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Primera bandera

General Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano y Peri

“Era preciso corresponder a la confianza del pueblo, y me contraje al desempeño de esta obligación, asegurando, como aseguro, a la faz del universo, que todas mis ideas cambiaron, y ni una sola concedía a un objeto particular, por más que me interesase: el bien público estaba a todos instantes ante mi vista”. (Vocal de la Primera Junta de Gobierno).

Manuel Belgrano

 

Mes Belgrano

 Hace muy pocos días, el 3 de junio, se recordó un aniversario más del nacimiento del general Belgrano, ocurrido en la ciudad de Buenos Aires en el año 1770. Hoy, recordaremos su paso a la inmortalidad.

Sus padres fueron don Domingo Belgrano y Peri (que se castellanizó Pérez) y doña Josefa González Casero.

Vaya pues mi permanente homenaje a este gran patriota, “el otro Padre de la Patria”, al que recordaremos muy especialmente durante todo este mes dedicado a su memoria.

El general Belgrano fue un auténtico patriota, soldado de la independencia y gran impulsor de la educación, derechos humanos, derechos de la mujer, cuidados del medio ambiente, economía como también incentivó y respaldo la enseñanza de oficios.

Hoy recordaremos destino y forma de la primera bandera creada por el General Manuel Belgrano.

 

Es importante advertir que no existen documentos acerca del destino de esta primera bandera nacional creada por el general Manuel Belgrano ni sobre la disposición de las franjas de la misma. Los documentos referentes a sus orígenes no son muy explícitos y a veces pueden llegar hasta ser considerados ambiguos.

En las conclusiones del dictamen de una comisión conformada en la Academia Nacional de la Historia (sesión del 13 de abril de 1999) se expresa que: “1º, debe recordarse que son diversas y divergentes las opiniones manifestadas por destacados estudiosos con respecto al destino de la enseña enarbolada por el general Manuel Belgrano en las barrancas de Rosario, luego de haber recibido la orden de deshacerla por parte del Triunvirato, sin que ninguno de ellos haya arrojado luz definitiva; 2°, tampoco ha podido determinarse fehacientemente la disposición de los colores de la bandera, dado lo escueto del oficio de Belgrano al Gobierno con respecto al izamiento, materializada el 27 de febrero de 1812, y la existencia de otros testimonios al respecto; 3°, más allá de la dificultad intrínseca de la cuestión, dada la falta de decisivos testimonios al respecto, puede confiarse en que nuevos estudios proporcionen precisiones documentales o análisis interpretativos”.

No obstante lo dicho, según algunos testimonios, la bandera que el general Manuel Belgrano enarboló en las barrancas del Río Paraná (Rosario, Santa Fe) el 27 de febrero de 1812, constaba de dos paños horizontales, uno blanco y otro celeste. Diversos investigadores refieren, con fundamento, el valor iconográfico de un retrato del prócer realizado en Londres en 1815. Durante su estadía en esa ciudad, se hizo retratar en dos oportunidades. Uno de ellos constituye una prueba de que la bandera utilizada por  el general Manuel Belgrano era de dos franjas horizontales, blanca la superior y celeste la inferior. Este cuadro fue atribuido al retratista y artista francés François Casimir Carbonnier, discípulo de Jacques David y de Ingres (quien, según el Benezit, lo empleó algunas veces en la ejecución de sus propios cuadros). En este óleo aparece el prócer sentado en una silla estilo Imperio, de cuerpo entero, vestido de frac, pantalones amarillos y botas. Detrás de un cortinado, en el costado derecho, aparece pintada una escena de batalla, probablemente la de Tucumán, en la que flamean tres banderas; en dos de las cuales puede distinguirse la bandera bicolor ya descripta (compuesta por dos fajas: una blanca superior y una celeste inferior) mientras en la tercera no se alcanza a distinguir el color y la disposición de las franjas. Como el general Manuel Belgrano posó para el artista, es indudable que tales banderas responden a la indicación precisa de su creador y no a la imaginación del pintor. Lo cierto es que ante la certeza de que el mismo general Manuel Belgrano sirvió de modelo para la obra, persuadido por Bernardino Rivadavia, con quien viajó a Londres para obtener apoyo y armas para la causa argentina, quedó registrada una prueba de contundencia significativa, mas no sólo de que la bandera original era de nada más que dos franjas, sino de que el color que acompañaba el blanco era el celeste.

