarcó a algunos vecinos como don Federico Garrido, don Urbano Lotero, don Cayetano Virasoro y al anciano don Alejo Ceballos, dándose la impresión de terror que el Triunvirato paraguayo necesitaba para obligar a la obediencia.

Cuatro años largos habían transcurridos desde esta página dolorosa de la sociabilidad correntina y ninguna palabra podía fijar más exactamente su concepto que la elegida por el pueblo: “las cautivas”.  La intuición popular es notable: lindando con las mañanas difíciles del Chaco bravío y aun cuando los malones del indio hacía años no estallaban sobre la paz de los campos, la memoria colectiva conservaba las prácticas de horror del salvaje, sabía que en su retirada, sin utilidad notoria, llevábanse a seres que caían en la servidumbre, tomados al azar de las cosas, cautividad fatal, y como tributo del grupo humano castigado.  Los desgraciados eran para el vecindario como un diezmo pagado al destino, y junto al dolor de los hogares de las víctimas estaba el pesar de la colectividad que fue incapaz de una defensa completa.  El “cautivo” pertenecía al pueblo todo, y por su repatriación los votos y los esfuerzos colectivos.

El caso de las damas de 1865 era para el pueblo correntino como una página análoga.  Víctimas de la fuerza, como pudieron serlo todos, no tenían en su haber saldo superior al de las demás mujeres de Corrientes, desde que todas alentaron la defensa de la Patria y oficiaron, con sus votos, por la justicia en el destino.  La mano del invasor, que las restó al hogar urbano, quiso con ello causar la sensación de terror que facilitaría su imperio, y por eso eran víctimas expiatorias de la comunidad, respetadas en el recuerdo y objeto de un culto de fervorosa adhesión.

En 1869, victoriosos los aliados en el Paraguay, las cautivas fueron rescatadas y devueltas a la ciudad que las recibió en masa, en medio de una enorme emoción.

Las damas repatriadas habían hecho su promesa de no hablar con nadie, ni esposo, ni hijo, ni hermano, mientras postradas a los pies de la Virgen de las Mercedes, en su templo, no hubiesen rezado una salve de gratitud a su divina protección.  Débiles, vencidas, querían llegar al templo a pie, última peregrinación en esos cuatro años largos de martirio.

El voto circuló como una orden.  Las “cautivas” desembarcaron de los botes de la cañonera brasileña que las trajera desde Asunción, en el puerto de la Casillita.  Tras las cuatro damas, sombras de una juventud brillante, en que con exquisito señorío fueron lujo de los salones correntinos la columna silenciosa musitaba sus oraciones.  Había en el ambiente como una sensación de grandiosidad: el sol dorado, como nunca, en el cielo claro, sin una nube, ponía en la ciudad una aureola de júbilo: entre el polvo de la marcha lentísima los semblantes unían al gesto de la compasión el de la tranquilidad satisfecha y sobre el pueblo congregado en las calles, las campanas.  Los bronces no estaban solamente en el himno interior de la emoción; las lágrimas caían como un tributo sin gesto de dolor nada podía oculta aquella que traducía el jardín de su sensibilidad.

Cuando las damas repatriadas subían la escalinata del templo de la Merced, sus puertas se abrieron destacando en la amplitud de su extensión el alta mayor, donde la luz y el incienso ponían el homenaje de su triunfo.  Sobre el tabernáculo, en el nicho central, que guardaba la imagen del milagro, las flores de los votos diarios hacían cascadas – y cuando el órgano rompió en la armonía de su himno, la cortina del nicho de María de las Mercedes ascendió con lentitud majestuosa.

Se inclinaron las frentes.

La ola del pueblo llegó reverente hasta las graderías del coro y todos de pie, en silencio profundo, vieron orar a las cautivas correntinas.

MURALLAS DEL PUERTO

Bajo la administración del Gobernador Madariaga se inició la construcción de las fuertes murallas que defienden de los embates del río el puerto de la ciudad, y de las cuales arrancó el muelle inicial de hierro hoy ampliado.  Dichas murallas fueron reconstruidas en 1869 (ley del 18 de agosto) y ampliadas en 1876 (ley del 16 de enero).

En 1865, en su extremo nordeste, se encontraba amarrado, en desarme, el buque de guerra argentina “Gualeguay”.  Otro, el “25 de Mayo”, estaba anclado en la desembocadura del arroyo Arazá o La Batería.  El 13 de abril de 1865, en plena paz, la escuadra paraguaya cruzó frente al puerto de Corrientes, y volviendo sobre su ruta, desde la punta de San Sebastián, atacó, dividida en dos grupos, a ambos buques.  La lucha en defensa del Gualeguay se generalizó en todo el murallón del puerto, pero los agresores se conformaron con adueñarse de los barcos que hicieron una heroica resistencia, retirándose al fuerte de Itapirú (frente a Paso de la Patria).

PUNTA DE SAN SEBASTIÁN

Es la cuarta y más importante de las siete puntas características de la ciudad.  Cuando la población fue traslada a su emplazamiento actual, a principios del siglo XVII, la punta de San Sebastián y el seno que forman al nordeste, se convirtió en el puerto de su navegación de cabotaje.  Allí se instaló después una guardia aduanera, en una “casilla”, que además de controlar el tráfico de su amarradero inmediato, vigilaba el río en el tramo inferior o de aguas abajo.  Por eso, en muchas crónicas del primer período independiente, es denominada “La Punta de la Casilla”.

Apenas desplazada la ciudad (siglo XVII) del lugar originario de Arazatí, se erigió en esta punta una ermita destinada al culto de San Sebastián que subsistió hasta 1690, en que los jesuitas levantaron el templo de su “colegio”, trasladando a él la imagen.  San Sebastián es uno de los cuatro patronos de la ciudad.

En el Museo Histórico de la provincia existe una foto-pintura de la punta de San Sebastián correspondiente a los primeros años del siglo XX.

En 1811, para defender la ciudad de los corsarios españoles que salían de Montevideo, se construyó una batería de pequeños cañones en el seno nordeste, cuyos sillares se observaban hasta 1928.  Llamósela “Batería Bella Vista”, actuando en la defensa de Corrientes ante el ataque y bombardeo de que fue objeto por una armada española de 28 buques, a las órdenes de Manuel de Clemente.  Volvió la escuadra el 2 de agosto (1811) pero se retiró sin atacar.

Los restos de esta batería fueron cubiertos con los rellenos hechos para la construcción de la Avenida Costanera al río Paraná, que arrancando de Punta San Sebastián llega a la prolongación de la Avenida 3 de Abril con el expresado río.  Esta Avenida Costanera, hoy Senador Nacional Juan Ramón Vidal, fue autorizada por ley de la provincia (Nº 590) de 3 de enero de 1929.

En “Viaje Pintoresco”, libro de Bartolomé Bossi, pág. 14, editado en París, en 1863, se incluye una lámina (grabado) de la Punta de San Sebastián.  Se advierte la entonces Casa de Gobierno (solar actual del Colegio Secundario “General San Martín”).  Es el gráfico más antiguo que se conserva del lugar.

 

SOLAR DEL EXCOLEGIO NACIONAL (actual Colegio Secundario “General San Martín”). 

Comprende la manzana circundada por las calles Tucumán, De la Quintana, San Luis y Avenida Costanera, a contar de la punta de San Sebastián, que actualmente ocupa el excolegio nacional General José de San Martín con su edificio.

En 1686 el Cabildo de la ciudad resolvió (25 de enero) solicitar la cooperación de la Compañía de Jesús para el establecimiento de una escuela de primeras letras y otra de latinidad, ofreciendo tierras para el colegio y convento y para formar la renta necesaria a esas instituciones.  Llegada la autorización real se hizo el contrato el 7 de junio de 1690 entregando al Cabildo, entre otros inmuebles, el solar de que nos ocupamos.  Allí se instalaron una escuela de primeras letras, la única que tuvo la ciudad entre ese año (1690) y 1767, los almacenes para el depósito de mercaderías del tráfico que los jesuitas hacían entre las reducciones de la costa del Paraná, en Misiones, y los puertos de abajo (Santa Fe y Buenos Aires), y la casa de los padres o colegio, algo así como una residencia de miembros de la orden, de la que renovaban su personal en las doctrinas.  Desde Corrientes se atendían las reducciones que tenían por centro a Candelaria (en Misiones) y las de la zona del Itatim en el Alto Paraguay.  En 1728 los jesuitas establecieron una capilla provisoria, a la que trasladaron el San Sebastián cuyo culto se hacía en la ermita vecina, y el 30 de julio de 1730 se colocaron la piedra fundamental de la gran iglesia reglamentaria.  Esta fecha estaba consignada en una lámina de plomo encontrada en 1874, al abrirse los cimientos para el primer edificio del colegio nacional, sito en la parte sur del solar, a contar de la calle De la Quintana.

