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BALTASAR HIDALGO DE CISNEROS

EL ÚLTIMO VIRREY DEL RÍO DE LA PLATA

Nació en Cartagena, España, el 6 de enero de 1756 y falleció el 9 de junio de 1829 en su mismo pueblo donde nació.

Fue marino y administrador colonial español que llegó al grado de almirante. Fue el último virrey del Río de la Plata con poder efectivo, sobre todo el territorio rioplatense. Como dato curioso, hay que aclarar que Francisco Javier de Elío, designado como su sucesor por el Consejo de Regencia, solo pudo ejercer sobre algunos territorios, principalmente en la gobernación de Montevideo, lugar donde residía. Por lo tanto, no puede incluirse entre los virreyes que gobernaron en el Río de la Plata.

Baltasar Hidalgo de Cisneros nació, como ya lo expresamos, en el año 1755, en la casa en la que residían sus padres y hermanas, ubicada en la localidad de Cartagena, calle de la Caridad, siendo bautizado días después en la parroquia de Santa María de Gracia.  Sus padres eran Francisco Hidalgo de Cisneros y Seijas, teniente general de la Real Armada, y Manuela de la Torre y Goffre.  Tradicionalmente, los Hidalgo de Cisneros tenían una larga vocación de servicio militar en la caballería; sin embargo, Baltasar siguió desde muy joven la carrera naval, ingresando el 3 de marzo de 1770 en la Academia de Guardiamarinas de Cádiz (Gerardo M. Martí, El fracaso de Cisneros y la Revolución de Mayo, Ediciones AqL, Villa Martelli, Argentina, 2010.

En 1780, Baltasar Hidalgo de Cisneros, al mando de la balandra (embarcación pequeña con cubierta y un solo paso, según definición del diccionario de la RAE), “Flecha”, capturó dos buques corsarios británicos (piratas), el “Rodney” y el “Nimbre”.  Al año siguiente y al mando de la fragata “Santa Bábara”, capturó otros cuatro corsarios de la misma nacionalidad (José Roselló Riera y Pedro G. Somarriba, El Corso en España).  Durante los años siguientes, participó de la expedición militar española a Argel (actual capital de Argelia) y fue ascendido al grado de brigadier, participando en la defensa de Cádiz contra el bloqueo inglés.  Fue destinado al Estado Mayor de la Real Armada, pero en los últimos días de 1804 decidió incorporarse a la escuadra que se uniría en Cádiz a la flota francesa para la batalla decisivo contra Gran Bretaña (Gerardo M. Martí, El fracaso de Cisneros y la Revolución de Mayo, Ediciones AqL, Villa Martelli, Argentina, 2010).

 Fue una batalla naval que tuvo lugar el 21 de octubre de 1805, en el marco de la tercera coalición iniciada por Reino UnidoAustriaRusiaNápoles y Suecia para intentar derrocar a Napoleón Bonaparte del trono imperial y disolver la influencia militar francesa existente en Europa.

En 1805, combatió contra los ingleses en la batalla de Trafalgar (batalla naval que tuvo lugar el 21 de octubre de 1805, en el marco de la tercera coalición iniciada por el Reino Unido, Austria, Rusia, Nápoles y Suecia para intentar derrocar a Napoleón Bonaparte del trono imperial y disolver la influencia militar francesa existente en Europa), resultando ser uno de los marinos españoles más destacados que participaron en ella.  Ostentaba, además, el rango de general y jefe de escuadra y enarboló su insignia en el navío “Santísima Trinidad”, que era el barco mayor de todos los que tomaron parte en la batalla y que protagonizó uno de los episodios más intensos.  En dicha batalla desarrolló cierto grado de sordera por el golpe recibido al caerle encima el palo mayor de su buque (Gerardo M. Martí, El fracaso de Cisneros y la Revolución de Mayo, Ediciones AqL, Villa Martelli, Argentina, 2010).

La de Trafalgar fue su última acción naval.  Asumió el mando del puerto de Cartagena y participó en la resistencia contra la invasión napoleónica de su país.  Fue vicepresidente de la Junta de Cartagena, uno de los más importantes puertos militares de España (Gerardo M. Martí, El fracaso de Cisneros y la Revolución de Mayo, Ediciones AqL, Villa Martelli, Argentina, 2010).

La Junta Suprema de Sevilla nombró a Baltasar Hidalgo de Cisneros virrey del Río de la Plata en 1809, en reemplazo de Santiago de Liniers.  Su misión principal era recomponer la autoridad virreinal, erosionada por las desavenencias entre su antecesor, Santiago de Liniers (sospechoso de deslealtad a España por su origen francés) y el gobernador de Montevideo, Francisco Javier de Elío, quien había creado una Junta de Gobierno local

Al arribar Cisneros a Montevideo, a mediados de julio de 1809, Francisco Javier de Elío aceptó la autoridad del nuevo virrey y disolvió la Junta, siendo nombrado inspector de armas del Virreinato del Río de la Plata. 