 

Retrato original del Grl. Belgrano por Monsieur Carbonnier

(Museo Municipal de Artes Plásticas “Dámaso Arce” – Olavarría)

 Ahora bien, se desconoce las causas por las cuales comenzaron a usarse tres franjas horizontales en lugar de dos. Las primeras indicaciones concretas de la bandera de tres franjas horizontales aparecen en dos documentos de cuño realista:

Por un lado, se lee en los Anales inéditos de Potosí que a la llegada de las tropas del Ejército Auxiliar a Potosí “el miércoles 26 [de mayo de 1813] entró otra división en marcha con una música muy sonora bien tañida y acompañados de instrumentos de vientos, con el número de 400 hombres uniformados. Jueves 27, la ascensión del [ileg.] para los que voluntariamente quisieren se apunten y se filien para el servicio. La bandera tenía dos colores a los extremos azul celeste y al medio blanco y un rótulo que decía: ‘A las armas por la independencia de la América del Sud en el Ejército de las Provincias Unidas del Río de la Plata, bajo la protección de su Generala Ntra. Señora de Mercedes’. Por lo que en dicho día se apuntaron como 25 hombres y fue siguiendo los posteriores días, con lo mismo la otra bandera en el mismo lugar”.

Por otra parte se cita una nota de fecha 16 de octubre de 1813, que envía Vigodet a su ministro de Estado en España: “Excelentísimo Señor: Los rebeldes de Buenos Aires han enarbolado un pabellón con dos listones azul celeste a las orillas y una blanca en medio, y han acuñado una moneda con el lema de ‘Provincias del Río de la Plata en unión y libertad’”.

Esta bandera, utilizada en Buenos Aires y el Litoral, sólo que en esta última región se le había agregado por la influencia de Artigas una variante al cruzarla con una franja horizontal roja transversal, fue la que finalmente consagró el Congreso de Tucumán.

En enero de 1815 se quitó la bandera española que ondeaba en el Fuerte de Buenos Aires, sin ponerse otra. Vino luego la revolución de 15 y 16 de abril de 1815 que produjo la violenta destitución de Carlos de Alvear, Director Supremo de Estado, y el encarrilamiento por segunda vez del movimiento de la independencia.

La insignia nacional nació a la luz del pueblo un 17 de abril de 1815, como culminación de un largo proceso, dijo Ernesto Fitte. Ese día se enarbola, pues, en la torre de la Fortaleza de Buenos Aires, la “Bandera de la Patria” celeste y blanca siendo la “primera vez que en ella se puso, pues hasta entonces no se ponía otra sino la española” escribió Juan Manuel Beruti, el hermano del coronel Luis Antonio Beruti, comandante del reducto que dio la orden respectiva. La bandera tuvo tres franjas horizontales (blanca la central y celeste la superior e inferior), tal como aparece coronando al torreón central de la Fortaleza Real San Juan Baltasar de Austria, en el extremo de la Plaza Mayor de Buenos Aires, de acuerdo a las más antiguas representaciones gráficas que se conservan del pabellón nacional. Nos referimos a las acuarelas del marino inglés Emeric Essex Vidal, estimables por su factura y valor documental y noticias que trascendieron al exterior. Essex Vidal llegó al país en septiembre de 1816 y la primera de sus acuarelas titulada “El Fuerte de Buenos Aires visto desde la punta del muelle” representa el Fuerte de Buenos Aires, con la bandera nacional celeste y blanca de tres fajas.

Por último podemos citar un testimonio del lado realista: el oficio de José de Obregón y Francos a Luis María de Salazar, director general de la Real Armada de España, en el que le informa, desde Río de Janeiro, el 14 de julio de 1815, que en Buenos Aires “se arboló la bandera de independencia, arriando la del Rey (aquélla es, dos franjas celeste y una blanca en el centro, todas horizontales), el 18 de abril de ese año; el inglés Brown, Comandante de las fuerzas marítimas insurgentes, puso aquella mañana un asta en la torre del Cabildo e izó en ella la bandera del oprobio”

Prosiguiendo el sentido de nuestra primera afirmación en este apartado, reiteramos que se ignora el destino de la primera bandera del general Manuel Belgrano debido a la carencia documental sobre el particular, por lo cual los historiadores sustentan diversas hipótesis. Sin embargo, sí se puede afirmar que la blanca y celeste fue sustituida por la del reino de España, la roja y amarilla (encarnada y gualda como la que flameaba en el mástil de la fortaleza de Buenos Aires). Bandera con la que el Triunvirato manda subrogarla, suceso corroborado por la opinión unánime de todos los académicos de la Academia Nacional de la Historia. Así las cosas hasta que ambas baterías fueron desartilladas en enero de 1813 y después, siguiendo el consejo del comandante de cívicos Celedonio Escalada, demolidas en marzo de ese año.