Expulsados los jesuitas de todo el Río de la Plata, el local fue administrado por la Junta de Temporalidades, utilizándoselo para una escuela primera y como la iglesia no estuviera concluida, el material pétreo acumulado se empleó en la construcción de las casas del Cabildo.

Organizada la provincia en 11 de junio de 1814 se instalaron en esos edificios la aduana y sus almacenes.  En 1824 (tal vez desde 1821) pasó a ser también casa de gobierno y su edificación del lado sur, depósito del Parque (armamento) de la provincia con un retén permanente de guardia.

De ese parque arrancaron en 1838 las unidades veteranas de artillería e infantería, para embarcarse en el puerto de Punta San Sebastián y bajar el río hasta la ciudad de Goya, de la que marcharon al campamento de Ávalos, donde se organizó el primer Ejército Libertador que pereció en Pago Largo.

Del mismo lugar salieron las unidades regulares del Ejército del Orden, que a las órdenes del Gobernador Coronel Baibiene triunfaron en los campos de Ñaembé.

Organizado el país (1853) la provincia de Corrientes entregó su parque de guerra al Gobierno de la Confederación.  Sólo quedó un viejo e inútil cañón de hierro, que se clavó como poste protector del edificio en la esquina de las calles De la Quintana y Tucumán, y que actualmente está en uno de los patios del Colegio Nacional.

Empleó esa parte del edificio en dependencias policiales hasta 1869, en que se la destinó al Colegio Nacional recién fundado.  Sólo se reedificó la parte sobre la calle De la Quintana, reformándose el resto de la vieja edificación.

En cuanto a la mitad norte del solar, continuó siendo, desde 1824, Casa de Gobierno hasta fines de la administración del Dr. Manuel Derqui en que se edificó el palacio de nuestros días, habilitado por el Gobernador Doctor Juan R. Vidal (1886-1889).

Desde 1826, se caracterizó a la Casa de Gobierno con el escudo de armas de la provincia, en relieve, sobre una plancha de cemento.  Actualmente está en el Museo Histórico de la Provincia, bajo la grafía del escudo figuran las palabras: “Año 1826”.

En el mismo museo existen dos foto-pinturas: la una del frente norte de la antigua Casa de Gobierno; la otra, de su puerto central, sobre la calle Tucumán, en la que se nota el recordado escudo de armas.

Cuando la provincia trasladó su casa de Gobierno (1888), esta edificación fue vendida al Fisco Nacional quien instaló en ella la aduana y sus depósitos.

En 1919 se resolvió reedificar el Colegio Nacional, utilizándose todo el solar.  El entonces rector del establecimiento, Dr. Félix María Gómez, entró en posesión de la parte ocupada por la Aduana, colocó la piedra fundamental y presidió la iniciación de las obras.  De las demoliciones de la parte norte, que eran construcciones jesuíticas, se reservó una de las enormes vigas con la marca a fuego del año en que fuera emplazada. Dice: “A. 1717”.  Se encuentra en el Museo Histórico de la Provincia, enviada junto con la plancha de cemento del escudo provincial, de 1826, por el entonces rector interino Dr. Hernán Félix Gómez.

El solar del excolegio nacional es uno de los sitios históricos más evocativos de la ciudad capital.

  1. BUSTO DE SARMIENTO.  Levantado en el patio norte del actual edificio, estuvo emplazado originariamente en el centro del viejo colegio.  El busto, de bronce, es obra del escultor español Cardona: tiene una base de granito, cuadrangular, de 1,80 metros de alto.  Fue financiado por el personal directivo y docente, el alumnado y exalumnos del colegio, contribuyendo el P.E. de la provincia por ley de 1º de agosto de 1911.  Se erigió bajo el rectorado del Dr. Félix María Gómez, inaugurándose con la asistencia de los familiares del prócer.

Bajo la presidencia de Sarmiento se creó el Colegio Nacional de Corrientes, iniciando sus clases el 2 de agosto de 1869.

  1. BUSTO DEL DR. JOSÉ MIGUEL GUASTAVINO.  Gobernador de la provincia, cuando la creación del Colegio Nacional (1869) y uno de sus más entusiastas gestores.  Es de bronce, sobre un molde arbitrado al rector Dr. Carlos J. Benítez, por la Asociación de Damas Correntinas.

Fundido bajo la dirección del escultor Luis Perlotti. Inaugurado el 2 de agosto de 1939.

  1. BUSTO DEL DR. PATRICIO FITZ SIMON.  Primer rector del establecimiento, su fundador y organizador.  Es de bronce, obra del escultor Luis Perlotti, sobre el retrato al óleo, del mismo, que preside el despacho rectoral.  Inaugurado en 1939 junto con el anterior.
  2. BUSTO DEL DR. FÉLIX MARÍA GÓMEZ.  Exrector del establecimiento, el primero de nacionalidad argentina, que convirtió a esa casa de estudios en una de las primeras del país.  Se encuentra en la Biblioteca del Colegio Nacional.  Obra del escultor Cardona.  Donado por los familiares del Dr. Félix María Gómez, con motivo del 70º aniversario del establecimiento.
  3. MÁSTIL DE LA BANDERA.  Se encuentra erigido en el frente que da a la Avenida Costanera.  Fue donado por exalumnos del establecimiento residentes en Buenos Aires.  En su basamento se encuentra una placa de bronce con esta leyenda:

“Al // Colegio Nacional General San Martín // De // Corrientes // Sus exalumnos// Residentes de la Capital Federal // en Homenaje // Al 70º aniversario de su fundación // 2 – 8 – 1939”.

  1. BUSTO DEL GENERAL SAN MARTÍN.  Fue erigido frente a la gran entrada del Colegio Nacional, en el triángulo externo que deja su ochava en la esquina de las calles De la Quintana y Tucumán.  Es de bronce y fue arbitrado por el Arsenal de Guerra de la Nación.  Se encuentra sobre un pedestal rectangular de granito.

Su inauguración en 1939 dio motivo a un gran acto público.

SOLAR MERCEDARIO E IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE LAS MERCEDES

Está constituido por la mitad oeste de la manzana rodeada por las calles Mayo, Buenos Aires, Pellegrini y Salta, en la cual se encuentran actualmente la iglesia de N. S. de las Mercedes y el Convento, en buena parte reedificado, de la orden Franciscana de Misioneros.

A principios del siglo XVII, desde que la ciudad fue corrida a su actualmente emplazamiento, el lugar estuvo ocupado por una capilla erigida para el culto de San Juan Bautista.  Debióse la circunstancia a que la ciudad fue fundada bajo la advocación de San Juan Bautista, como patrono, al que después se sumó la “Cruz del Milagro”.  En carácter de subpatronos se entronizó a María de las Mercedes y a San Sebastián cuya ermita fue construida en la punta rocosa que se adentra en el cauce del Paraná, en la prolongación de la actual calle de Tucumán y que lleva su nombre.

Ese culto de San Juan Bautista era atendido por los curas que tenían el gobierno de la iglesia correntina como vicarios del Obispado de Buenos Aires.  Según constancias de las actas capitulares, fueron enterrados en esa capilla los primeros conquistadores de la ciudad.  A mediados del siglo XVII, ante el estado ruinoso de la construcción, se circundó la capilla con un muro, levantándose la Iglesia Matriz en el solar que actualmente ocupa la Casa de Gobierno.

En 28 de enero de 1728, el mercedario Fray Pedro Gómez solicitó al Cabildo de la ciudad un terreno para fundar la casa religiosa e iglesia de la Orden Mercedaria, concediéndosele el solar de la esquina de las actuales calles 25 de Mayo y Buenos Aires.  De entonces data la erección del Convento Mercedaria y el de la Iglesia correspondiente.

El prestigio de la Orden Mercedaria y la ilustración de sus representantes en la casa de Corrientes, dio gran importancia a la nueva institución, sobre todo por la fama de milagrosa que se atribuyó a la imagen reverenciada en el templo, en torno de cuyos orígenes existe una leyenda emotiva.  Por la eminencia de los hombres de su Comunidad, la Orden se vinculó a la clase culta, y por su vecindad a la barriado popular del Tacurú, a la masa general del pueblo.