En Buenos Aires había dos partidos políticos opositores: los juntistas locales, dirigidos por Martín de Álzaga, en pronunciada decadencia tras la derrota de la asonada del 1 de enero de 1809; no obstante, era mejor vistos en España, por lo que Cisneros se congració con éstos al no desautorizar a Elío a indultar a los responsables de la asonada (rebelión). 

El otro partido, el carlotismo, intentaba establecer la regencia de Carlota Joaquina de Borbón en el Río de la Plata y cuestionaba la autoridad de la Junta Suprema y, por consiguiente, la de Cisneros. 

Éste evito los ataques carlotistas exigiendo y logrando el traspaso del mando fuera de la capital, en Colonia (actual República Oriental del Uruguay) (Gerardo M. Martí, El fracaso de Cisneros y la Revolución de Mayo, Ediciones AqL, Villa Martelli, Argentina, 2010).

Baltasar Hidalgo de Cisneros ocupó finalmente su cargo en Buenos Aires, donde intentó aplacar las conspiraciones y fortalecer su poder; aunque se vio obligado a enviar a Elío a España, logró rearmar las milicias españolas disueltas tras la asonada (rebelión) de Martín de Álzaga el 1 de enero de 1809, con lo que la crisis política estaba momentáneamente resuelta.

Pero, Cisneros asumió su cargo en un momento que era también de crisis económica: la derrota de la flota española por la marina Real Británica, el comercio con las colonias se paralizó al no poder enviar barcos a éstas.  A pesar que, posteriormente, España estableció una alianza con Gran Bretaña, no podía comerciar con ella debido al secular monopolio español del comercio con sus colonias.

Entonces, Cisneros autorizó el libre comercio con Gran Bretaña, pero esta decisión generó quejas repetidas de los comerciantes para poderosos que obtenían grandes ganancias con el contrabando (antiguo vicio todavía hoy vigente…). 

Para no perder su apoyo, anuló el decreto de libre comercio que había dictado.  Esto causó, a su vez, quejas de los comerciantes ingleses, quienes reclamaban que, en tanto que aliados de España contra Napoleón, no deberían ser perjudicados.  Para quedar en buenos términos con ambos, dio una prórroga de cuatro meses al libre comercio para que los ingleses pudieron finalizar sus asuntos comerciales.

En el transcurso de 1809, ocurrieron dos revoluciones en el Alto Perú (actual Bolivia), que dependía del Virreinato del Río de la Plata: el 25 de mayó estalló la Revolución de Chuquisaca y el 16 de julio otra en La Paz. 

En ambas ciudades se formaron juntas de gobierno por la ausencia del rey español (cautivo de Napoleón Bonaparte).  Cinseros envió en su contra un ejército al mando del general Vicente Nieto, que logró un éxito incruento en Chuquisaca.  El alzamiento de La Paz, en cambio, fue aplastado por tropas enviadas desde el Virreinato del Perú, siendo sus dirigentes condenados a muerte. 

En Buenos Aires, la represión aumentó el resentimiento de los revolucionarios porteños: Domingo French y Antonio Beruti criticaban que los alzamientos altoperuanos – dirigidos por criollos españoles – fueran reprimidos con la pena de muerte, mientras los alzamientos contra Liniers, dirigidos por españoles peninsulares, acabaran en indultos.

El 13 de mayo de 1810, arribó al puerto de Buenos Aires un barco con noticias de España, que incluían el sometimiento de la corona española y la Junta de Sevilla a las fuerzas de Napoleón Bonaparte.  Cisneros intentó incautar los periódicos traídos para que la noticias no se supiera.

No obstante, uno de esos periódicos llegó a manos de Manuel Belgrano y Juan José Castelli (primos entre sí, pues la hermana del padre de Manuel Belgrano estaba casada con el padre de Castelli), quienes difundieron la noticia.  Cisneros se vio obligado a proclamarla oficialmente el 18 de mayo.

Eso tuvo como resultado la Revolución de Mayo, que se produjo temporalmente entre el 18 y el 25 de mayo de 1810 y se inició con la confirmación de la caída de la Junta de Sevilla y desembocó en la destitución de Baltasar Hidalgo de Cisneros como virrey del Río de la Plata y la asunción de la Primera Junta de Gobierno, que originariamente se denominó Junta de Gobierno de la Capital (en referencia a Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata. Al día siguiente, el 26 de mayo, modificó su denominación por el de Junta de Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata (es otro tema de análisis en particular, pues ahí se dejaba reflejada el centralismo que siempre ejerció Buenos Aires sobre las demás provincias y que tantos conflictos, levantamientos y sangre costó especialmente a los correntinos).