El descubrimiento de las “banderas de Macha” (hoy República de Bolivia), ocultadas ex profeso, suscitó controversias y fue el punto de partida de audaces teorías al respecto de la primera bandera enarbolada por el general Manuel Belgrano. Indiscutiblemente, ninguna de ellas pudo haber sido la Bandera que el General Manuel Belgrano izó en Rosario el 27 de febrero de 1812, por cuanto el prócer marchó a hacerse cargo del Ejército Auxiliador del Perú, sin haberse enterado de la desaprobación gubernativa, al margen de que en ningún caso pudo haberla llevado consigo en su viaje al norte, en virtud que la Bandera no es patrimonio del Comandante Militar, sino de la Guarnición correspondiente, ahora como entonces. El propio general Manuel Belgrano lo deja entrever cuando en su Oficio al Gobierno desde Jujuy, el 18 de julio de 1812, señala no haber recibido su oficio anterior acerca del apercibimiento que se le hacía con respecto al uso de la bandera celeste y blanca, y aclara:

“ignoro, como he dicho, aquella determinación, los encuentros fríos, indiferentes y tal vez, enemigos; tengo la ocasión del 25 de mayo y dispongo la bandera para acalorarlos y entusiasmarlos, ¿y habré, por esto, cometido un delito? Lo sería, señor excelentísimo, si a pesar de aquella orden, hubiese yo querido hacer frente a las disposiciones de vuestra excelencia; no así estando enteramente ignorante de ella; la que se remitiría al Comandante del Rosario y la obedecería como yo lo hubiera hecho si la hubiese recibido”.

La prohibición del uso de la bandera, asevera Jorge Messmer, “lleva implícitas órdenes ejecutivas que él no podía cumplir por encontrarse ya camino al norte. Ese es el motivo por el cual Belgrano no se entera del oficio, por el simple hecho de que la orden es cumplida en la guarnición de Rosario, el lugar donde se encontraba la bandera”.

En el mismo tenor, Guillermo Palombo considera que la primera bandera permaneció en Rosario, cuando Belgrano fue nombrado para hacerse cargo del Ejército Auxiliar del Perú. Hipótesis por la cual se explica que el general Manuel Belgrano mandó confeccionar en mayo de 1812 en Jujuy, en ocasión del segundo aniversario de la revolución de 1810, a un costo de 62 pesos y 2 reales otro ejemplar de la nueva enseña que llamó “Bandera del Ejército”.

A sus soldados, reunidos frente al pabellón nacional, los proclamó ese día según el contenido del documento “número primero”, que con otros acompañaba su oficio al Triunvirato, para conocimiento de las autoridades nacionales. La proclama que dirigió a las tropas, fue esta:

 

“Soldados, hijos dignos de la Patria, camaradas míos:

Dos años a que por primera vez resonó en estas regiones el eco de la libertad, y él continúa propagándose hasta por las cavernas más recónditas de los Andes; pues que no es obra de los hombres, sino del Dios Omnipotente, que permitió a los Americanos que se nos presentase la ocasión para entrar al goce de nuestros derechos; el 25 de Mayo será para siempre memorable en los anales de nuestra historia, y vosotros tendréis un motivo más de recordarlo, cuando en él por primera vez, véis la Bandera Nacional en mis manos, que ya os distingue de las demás Naciones del Globo, sin embargo de los esfuerzos que han hecho los enemigos de la sagrada causa que defendemos, para echarnos cadenas aún más pesadas que las que cargabais.