En la primera década independiente el número de miembros de la comunidad empezó a decrecer, y como no eran renovados, la ancianidad paralizó sus actividades.  El P.E. hubo de disponer viviesen en el Convento otros hombres de iglesia (1823) para la atención del templo, y como restaban construcciones sin aplicación (ley de 12/5/1826), el gobierno utilizó parte del convento con escuelas, con el consentimiento de la orden mercedaria.  Era Presidente del Congreso Provincial en ese año de 1826, el Dr. Juan Francisco Cabral, eminente sacerdote y vicario del obispado en la provincia.

Hacia 1840, la Comunidad Mercedaria ya no existía en la ciudad.  Por ley de 16 de febrero de 1841 se destinó el local del Convento y sus propiedades de renta a un Colegio que actuaría con el nombre de “Nuestra Señora de las Mercedes”, y con la misma fecha, por otra ley, se creaba la Universidad de San Juan Bautista que el P.E. reglamentó (26/11/1841).  Los primeros actos de esta alta casa de estudios se realizaron en el Convento Mercedario.  Luego, como las angustias de la guerra contra Rosas obligaron a paralizar la vida del nuevo organismo, funcionó en el local una cátedra de Latinidad, o en otras palabras, de enseñanza secundaria.

La desaparición de la orden mercedaria perjudicó a la Iglesia, porque si sacerdotes de fuera de esa regla atendían las ceremonias, faltaba el administrador legal.  La iglesia no era sede de parroquia, limitadas a las de las iglesias Matriz y de la Cruz del Milagro, o en otras palabras, faltaban los llamados derechos de fábrica.  El P.E. estableció en 1857 (14/3) una comisión que corriera con el templo, con su reconstrucción y organizó una lotería reglamentada para reunir los recursos.  Casi simultáneamente, autorizado por ley de 1858 (30/6), se entregó el dominio útil del Convento de la Merced a los padres misioneros de la Orden Franciscana, quienes actualmente la ocupan y atienden el templo.

La reconstrucción de la iglesia iniciada sobre estas bases, documentó el fervor popular impreso al culto de la imagen patrona de la ciudad.  Tradiciones familiares de enorme emoción, refieren el voto colectivo de proveer a la obra del templo del agua que los albañiles necesitaban todos los días; desde la puesta del sol hasta que la tarea colmara los toneles en que ese elemento se depositaba, una columna ininterrumpida de todas las clases de la ciudad, de todos los sexos y edades, se formaba entre los muros de la iglesia en construcción y la barranca del río Paraná, en la playa inmediata a la Punta de San Sebastián.  El agua de la ofrenda colmaba diariamente los depósitos de la obra.

Veinte años después (1888) la iglesia fue modernizada, construyéndose el frente y las dos torres con aportes fiscales.  La demolición de ellas aconsejó imprimir al templo líneas más modernas y nuevamente a los veinte años, él adquirió, con una gran torre central y las líneas arquitectónicas de la basílica de nuestros días, el aspecto monumental que presenta.

Como implementos notables, como expresión artística, el templo de N. S. de las Mercedes conserva el altar mayor, del más puro estilo colonial, y los confesionarios tallados en cedro de origen misionero.  Estos últimos han sido divulgados en la obra de M. Bernardez:”De Buenos al Iguazú”.

Respecto a los orígenes de la imagen de N. S. de las Mercedes, la Patrona de la ciudad, no existe en poder de la orden de Misioneros Franciscanos que ocupa el Convento y atiende el templo, antecedente de naturaleza alguna.  Sin embargo una tradición divulgada en los viejos hogares correntinos, afirma que cuando esa imagen fue encargada a Europa, llegó a nuestro puerto, el barco que también conducía la imagen que el Obispo del Paraguay adquiría para entronizarla como patrona de la ciudad de Asunción, en reemplazo de la vieja imagen de la fundación, que representando al mito de la Concepción, había sido exaltada como de la Asunción: era denominada “La Conquistadora”.

Tratábanse de dos cajones iguales, provenientes del mismo fabricante, residente en Nápoles, semejanza que dio pie al error de bajarse en Corrientes la imagen destinada al Paraguay (de la Asunción) y llevarse a aquel destino la enviada para Corrientes (de Las Mercedes).

Según la tradición local se vio en el error una voluntad de la imagen, posición que a su vez habría sido la de la Iglesia Paraguaya, en cierto modo documentada por la actitud de ambas tallas y su correlación con los simbolismos correspondientes.  La equivocación fue reparada en lo posible modificándoseles la posición de los brazos, a cuyo efecto, en la de Corrientes, para que representase a Las Mercedes, se le alzó el derecho, donde tiene los hierros de esclavitud que usaban los moros para seguridad de los cristianos prisioneros; mientras en la del Paraguay le era bajado el mismo brazo, para que la posición fuese la de asunción (de asumpta, llevada), el momento en que en cuerpo y alma es llevada la madre de Jesús a los cielos.  Ambas imágenes son tallas, pero por las modificaciones a que referimos debieron ser vestidas, tal cual se encuentran en sus altares actuales.  Se advierte además, la exactitud de esta tradición, en que la talla paraguaya carece de la base de nubes y de ángeles que ostentan todas las del simbolismo de la Asunción.

Según un estudio publicado en Asunción del Paraguay, en 15 de agosto de 1917, aquella talla y la de Corrientes llegaron “poco antes de 1742”.  Mientras la de La Merced fuera encargo de la Orden Mercedaria en nuestra ciudad, la de Asunción fue pedida por el canónigo de la Iglesia Catedral del Paraguay Dr. Alonso Delgadillo y Atienza, quien apenas recibida, evidentemente al advertir la substitución, desiste de erigirla en Patrona en reemplazo de “La Conquistadora”, obsequiándola a una sobrina, esposa de D. Juan Antonio de Zavala.  El reclamo del pueblo y de la curia paraguaya obligó a desarmar la vieja talla de la época de Irala, y a entronizar la imagen de 1742, que es la que el Paraguay reverencia.

SOLAR FRANCISCANO E IGLESIA DE SAN ANTONIO

Se encuentra en la manzana rodeada por las calles San Juan, Mendoza, Fray José de la Quintana y Plácido Martínez.

Primitivamente, el solar comprendía los frentes sobre las calles San Juan y De la Quintana, estando el acceso al templo sobre la última de éstas.  Por ley de 1867 (18/9) el P.E. adquirió el terreno particular sobre la calle Mendoza, cediéndolo a la comunidad franciscana para que se construyese el pretil del templo, con sus dos torres actuales y las dos amplias columnatas que, al estilo de la Iglesia de San Pedro, en Roma, forman hoy su entrada principal.  También el Fisco contribuyó a financiar esta obra (ley de 26/10/1871).

La edificación antigua, de la época colonial, está formada por el Convento (celdas y dependencias que usa la comunidad) y la nave central de la Iglesia.  Como expresión artística es notable su altar mayor.  En las dependencias interiores, retiradas de uso, se encuentra un óleo anónimo representando a Jesús crucificado y al pie, arrodilladas, a la Dolorosa y a Magdalena: carece de inscripciones.  También están las tallas de tamaño natural de Santo Domingo, N. S. de los Dolores, San Francisco de Asís y un Señor Crucificado, todas de una evidente antigüedad.

La de San Francisco fue la primera orden religiosa que se estableció en la ciudad de Corrientes, aun cuando el solar para su ubicación, como los destinados a las otras tres comunidades de Santo Domingo, San Pedro Nolasco y San Ignacio de Loyola, se reservó por el propio Adelantado fundador de la ciudad.

En la crónica regional la orden franciscana aparece como existente en 1624, siendo titular de su iglesia San Antonio, uno de los más eminentes seráficos.

Por la naturaleza de sus reglas la actividad religiosa de los franciscanos correntinos se desenvolvió en la masa popular local, y en las reducciones o comunidades indígenas que organizaron: Itatí, Santa Lucía de los Astos y Garzas, fue creaciones franciscanas que se atendían desde el Convento de Corrientes, como el poblado de Guácaras, actual Santa Ana.  Cuando en el período independiente se disolvieron las comunidades de estos poblados, organizándoselos sobre el régimen de la propiedad privada, los padres de San Francisco siguieron al frente del culto hasta la organización de las parroquias.