Juan José Castelli y Martín Rodríguez, se presentaron el 20 de mayo y le exigieron a Cisneros la celebración de un cabildo abierto para decidir el destino del gobierno de la colonia.  El mismo se celebró dos días después, el 22 de mayo.  En éste se decidió la formación de una Junta de Gobierno. 

El 24, el Cabildo de Buenos Aires nombró una Junta, de la cual Cisneros fue nombrado presidente.  Sin embargo, mucha gente rechazaba su permanencia en el cargo.  Cornelio Saavedra afirmó que esa maniobra no se sostendría: la gente se rebelaría de todas formas y los soldados desertarían de sus puertos.  En consecuencia, la Juna fue disuelta.

Durante la mañana del 25 de mayo, una gran multitud comenzó a reunirse en la Plaza Mayor (hoy Plaza de Mayo), liderados por los milicianos Domingo French y Antonio Beruti.  Se reclamaba la anulación de la resolución del día anterior, la renuncia definitiva del virrey Cisneros y la formación de una Junta de Gobierno. 

Ante las demoras en emitirse una resolución, la gente comenzó a agitarse, reclamando al grito de “¡El pueblo quiere saber de qué se trata!”.

Cisneros seguía resistiéndose a dimitir y tras mucho esfuerzo, los capitulares lograron que ratificara y formalizara los términos de su renuncia, abandonando pretensiones de mantenerse en el gobierno. 

Esto, sin embargo, resultó insuficiente, ya que los representantes de la multitud reunida en la plaza reclamaron que el pueblo había resuelto reasumir la autoridad delegada en el Cabildo Abierto del día 22, exigiendo la formación de una Junta.  Además, se disponía el envío de una expedición de 500 hombres para auxiliar a las provincias interiores.

Pronto llego a la sala capitular la renuncia de Cisneros, tras lo cual se procedió a designar a la Primera Junta de Gobierno.  El mismo 25 de mayo Cisneros despachó a José Melchor Lavín rumbo a Córdoba para advertir a Santiago de Liniers y pedirle que emprendiera acciones militares contra la Junta.

El 15 de junio los miembros de la Real Audiencia juraron fidelidad en secreto al Consejo de Regencia y enviaron circulares a las ciudades del interior, llamando a desoír al nuevo gobierno.  Para detener sus maniobras, la Primera Junta convocó a todos los miembros de la audiencia, al obispo Lué y Riega y al antiguo virrey Cisneros, y con el argumento de que sus vidas corrían peligro fueron embarcados en el buque británico “HMS Dart”.  Su capitán, Marcos Bayfield, recibió instrucciones de Larrea de no detenerse en ningún puerto americano y de trasladar a todos los embarcados a las Islas Canarias.

Al llegar a las Canarias, el destituido virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros informó al Consejo de la Regencia sobre los hechos ocurridos en Buenos Aires, y solicitó unos meses de licencia por enfermedad.  Tras reunirse allí con su familia venida de Buenos Aires, partió para Cádiz en julio de 1811.

En enero de 1813, fue nombrado comandante general del departamento de Cádiz y poco después recibió el ascenso al grado de capitán general (Gerardo M. Martí, El fracaso de Cisneros y la Revolución de Mayo, Ediciones AqL, Villa Martelli, Argentina, 2010. ISBN 978-987-1159-88-8).

El 14 de septiembre de 1818 fue nombrado ministro de Marina y en diciembre del mismo año director general de la Armada, con orden de desempeñarse en comisión la capitanía general de Cádiz y se encargase de los preparativos de la expedición hacia América que preparaba el conde de La Bisbal.

Sin embargo, en 1820, triunfó la revuelta de los constitucionales y Cisneros fue apresado y llevado al arsenal de la Carraca, permaneciendo en esa situación hasta que el rey juró la Constitución de 1812.  Prescindiendo de opiniones políticas, el gobierno reconoció sus méritos y le concedió los honores del consejo de Estado y su cuartel en el departamento de Cartagena, de donde fue nombrado capitán general el 6 de noviembre de 1823.

En lo personal, Baltasar Hidalgo de Cisneros casó en Cartagena con Inés de Gastambide, con la que tuvo a José María, Baltasar, Esteban y Francisco, todos militares.  Un tataranieto suyo fue el también militar Ignacio Hidalgo de Cisneros, jefe de la Fuerza Aérea Republicana durante la Guerra Civil Española.

Con la llegada del Trienio Liberal, Baltasar Hidalgo de Cisneros fue cesado de todos sus cargos y volvió a Cartagena.  En 1823, al restablecerse el gobierno absolutista de Fernando VI, se le nombró capitán general de Cartagena y falleció en el cargo seis años después, el 9 de junio de 1829.

Autor: JORGE MANUEL PICCHIO

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