Pero esta gloria debemos sostenerla, de un modo digno, con la unión, la constancia, y el exacto cumplimiento de nuestras obligaciones hacia Dios, hacia nuestros hermanos, y hacia nosotros mismos; a fin de que la patria se goce de abrigar en su seno hijos tan beneméritos, y pueda presentarlos a la posteridad como modelos que haya de tener a la vista para conservarla libre de enemigos, y en el lleno de su felicidad. Mi corazón reboza de alegría al observar en vuestros semblantes que estáis adornados de tan generosos y nobles sentimientos, y que yo no soy más que un jefe a quien vosotros impulsáis con vuestros hechos, con vuestro ardor, con vuestro patriotismo.

Sí, os seguiré, imitando vuestras acciones y todo el entusiasmo de que sólo son capaces los hombres libres para sacar a sus hermanos de la opresión. Ea, pues. Soldados de la Patria, no olvidéis jamás que nuestra obra es de Dios; que él nos ha concedido esta Bandera, que nos manda que la sostengamos, y que no hay una sola cosa que no nos empeñe a mantenerla con el honor y decoro que le corresponde. Nosotros padres, nuestros hermanos, nuestros hijos, nuestros conciudadanos; todos, todos fijan en vosotros la vista y deciden que es a vosotros a quienes corresponderá todo su reconocimiento si continuáis en el camino de la gloria que os habéis abierto. Jurad conmigo, ejecutarlo así, y en prueba repetid: ¡Viva la Patria! Jujuy, 25 de mayo de 1812.

 

MANUEL BELGRANO”.

Cuatro días después, el 29 de mayo, informaba del acto realizado al gobierno, con el siguiente Oficio nota, agregando la arenga anterior y otros documentos:

 

“Excelentísimo señor:

He tenido la mayor satisfacción en ver la alegría, contento y entusiasmo con que se ha celebrado en esta ciudad el aniversario de la libertad de la Patria, con todo el decoro y esplendor de que ha sido capaz, así con los actos religiosos de vísperas y misa solemne con Tedeum, como en la fiesta del alférez mayor don Pablo Mena, cooperando con sus iluminaciones todos los vecinos de ella y manifestando con demostraciones propias su regocijo.

La tropa de mi mando no menos ha demostrado el patriotismo que la caracteriza: asistió al rayar el día a conducir la bandera nacional, desde mi posada, que llevaba el barón de Holmberg para enarbolarla en los balcones del Ayuntamiento y se anunció al pueblo con quince cañonazos.

Concluida la misa la mandé llevar a la Iglesia y tomada por mí la presenté al doctor don Juan Ignacio de Gorriti, que salió revestido a bendecirla, permaneciendo el preste, el Cabildo y todo el pueblo con la mayor devoción a este santo acto.

Verificado que fue, la volví a manos del barón para que se colocase otra vez donde estaba y al salir de la Iglesia se repitió otra salva de igual número de tiros con grandes vivas y aclamaciones.

Por la tarde se formó la tropa en la plaza y fui en persona a las casas del Ayuntamiento, donde éste me esperaba con su teniente gobernador; saqué por mí mismo la bandera y la conduje acompañado del expresado cuerpo y habiendo mandádose hacer el cuadro doble, hablé a las tropas, según manifiesta el número primero, las cuales juraron con todo entusiasmo, al son de la música y última salva de artillería, sostenerla hasta morir.

Enseguida, formados en columna me acompañaron a depositar la bandera en mi casa, que yo mismo llevaba en medio de aclamaciones y vivas del pueblo, que se complacía de la señal que ya nos distingue de las demás naciones, no confundiéndonos igualmente con los que a pretexto de Fernando VII tratan de privar a la América de sus derechos y usan las mismas señales que los españoles subyugados por Napoleón.

A la puerta de mi posada hizo alto la columna, formó en batalla y pasando yo por sobre las filas la bandera, puedo asegurar a vuestra excelencia que vi, observé el fuego patriótico en las tropas, y también oí en medio de un acto tan serio murmurar entre dientes: ‘nuestra sangre derramaremos por esta bandera’.

No es dable a mi pluma pintar el decoro y respeto de estos actos, el gozo del pueblo, la alegría del soldado, ni los efectos que palpablemente he notado en todas las clases del estado, testigos de ellos: sólo puedo decir que la patria tiene hijos que sin duda sostendrán por todos medios y modos su causa y que primero perecerán que ver usurpados sus derechos.

Las tropas de la vanguardia que se hallan en Humahuaca al mando del mayor general interino don Juan Ramón Balcarce, han hecho sus demostraciones públicas de regocijo y oído a su jefe, según la copia n° 2, festejando el día de nuestra libertad con evoluciones militares, toros, sombras chinescas, en que han tenido parte todos aquellos naturales que bendicen al Todopoderoso por el goce de sus derechos.