La actividad específica de los franciscanos correntinos estuvo en la instrucción primeria.  Su Maestro memorable fue Fray José de la Quintana, quien estuvo al frente de esa escuela modesta desde 1797, siendo jubilado por el P.E. en 1854, en solemne acto público. Fue el educador de las generaciones correntinas que trabajaron la independencia y la organización del país.  La escuela modesta de Fray José siguió funcionando y hasta la fecha no ha cerrado sus puertas.

Pero el Convento Franciscano de Corrientes fue algo más que la escuela de su juventud: fue la paz, el refugio de sus hombres, el seno que asilaba en las grandes crisis a los ciudadanos comprometidos por las pasiones políticas y el existir romántico anterior a 1880.  Cuando los odios de la lucha dominaban en la calle y poblaba los cuarteles, las celdas modestas de la casa franciscana amparaban a los vencidos o los padres de la orden se convertían en depositarios de los patrimonios y los documentos comprometedores.  Un nexo indivisible formose entre la comunidad y el pueblo, constituyendo el mayor tributo que aquella pudo rendir a la evolución social de la provincia.

En el amplio embaldosado de su frente, que circundan las columnatas que unen la gran puerta del templo con la calle Mendoza, se levantan, dos monumentos costeados por subscripción popular:

a)      Estatua de Fray José de la Quintana: es de bronce, de tamaño natural, erigido sobre un pedestal rectangular de mampostería recubierto con cemento.  Tiene una placa de bronce, en el frente, de 70 x 40 centímetros que representa a la vieja iglesia y a un fraile sentado en el frente, enseñando a leer a un niño.  Tiene esta leyenda: “Fray José de la Quintana / Primer Maestro de Corrientes”.

En el costado izquierdo está una lápida de mármol con esta inscripción: Fray José de la Quintana / nacido en Viscaya el 4 de febrero de 1773 / y / Muerto en Corrientes el 6 de abril de 1862 / Le dedica su discípulo Juan Madariaga”;

b)      Estatua de Fray Luis de Bolaños: el ilustre franciscano, uno de los grandes misioneros de la zona, está representado de pie, de tamaño natural.  La estatua es de mármol, erigida sobre un basamento de mampostería, cuadrangular.  Al pie de la figura se lee: “Fray Luis de Bolaños”.  En una placa de bronce (0,30 x 0,20) se expresa: “Donado por / Emiliano Montiel y señora / octubre, 1929”.

SOLAR DE LA ORDEN DOMINICA, ACTUAL MUNICIPALIDAD

Se encuentra sobre la calle 25 de mayo, entre las de San Juan y Mendoza, lugar ocupado actualmente por la Municipalidad.  Las construcciones interiores, bajas, del límite oriental del terreno pertenecen (aun cuando modificada) al edificio primitivo de los dominicos de Corrientes.

La orden de Santo Domingo, al establecerse en la ciudad, erigió en vez de un Convento una Hospedería, con el título de San Pío V y una pequeña iglesia anexa.  Hacia 1760 era presidente del Hospicio Fray Ignacio de Borda.  Se establecieron los dominicos en la ciudad por consentimiento del Cabildo expresado en 22 de abril de 1728, alcanzando enorme prestigio y poderío, por la vinculación que su departamento de huéspedes les daba con los hombres de la región y los viajeros.  En la pequeña iglesia anexa rendíase culto a Santo Domingo, cuya imagen es, según tradición, la que se conserva, en desuso, en el actual Convento Franciscano de la ciudad.

Por sus vinculaciones con la clase culta de la zona, la orden dominica fue una de las ricas, en el sentido de que era usufructuaria de mayor número de capellanías.  Cuando a contar de 1825 el número de sus religiosos se redujo, porque los claros que dejaba la muerte no eran llenados desde la casa central en Buenos Aires, era circunstancia de beneficiados de numerosas capellanías contribuyó a su desaparición.  En 1826 sólo existía un dominico en la hospedería: el P.E. (en junio) se dirigió al Congreso Provincial planteando el asunto, de que tal anciano religioso no podía atender las preces y misas dispuestas en aquellas instituciones.  Por ley de ese año (1/VII/1826) se lo autorizó a proveer en el régimen de las capellanías, que dos años después (23/V/1828) son adscriptas a fondos públicos, reglamentándose (9/VII/1828) su liquidación.  El anciano dominico falleció y las construcciones pasaron al dominio fiscal.

El edificio fue sucesivamente utilizado con oficinas públicas.  Su actual arquitectura la adquirió cuando en él funcionaba la Escuela Normal de Maestras.  Trasladada ésta, fue sede de la Municipal y continúa en la actualidad.

SOLAR DE LA ANTIGUA IGLESIA MATRIZ, HOY DE LA CASA DE GOBIERNO

Frente a la actual plaza 25 de MAYO, la antigua plaza de la ciudad, en la esquina de las calles Salta y Mayo, elevóse en la segunda mitad del siglo XVIII la iglesia matriz de la jurisdicción correntina, la sede de los vicarios del Obispado de Buenos Aires.  Constaba de una nave, de fuertes paredes, con la torre edificada en el extremo noroeste, separada del cuerpo de la iglesia propiamente dicha.  La amplia sombra que esa torre proyectaba a todas horas era lugar de congregación del vecindario.

Cuando la orden Mercedaria se estableció en la ciudad (1730) la imagen de San Juan Bautista reverenciada en la capital que éstos pasaron a ocupar, fue trasladada a la Iglesia Matriz.  Ésta estaba atendida por presbíteros.  Fue la iglesia del clero criollo y luego del argentino, donde oficiaron sacerdotes eminentes como los Cabral, Goitia, Rolón, etc y cuyos restos mortales recibieron sepultura dentro de sus muros.

Autorizado por ley de 1832 (30/VI) el P.E. reconstruyó la Iglesia Matriz, a cuya obra se afectó el ramo de diezmos, pero veinte años después, cuando se hizo necesaria su reparación y el país ya constituido exigía una iglesia catedral, para su futura diócesis, el Gobernador Dr. Pujol decretó fuese erigida donde actualmente se encuentra sobre la plaza que se denominó San Juan Bautista.  Afectóse a la obra la venta de las temporalidades (15/XI/1856).

Concluida la actual Iglesia Catedral, el P.E. utilizó el solar de su antiguo emplazamiento, para edificar (ampliándolo), el actual Palacio de Gobierno.

IGLESIA CATEDRAL

Edificada bajo el gobierno del Dr. Juan Gregorio Pujol, en substitución de la vieja Iglesia Matriz del período colonial, que fue demolida sobre la calle Ayacucho, entre las de San Lorenzo y Santa Fe, con frente a la plaza San Juan Bautista, bajo cuya advocación fue erigida.  Las sucesivas refacciones en su interior y exterior, no le han hecho perder el sello majestuoso de su realización inicial.

Además de ser la iglesia principal de la diócesis de Corrientes, y sede de una de las parroquias actuales de la ciudad, sirve a la provincia de Panteón de las cenizas de sus muertos ilustres.

En la nave de la izquierda, penetrando por su puerta central, se encuentra la urna de bronce con los restos del Dr. Juan Esteban Martínez sobre un pedestal de mármol, con esta leyenda: “Dr. Juan E. Martínez / 1846 – 1909 / Ministro de Hacienda en 1871 / Vicegobernador de la Provincia 1878 – 1880 / Presidente de la Convención Constituyente en 1889 / Senador Nacional / Gobernador de la Provincia de Corrientes / 1897 – 1901 – 1905 – 1908 / Diputado Nacional 1902 – 1905”.  En el lado izquierdo de la urna, colocada en la pared del templo, se encuentra una placa de bronce de forma rectangular, con el retrato del Dr. Martínez y el Escudo Nacional, de 100 x 60 centímetros.  Se consigna en ella: “La Comisión Nacional / de Homenaje / Al Doctor / Juan Esteban Martínez / 15 de julio de 1925”.

Del lado derecho, también en la pared del templo, otra placa de bronce de forma rectangular, con el retrato del Dr. Martínez y esta inscripción: “La Juventud Argentina / Al eminente Estadista / Dr. Juan Esteban Martínez /15 de julio de 1925”.

En la nave de la derecha están los restos del exgobernador y conductor de la guerra contra Rosas, a contar de 1843, General Joaquín Madariaga, en una artística urna de madera dura, tallada, sobre un pedestal de mampostería.  En una chapa grabada, de bronce, se lee: “Homenaje / de la Comisión Popular al exgobernador / General Joaquín Gregorio Madariaga / Traslación de sus restos a la Catedral / Corrientes, mayo 6 de 1927”.

En una chapa de mármol fijada en la pared del templo, detrás de la urna, se lee: “José Joaquín Gregorio Madariaga / Enemigo de la Tiranía – Héroe de la Libertad / MDCCXCIX – MDCCCXLVIII”.

En el amplio embaldosado frente al templo, a la derecha del mismo, se encuentra un mausoleo con las cenizas del Gobernador de la Provincia y conductor de sus fuerzas en la campaña de Pago Largo (1839) Coronel Jenaro Berón de Astrada.

Las cenizas se guardan en una urna de bronce colocada sobre un pedestal triangular de mármol blanco.  En cada uno de sus extremos, de tamaño natural, están tres figuras simbólicas, en bronce, representando la Libertad, la Patria y la Constitución.

La urna donde se guardan las cenizas es triangular, ostentando en cada una de sus caras representaciones simbólicas del pasado de la provincia.  La una consigna una cruz refulgente, rodeada de fuego, que unos indios están atizando, mientras otro, de rodillas contempla la escena: alude al milagro de La Cruz, cuando la fundación de la ciudad.  La siguiente escena es el desembarco, en el lugar del Arazatí, del Adelantado fundador de Corrientes.  La tercera reproduce un pasaje del combate de Pago Largo: derrotadas las fuerzas, Berón de Astrada abandona el caballo, y a pie, sable en mano, avanza contra el enemigo buscando la muerte.

En el mármol del basamento se lee: “En la ciudad de Corrientes Capital de la / Provincia, el día veintiséis de octubre / del año mil novecientos treinta y nueve del / Centenario de la cruzada de Pago Largo y del martirio / De Jenaro Berón de Astrada / Y de su ejército, siendo Gobernador de la Provincia el Excmo Señor Doctor / Don Juan Francisco Torrent / Gobernando con el Ministerio / Del Dr. Pedro Bonastre, en la Secretaría / de Gobierno, Justicia y Culto, y del / Doctor Juan Pedro Danuzzo Amadey / En la de Hacienda e Instrucción Pública; siendo Obispo / Diocesano el Excmo Señor Don Francisco Vicentín, se coloca / La primera piedra en el atrio de la S. I. Catedral / Que se levanta perpetuando la gloriosa memoria / del Héroe de Pago Lrgo Coronel / Genaro Berón de Astrada / su ejército y colaboradores en la épica jornada del 31 de / Marzo de 1839, que fue el primer grito / De la argentinidad libre en contra de la tiranía / Reclamando Patria, Libertad y Constitución / El monumento a erigirse que guardará la urna / donde yacen las cenizas del prócer / Será homenaje del patriotismo del gobierno / De la Provincia y del pueblo de Corrientes / Como un testimonio elocuente de admiración / Al Gobernador Mártir y a sus heroicos colaboradores / Corrientes, octubre 26 de 1939”.

Es obra del escultor Luis Perlotti.

Las cenizas del coronel Berón de Astrada, traídas desde el campo de Pago Largo, fueron inhumados en el viejo cementerio de La Cruz, de donde en 1915 las retiró una Comisión de la Juventud de la Provincia depositándolas en una urna, en la Iglesia Catedral.  En 1939 se construyó el mausoleo que hemos descripto, donde se encuentran guardadas.  La lápida de mármol de su primitiva tumba en el cementerio de La Cruz, se conserva en el Museo Histórico de la Provincia.

SOLAR DE LA PRIMERA CASA DE GOBIERNO DE LA PROVINCIA

Organizada la provincia, en 1814, se designó Gobernador Intendente a Don Juan Bautista Méndez, quien estableció la Casa de Gobierno en su propiedad, situada en la esquina de las calles Salta y Moreno.  En el juicio de residencia iniciado al gobernante, cuando la provincia se dio sus leyes políticas, en 1821, aquella propiedad pasó al dominio fiscal como compensación de caudales utilizados en beneficio personal.

La reorganización de los poderes provinciales, nacida del movimiento popular de 12 de octubre de 1821 (que dio en tierra con la República Entrerriana), llevó la casa de gobierno a los edificios del viejo Colegio jesuítico.

El local de 1814 fue usado para escuela de primeras letras, como hospital de sangre en la guerra con el Paraguay (1865), y como hospital de aislamiento en la epidemia de fiebre amarilla de 1871.  Volvió de nuevo a ser habilitada para escuela y a contar de 1900, biblioteca popular del barrio, establecida con donaciones hechas por el Dr. Avelino Verón, cuyo nombre llevaba.  Posteriormente se atribuyó el usufructo del inmueble al Robson Club que ha demolido la edificación sobre la esquina, restaurando el amplio salón central de la vieja casa de Gobierno.  Las puertas, que hacían esquina, de esa demolición, se encuentran en el Museo Histórico de la Provincia.

En el mismo Museo se guarda una foto-pintura del edificio, tal cual estaba en 1914, en el centenario de la autonomía provincial.  Es ampliación de la publicada por el Dr. Hernán F. Gómez en su obra “Provincialización de Corrientes”, premiada en primer término en el concurso histórico de aquel centenario.

SOLAR DEL CABILDO DE LA CIUDAD DE CORRIENTES

Frente a la Plaza 25 de mayo, sobre la calle De la Quintana, en el lugar en que se levantaba el Palacio de Justicia y Policía (actual Jefatura de Policía), se encuentra el solar en que fuera edificado el Cabildo de la ciudad de Corrientes.  No se tienen informes de la arquitectura de su primera edificación.  A fines del siglo XVIII y principios del XIX, fue construido aquel cuya fisonomía típica no desapareció de la memoria popular, usándose al efecto casi todo el material pétreo que los jesuitas habían acumulado, antes de su expulsión, para reconstruir su iglesia reglamentaria.

El Cabildo de Corrientes tenía dos pisos, con cinco arcos de hermoso estilo colonial: en el centro se levantaba un tercer piso almenado.  M. Bernárdez, en su libro “De Buenos Aires al Iguazú” (pág. 22), reproduce al Cabildo tal cual estaba en 1900, y en el Museo Histórico de la Provincia existe una foto pintura del año de su demolición.  Se efectuó ésta bajo el gobierno del doctor José Rafael Gómez.

El Cabildo, como institución, fue disuelto el 31 de diciembre de 1824, sirviendo desde entonces su cuerpo de salas de recinto de los Congresos y luego Legislatura de la Provincia.  En las dependencias interiores funcionaba la Cárcel Pública, con su pequeña capilla.  Las imágenes religiosas de su altar, al hacerse la demolición, se enviaron en depósito al Convento de N. S. de las Mercedes, del que fueron trasladadas al Museo Histórico de la Provincia, donde actualmente se encuentran.  También se custodian grandes adobes y ladrillos extraídos de su demolición.

PLAZA 25 DE MAYO

Rodeada por las calles De la Quintana, Buenos Aires, Mayo y Salta, fue desde el desplazamiento de la ciudad, en el siglo XVII, la plaza céntrica del núcleo urbano.  En ella se cumplieron las páginas más memorables, aquellas que significaron liberación de intereses y tiranías, congregaciones de milicias, de ciudadanos libres y de pueblo fervorizado por pasiones. Bajo los balcones de su Cabildo el 12 de octubre de 1821, se reorganizaron las instituciones de la provincia, y anualmente, en el atrio de la vieja Iglesia Matriz a la sombra de su gran torre, se realizaban los comicios en las prácticas de la República.

En 1853, ejecutando la ley de 4 de julio, se erigió en su centro, el primer monumento que existió en el lugar, conmemorando la jura de la Constitución Nacional que fue substituida en virtud de la ley de 1902 (29/X) que ordenó la erección de la estatua actual del General San Martín.

Existe en el Museo Histórico de la Provincia una foto-pintura que reproduce la plaza 25 de Mayo, en toda su perspectiva, tomada desde una de las viejas torres desaparecidas del templo de N. S. de las Mercedes.  Se advierte, en el fondo, el magnífico Cabildo Colonial, ya demolido y el monumento a que hacemos referencia.  Sobre un basamento cuadrangular al que se tenía acceso mediante escalones, en sus cuatro caras, y en los vértices del mismo, estaban cuatro bustos de patriotas argentinos (Moreno, Saavedra, Rivadavia y San Martín), en tamaño natural.  Del centro del basamento ascendía una columna cilíndrica, de más o menos seis metros, en cuya parte superior, sobre un capitel de orden dórico, se veía la estatua de la Madre-Patria.  La masa arquitectónica era de mampostería, y las figuras de cemento blanco imitando mármol.

En 1902 fue demolido, erigiéndose el actual: Estatua del General José de San Martín

De bronce, del tipo ecuestre, es idéntica a la erigida en la Plaza San Martín de la ciudad de Buenos Aires. Ha sido colocada contemplando la Casa de Gobierno, en otras palabras, al este de la ciudad.

Su basamento es de granito: la parte inferior, de superficies lisas, pulimentada y de forma rectangular: la parte superior de trozos de granito sin trabajar imitando un amontonamiento de montañas andinas.

En el frente ha sido representado un cóndor, que rompe cadenas con sus poderosas garras, y debajo una placa monumental de bronce con la leyenda: “El Ejército de la Nación a su glorioso Capitán”.

En el costado izquierdo del basamento está un magnífico bajo relieve de bronce, representando la batalla de San Lorenzo, y en el derecho, otro bajo relieve, también de bronca, la de Maipú.

En la cara posterior del basamento han sido fijadas varias placas con estas leyendas:

“Los / Estudiantes /Universitarios / Correntinos / Al General / San Martín / 9 de julio de 1906”.

“All Inmortal Generale / San Martin / La Societá Italiana Di M. S. / Unione e Fratellanza de Corrientes / II XXV Maggio MCMX.  Debajo de esta frase, dos camas de laureles entrelazados por medio de una cinta.  La placa rectangular, tiene 0,80 x 0,50 centímetros”.

“Una perspectiva en bronce de la batalla de Maipú.  Arriba, en el costado izquierdo, se lee: “San Martín”, y en el derecho “O’Higgins”.  Abajo esta leyenda: “Centenario de Maipú / El pueblo de Corrientes al Ejército Libertador / 1818 – 9 de abril 1918”.

El monumento y un pequeño jardín que le da perspectiva, encuéntrase circundado por una fuerte cadena sostenida por pilares de hierro imitando cañones clavados.

PLAZA SAN JUAN BAUTISTA

Rodeada por las calles Junín, San Lorenzo, Ayacucho (actual Hipólito Yrigoyen) y Santa Fe, careció de nombre hasta la nomenclatura urbana hecha en diciembre de 1851.  Se le asignó el de San Juan Bautista, Patrono de la ciudad, porque ya había hecho carne en la opinión desplazar el “piso” o lugar de compraventas alimenticias, que funcionaba en ese lugar, y edificar sobre la calle, que también entonces se denominó Ayacucho, la Iglesia Catedral que reemplazaría a la antigua Iglesia Matriz de principios de siglo.  Este programa fue ejecutado por el Dr. Juan Pujol desde el gobierno de la provincia.

La plaza careció de monumento hasta 1887, en cuyo mes de mayo el Senador Nacional doctor Manuel Derqui, obtuvo del Gobierno Nacional la donación, al de la provincia, de la estatua del Sargento Juan Bautista Cabral, el héroe de San Lorenzo, hijo de la villa correntina de Saladas.  Esta estatua había sido fundida en el entonces Parque de la Artillería de la Capital Federal con el bronce de los cañones españoles tomados en las grandes batallas de la independencia.

El P.E. (acuerdo 28/VI y ley 3/VIII de 1887) construyó el basamento y dispuso la erección de la estatua en esta plaza, la que fue inaugurada el 9 de julio de 1887, en solemne acto público, usando de la palabra el Ministro Doctor Juan Balestra.  Era Gobernador de la provincia el Dr. Juan Ramón Vidal.

En 1909 (ley 23/VII) se reconstruyó el pedestal en sus líneas arquitectónicas; posteriormente, la plaza fue reconstruida en dos oportunidades más, la última, en este segundo decenio del siglo XXI.

Existe en el frente del basamento una placa de bronce, de 40 x 30 centímetros más o menos, sobre una palma del mismo metal, con esta leyenda “El Colegio Nacional / Al / Heroico Granadero / 1813 – 1913”.  Más abajo otra placa, de bronce, con esta inscripción: “Recordación / de la / 1ª Centuria / Del Granadero / Juan Bautista Cabral”.

En el costado izquierdo, una placa de bronce, de forma rectangular, de 90 x 40 centímetros, con un escudo provincial en el ángulo izquierdo superior. Se lee lo siguiente: “Corrientes / A / Juan Bautista Cabral / IX de Julio / MDCCCXXXVII”.

En la cara posterior se encuentra un escudo del municipio, de bronce, sin leyenda de 100 x 50 centímetros más o menos.

En el lado derecho una placa de bronca, rectangular de 90 x 40 centímetros con el escudo nacional y esta leyenda: “Murió por la Patria / Batalla de San Lorenzo / III de febrero de MDCCCXII”.

 

PLAZA DR. JOSÉ RAMÓN VIDAL

Rodeada por las calles Buenos Aires, Salta, Belgrano y Bolívar, esta plaza se denominó inicialmente de La Cruz del Milagro. Su extensión originaria, hasta 1910, fue de dos hectáreas, necesarias para las grandes congregaciones populares y de peregrinos de la zona departamental inmediata, que concurrían a las celebraciones anuales del día de La Cruz (3/V).  Estas imponentes congregaciones, en las que figuraron hasta 1900 las milicias del departamento de Lomas, con sus escuadrones vistosos de caballería, cedieron a comienzos del siglo XX.  En la segunda hectárea de la antigua plaza se edificó la Escuela Graduada, actual Escuela Nº 3 “Del Centenario”.

La plaza de La Cruz del Milagro careció de monumento hasta 1933, año en que se resolvió levantar en ella el que se había resuelto erigir (leyes de 22/V/1890 y 17/IX/1928) a los médicos caídos durante la epidemia de la fiebre amarilla de 1871, y entre cuyas figuras principales estaba la del Dr. José Ramón Vidal, por su acción en la vida política de la provincia.

El monumento es de piedra rosada, arenisca, de las canteras de la provincia, con bajos relieves en bronce del Dr. José Ramón Vidal. Es obra del escultor Juan Carlos Oliva Navarro.

En las caras del basamento se encuentran los siguientes bajos relieves, en bronce, todos ellos de forma rectangular:

-          Una escena en que se vela a un cuerpo humano, con inmensa emoción.  Debajo de la leyenda: “Dr. Javier Puydemasa”;

-          Una sala de hospital de infecciones.  Debajo: “Doctor José María Mendía”;

-          Una perspectiva del barrio popular, y un rancho al que es conducido un enfermo por un practicante.  Debajo: “Practicantes / Carlos Harvey y Luis Baibiene”.

En el basamento se encuentran estas leyendas grabadas en la piedra: “Dr. José R. Vidal A / los médicos caídos / en la epidemia / del año 1871”.

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En otras partes de la ciudad, que se determinarán en cada caso, se encuentran los siguientes monumentos:

  1. Estatua del Gral Carlos M. de Alvear: fue erigida por el P.E. de la provincia en la plaza, sobre la barranca del río Paraná, en que se inicia la Avenida 3 de Abril, frente a los cuarteles del Regimiento 9 de Infantería de Línea.

Es de mármol de Carrara, obra que la escultora Lola Mora realizó para ornamento del Congreso de la Nación, en la Capital Federal, del que fue retirada donándosela a la provincia.

Cuando excavaron los cimientos fueron hallados restos de alfarería y útiles de trabajo, pertenecientes a la época de la fundación de la ciudad (1588), pues el lugar integra el viejo emplazamiento de Arazatí o Pucurá.  Estas piezas se custodian en el Museo Histórico de la Provincia.

La base del monumento es de piedra rosada, de las canteras de la provincia, toda ella pulida.

Tiene en el frente un gran escudo nacional, de bronce fundido, de más o menos 80 x 60 centímetros.

Del lado posterior, el escudo de la provincia de Corrientes, del mismo metal y tamaño.

La inauguración del monumento fue realizada en 1929, por el Gobernador de la provincia doctor Benjamín S. González.

  1. Monumento al Teniente Coronel Montiel: fue erigido por una Comisión Popular y costeado por subscripción pública, en el solar en que se levantan los cuarteles del Regimiento 9 de Infantería de Línea y sobre los jardines que dan a la Avenida 3 de Abril.  Consiste en una columna tronchada cuyo capitel se encuentra al pie, trabajada en piedra de las canteras de la provincia.  Su concepción alude a la brillante carrera de aquel militar, que sacrificó su vida al oponerse al motín revolucionario de julio de 1931.

Tiene la siguiente leyenda: “Homenaje del pueblo / de Corrientes / Al Teniente Coronel / Lino H. Montiel / 20 julio de 1931 / Murió en defensa / de las instituciones / y / por el honor de los argentinos”.  Ella está consignada en una placa cuadrada de bronce de 50 x 50 centímetros.

  1. Monumento a la Gloria: fue erigido por la colonia italiana de la ciudad, para celebrar la grandeza argentina.  Su piedra fundamental fue colocada en la semana de mayo del Centenario (1910).

La figura de la gloria está asentada sobre un basamento de mampostería de forma cuadrada, escalonada y un poco más arriba de forma octogonal. Tiene, en el frente, esta leyenda sobre una placa de bronc, rectangular, de 90 x 60 centímetros más o menos: “A / Corrientes / ---- / I residenti italiani / in omaggio / del 1º / Centenario / Argentino”.  En la cara posterior del basamento, se consigna: “Alla / Gloria / Della / Pace / MCMX – MCMXXX”.  En el extremo de la derecha del frente, está una placa de bronce representando a una mujer con un libro aiberto, y en el de la izquierda una figura que representa a un sembrador.

  1. 4.      Taragüí: sobre un pequeño pedestal, en la Avenida Costanera, en el triángulo que resta entre ella y las calles De la Quintana y San Luis, se encuentra la escultura Taragüí, en bronce, primer premio en el 26 Salón Nacional de 1936, oba del malogrado escultor correntino H. Amado Puyau.  Su original en yeso patinado, se guarda en el Museo Histórico y de Bella Artes de la provincia.  Fue una donación del autor, que el P.E. en 1938 hizo vaciar en bronce y situó en este moderno paseo.  Representa a la mujer guaraní, de las tribus que poblaban el lugar cuando la fundación de la ciudad, en 1588.
  2. 5.      Busto de Mariano Moreno: erigido en el patio central de la Escuela Graduada del mismo nombre, situada en el edificio fiscal de la calle Mayo esquina Catamarca.  Es de bronce, obra del escultor Luis Perlotti.  Su basamento de mampostería, imitación granito, lleva esta leyenda: “Homenaje / de la Escuela / Mariano Moreno / 11 de octubre de 1939”.  En el busto, parte inferior, se lee: “Mno Moreno”.

En el mismo patio central de esta escuela graduada ha sido erigido un mástil de quince metros más o menos de alto, sobre un basamento de mampostería, cuadrado, recubierto de portland sin inscripción.  Fue inaugurado el 20 de junio de 1940. Es propiedad del Consejo Superior de Educción (actual Consejo General de Educación).

  1. Busto de Sarmiento: se encuentra erigido en el primer patio de la Escuela Sarmiento, sobre un basamento de mampostería imitación granito.  Tiene la siguiente leyenda en relieve: “XXV / De / Mayo / MCMXVI”.  Más abajo existe una placa de bronce, de 0,50 por 0,30 centímetros, representando a una maestra señalando a sus alumnos el gran escudo que caracteriza el frente de una escuela.  Lleva la inscripción: “Homenaje del personal Directivo, Docente y alumnos / de la Escuela Graduada Nº 2 “Sarmiento” / En el Primer Cincuentenario de su muerte / II/IX/1938”.  El busto es de bronce.

En el segundo patio de esta escuela existe un mástil de quince metros más o menos, sobre un basamento de mampostería circular en forma de campana, con una placa de bronce con esta leyenda en relieve: “Dios / Patria / Escuela / 1888 – 1938”.  El edificio es propiedad del Consejo Superior de Educación (actual Consejo General de Educación).

  1. Mástil de la Escuela Graduada Centenario: en el frente de esta escuela, ha sido erigido un mástil de quince metros más o menos de altura, sobre un basamento de mampostería cuadrada, de un metro y medio de alto, sin ninguna inscripción.  Fue inaugurado el 20 de junio de 1940 con motivo del día de la Bandera.  Es propiedad del Consejo Superior de Educación (actual Consejo General de Educación).  La Escuela Graduado del Centenario queda emplazada sobre la plaza Dr. José Ramón Vidal (actual De los Milagros).
  2. Busto de Belgrano: en el patio central de la Escuela Graduada Belgrano, situada en la esquina de las calles Ayacucho y Santa Fe, ha sido erigido un busto en bronce del General Belgrano.  El basamento es de mampostería con imitación de granito.  Se lee esta inscripción en relieve: “1770 – 1820”.  Debajo, en una placa de bronce, se consigna: “Homenaje / de la Escuela Normal de Maestras / General Manuel Belgrano / En el primer centenario de su muerte / Corrientes – 20 de junio de 1920”.

En el mismo patio central se encuentra un mástil con su basamento cuadrado, de mampostería, de una altura de más o menos 20 metros.  Contiene una inscripción en relieve: “20 de junio de 1940”.  Donación del Presidente del Consejo Superior de Educación”.  El edificio es propiedad del Consejo (actual Consejo General de Educación).

  1. Solar de la Escuela Normal de Maestras, Doctor Juan G. Pujol: ocupa la manzana de tierra rodeada por las calles San Juan, Belgrano, Mendoza y Bolívar, donde está construido su gran edificio actual, originalmente propiedad del gobierno de la Nación, luego transferido a la provincia.

Los antecedentes del establecimiento y de su actual palacio constan en dos placas documentales:

1º: Chapa de mármol rectangular, de 100 x 60 centímetros con esta leyenda: “Escuela Normal de Maestras / “Dr Juan Pujol” de Corrientes / 1) Adquirióse la manzana del terreno / por subscripción popular – Decreto del P.E. / del 3 de septiembre de 1921 / Presidente de la República, el / Dr. Hipólito Irigoyen / Ministro de Justicia e I. Pública, el Dr. José S. Salinas / Directora de la Escuela / Señorita Matilde G. de la Fuente / 2) Colocóse la piedra fundamental / del edificio el 29 de julio de 1923 / 3) Inauguróse el primer pabellón / el 29 de marzo de 1927 / 4) Concluyóse el edificio en el año 1935 / Presidente de la República, el / Gral Agustín P. Justo / Ministro de Justicia e I. Pública, el / Dr. Manuel de Iriondo / Ministro de Obras Públicas / Dr. Manuel R. Alvarado / Directora del establecimiento / María Magdalena Vera de Lucini”.  Esta chapa está colocada a la entrada, a mano derecha del edificio de la escuela.

2º: Placa de bronce colocada en la pared exterior del salón de actos públicos, junto a la puerta, a mano derecha. Arriba tiene una alegoría circular, representando al Congreso con el sol naciente sobre la cúpula: en su frente, entre los escudos Nacional y Provincial, una antorcha encendida con esta leyenda en arco: “Esc. Nmal. De Maestras “Dr. Juan Pujol”.  Debajo del dibujo se lee en relieve: “Escuela Normal de Maestras / fundada el 16 de julio de 1883 / siendo Presidente de la Nación el / Tte Gral Julio A. Roca / Ministro de I. Pública / el Dr. Eduardo Wilde / - . - / Directoras / Maria Luisa Villarino de Del Carril 1883-1887 / Corina Echenique 1888-1890. Edith Howe 1891-1895 / Hole A. Zolezzi 1895-1900 / Francisca Jacques 1900-1901 / Manuela Maqueira 1901-1907. Rosa E. Dark 1907-1911 / Pelegrina Camogli de Resoagli 1912-1918 / Matilde G. de la Fuente 1919-1925 / María Estela Gez de Gómez 1925-1931 / Homenaje de profesores y alumnas en su 50º aniversario – Corrientes 1933”.  En el expresado solar se encuentran los siguientes monumentos:

Mástil conmemorativo.  Está erigida a la derecha de la gran puerta central, sobre un basamento rectangular de piedra de las canteras de la provincia, de la llamada “mora”.  Tiene adherida una gran placa de bronce de 120 x 100 centímetros más o menos, que representa a Belgrano hciendo juras a un gaucho-soldado y a un indio la bandera con esta leyenda: “El General / Manuel Belgrano / crea la bandera argentina en las barrancas del Paraná / Escuela Normal de Maestras / Dr. Juan Pujol / 1939”.  Mátil tubular de hierro de 20 metros de altura.

Busto del Doctor Juan Pujol. Exgobernador de la provincia, el doctor Juan Pujol fue el organizador de sus instituciones a raíz de haber sido dictada la Constitución del país (1853).  Le corresponde el título de autor de la primera ley de educación primaria obligatoria y de la primera de enseñanza normal.  Con esos fundamentos el Ministerio de Justicia e Instrucción Pública de la Nación dio su nombre al establecimiento en decreto de 26 de junio de 1933.  El busto de bronce del Dr. Juan Pujol, obra del escultor Luis Perlotti, está erigido, sobre un artístico pedestal de granito, a la izquierda de la gran puerta central de establecimiento.  Fue inaugurado el 28 de junio de 1935.  El pedestal, de granito, es cuadrangular, de dos metros por lado, haciendo escalinata: en el centro sobre un rectángulo de un metro y medio, está el busto y esta leyenda: “Dr. Juan Pujol” / Homenaje / de la / Escuela Normal de Maestras / Al preclaro / hijo de Corrientes / Eminente estadista / Fundador de la primera / Escuela de Preceptores / del país / Inspirador de la Ley / de Educación Común / Corrientes – 1938”.

Tambor de Tacuary.  Está erigido en el centro del patio de la planta baja del edificio donde funcionan los cursos del departamento de aplicación.  Obra del escultor Luis Perlotti, fue inaugurado el 9 de octubre de 1936.

Busto del General Julio Argentino Roca. En el hall de entrada encuénrase el busto en mármol del General Julio A. Roca, Presidente de la República, quien subscribió el decreto de creación de la Escuela Normal de Maestras.  Es obra del escultor Luis Perlotti, fue inaugurado el 19 de octubre de 1940.

Busto de María Luis Villarino de del Carril.  En el hall del establecimiento y como homenaje en su calidad de primera Directora de la casa.  Es de mármol de carrara, obra de Luis Perlotti, fue inaugurado el 19 de octubre de 1940.

Busto del Gral San Martín.  En uno de los patios del establecimiento, de bronce, obra del escultor Luis Perlotti.  Fue inaugurado el 16 de agosto de 1940.

Busto de Samiento.  Situado en uno de los patios de la Escuela Normal, es obra del escultor Luis Perlotti.  Es de bronce, de tamaño natural, siendo inaugurado el 11 de septiembre de 1936.

Busto de Carlos Pellegrini.  De bronce, obra del escultor Luis Perlotti, de tamaño natural.  Fue inaugurado el 15 de junio de 1940.

Busto de Bernardino Rivadavia.  De bronce, inaugurado en 1917, en que se hizo público el deseo de que la casa de estudios llevase ese nombre.

  1. Busto del Doctor José Ramón Vidal.  Frente a la gran entrada del Hospital José Ramón Vidal, se encuentra un busto de bronce, de tamaño natural, del doctor José Ramón Vidal, realizado por el escultor Luis Perlotti en 1937, erigido sobre un pedestal de granito artísticamente trabajado que termin en forma de pirámide.  En el busto se lee: “Doctor / José Ramón Vidal”.  En el frente, que da al norte, en una placa de bronce, cuadrada, de 40 x 40 centímetros, está la leyenda: “El cuerpo médico / de la Municipalidad / en Homenaje al / Dr. José Ramón Vidal”.  En el costado izquierdo, en una placa del mismo tamaño que la anterior, estas palabras: “Altruismo / Humanidad / Valor / Sacrificio”.

Del lado posterior, otra placa de bronce, de 60 x 60 representa unas mujeres acongojadas sobre una tumba y un médico consolando a otra, con esta leyenda: “La Municipalidad de Corrientes / al Dr. José Ramón Vidal / El primer de sus héroes civiles / 1821 – 1871”.  En el costado derecho están grabadas, en una placa de bronce, cuadrada, de 40 x 40 centímetros estas palabras: “Política / Representación / Gobierno / Ciencia”.

  1. Punta Tacurú.  Es la quinta de las siete puntas características de la topografía de la ciudad.  A su pie desembocaba el arroyo del mismo nombre, hoy convertido en desagüe entubado de las aguas pluviales de la ciudad.  Por la naturaleza baja e irregular de la zona, fue hasta 1900 el barrio popular de residencia de la gente de color, donde realizaban sus grandes fiestas y estaban sus cofradías, de esclavos y sus descendientes.  Apenas quedan, en la masa popular renovada, tradiciones de aquellas épocas.

La denominación tiene su origen en el vocablo “Itacucú”, piedra granulosa, que luego pierde su letra inicial para ser aplicada a los montículos de tierra que forman las hormigas termitas en las zonas bajas, semiesféricos o cónicos.

ZONA RURAL DE LA CAPITAL:

Pueden mencionarse los siguientes lugares históricos:

  1. Riachuelo.  En el cauce del río Paraná, frente a la desembocadura del Riachuelo, y en la costa inmediata que integra la propiedad llamada “Santa Catalina”, se libró en 1865 el primer combate naval de la guerra de la Triple Alianza.  La escuadra brasileña a las órdenes del Vicealmirante Barroso, anclada frente al Riachuelo, es asaltada por la del Paraguay el 11 de junio de 1865, actuando baterías de tierra, de las fuerzas de ocupación de ese último país.  Venció la armada imperial.  Las barrancas del Riachuelo continuaron en poder de las fuerzas de artillería a caballo paraguayas del Teniente Coronel Bruguez, apoyadas por todo el ejército de ocupación.  La vieja propiedad de “Santa Catalina”, desde cuyas barrancas también se combatió, figura en los padrones de Corrientes desde la época de la colonia.  Perteneció, antes de la expulsión de 1767 a la Compañía de Jesús, que la explotaba para las subsistencias de su Colegio en la ciudad.  Fue notable por su producción de vid, que se industrializada en el mismo lugar.
  2. Laguna Brava.  Lugar en la segunda Sección del Departamento de la Capital, a inmediaciones de la laguna del mismo nombre, de aguas profundas y potables, con leña abundante y buenos pastos para el ganado.  Está a diez kilómetros de la capital sobre el camino real que conduce a San Luis del Palmar.

En 1843 las fuerzas dependientes del tirano Rosas, que buscaban ahogar la reacción libertadora iniciada por el General Joaquín Madariaga en Paso de los Libres, acamparon en ese lugar para accionar sobre la ciudad capital, que éste ocupara.  Ahí fueron atacadas y dispersadas por el Ejército de Madariaga, el 6 de mayo de 1843.  Las fuerzas rosistas a las órdenes de José Miguel Galán y Bartolo Ramírez iniciaron su retirada sobre el Riachuelo y río Corriente, siendo nuevamente vencidas y dispersas.

La tradición vincula la oportunidad del ataque sorpresivo llevado por el General Madariaga, a indiciones de una mujer del pueblo vestida con el hábito de promesera de la Virgen de las Mercedes, que no pudo ser hallada después de la victoria y a la cual se buscó para significarle la gratitud pública.  La tradición habla de que aquella mensajera fue una encarnación de la Virgen Patrona de Corrientes, generosa al alejar de la ciudad, con su aviso, los horrores de la lucha y el saqueo.

En el mismo lugar, en 22 de diciembre de 1865, acampó la División Brasileña del Ejército Aliado, que a las órdenes del General Osorio venía de la congregación de fuerzas en Mercedes, para invadir el territorio del Paraguay.

Por ley de 24 de febrero de 1877 se erigió el pueblo de Laguna Brava, en homenaje a aquel combate por la libertad de la provincia, disponiéndose (3/III) sobre el modo de enajenar los terrenos.

El P.E. por decreto de 3 de abril de 1929 dispuso la organización en el lugar de un parque histórico conmemorativo de la victoria de 1843.

En la plaza central de este pequeño vecindario se ha erigido un modesto monumento en conmemoración de la victoria de Laguna Brava, cuya iniciativa y ejecución corresponde al personal de la Escuela Nacional Nº 43 “José Joaquín Madariaga”, que funciona en el lugar.  Fue financiado con aportes privados.

Consiste en un pedestal cuadrangular, de mampostería, revestido de cemento y rodeado por doce pequeñas columnas que lo protegen.  Fue encomendado al escultor Carlos Bagliani inaugurándoselo el 6 de mayo de 1936.  En el pedestal se encuentra fijada una placa de bronce, donada por la docencia de la escuela del lugar, con esta leyenda: “A los caídos en el combate de Laguna Brava, y como testimonio de reconocimiento y admiración al jefe patriota y aguerrido militar que dirigió la acción, José J. G. Madariaga”.

La escuela en cada aniversario del “Combate de Laguna Brava” realiza al pie del monumento un homenaje público, reavivando el sentimiento patriótico y el afianzamiento de nuestras libertades.

Fuente: Dr. Hernán F. Gómez

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