En Salta, igualmente, según me avisa el gobernador con fecha del 26, se ha celebrado el aniversario con todo esplendor y magnificencia correspondiente a un pueblo entusiasmado y amante de su libertad y me dice que las corporaciones civil y eclesiástica han empeñado sus deberes, haciendo ostentación de su patriotismo, por cuya razón he mandado les de las gracias de un modo público.

Bien puede, señor excelentísimo, tener nuestra libertad todos enemigos que quiera; bien puede experimentar todos los contra que, en verdad, nos son necesarios para formar nuestro carácter nacional; ella se cimentará sobre fundamentos sólidos, que la justicia administrada por vuestra excelencia sabrá colocar, para el bien y felicidad de los pueblos de estas provincias.

Dios guarde a vuestra excelencia muchos años. Jujuy, 29 de mayo de 1812.

 

Excelentísimo señor

Manuel Belgrano”.

Del contenido de esta elocuente proclama y notas se extraen al menos dos observaciones: por un lado, la descripción del general Manuel Belgrano se corresponde con las normas que debían seguirse con respecto a la bandera de acuerdo a las ordenanzas militares españolas, por lo cual la bandera debía ser bendecida previo a ser paseada triunfalmente y jurada por las tropas. Por otro lado, la bandera en sí, como símbolo tenía en la mente de Belgrano un efecto restaurador patriótico de largo alcance, pues, dice Matías Dib, “quejas, lamentos, frialdad, total indiferencia y hostilidad son tan manifiestas por parte de las poblaciones de las provincias interiores que, a los fines revolucionarios, Belgrano debe proponerse reparar la imagen y el sentir que hay de los porteños en las ciudades del norte del otrora virreinato rioplatense, y que se había generado cuando el Alto Perú fue gobernado por los delegados de la Junta de Buenos Aires, Castelli y Balcarce”.

La gran victoria que el general Manuel Belgrano, dos meses antes, había creído distante en el tiempo, tuvo lugar en Tucumán el 24 de septiembre de 1812; trascendente batalla patriota que al decir de Alfredo Díaz de Molina fue la que “imprimió a la Revolución de Mayo un carácter invencible, que la convirtió en la fuerza motriz de todas las revoluciones emancipadoras del Nuevo Mundo”. Belgrano debía verificar la promesa que hiciera a sus hombres respecto de la bandera (reservarla para enarbolarla cuando se produzca una gran victoria patriota). Se presume, pues, si somos estrictos a su manifestación, que no la sustrajo simplemente de la vista ni la guardó en su equipaje de campaña sino que la deshizo, es decir eliminó la jurada y bendecida el 25 de mayo en Jujuy. De manera que, de acuerdo a lo vaticinado por el héroe cuando se lo desautorizó por haberla enarbolado en sus baterías del Rosario, debía confeccionar otra bandera. Así nace la denominada “Bandera del Ejército” encargada por el General Manuel Belgrano para ser confeccionada en Tucumán (según consta por orden de pago al comerciante Toribio Tedín, del 25 de enero de 1813).

El 13 de febrero de 1813, tres días después de acampar a orillas de la margen norte del río Pasaje, en Salta, (inmediatamente denominado Juramento) el general Manuel Belgrano hizo jurar a sus tropas del Ejército del Norte fidelidad a la Asamblea General Constituyente del Año XIII por orden de la autoridad central y con instrucciones especiales. Aunque suele afirmarse lo contrario, a partir de la investigación del general Bartolomé Mitre, el juramento no fue a la bandera, sino a la Asamblea, en presencia de la bandera blanca y azul celeste, sostenida por el Barón de Holmberg.

Alcanzando ese punto de reunión general para el ejército del general Manuel Belgrano, Lorenzo Lugones, uno de sus oficiales, recuerda años después un acto solemne: “Habiendo el ejército formado en parada conforme a la orden general, se presentó Belgrano con una bandera blanca y celeste en la mano y la colocó con mucha circunspección y reverencia en el altar y proclamó enérgica y alusivamente diciendo: ‘Este será el color de la nueva divisa con que marcharán a la lid los nuevos campeones de la Patria’”.

Unos días después, el 20 de febrero de 1813, ondea por primera vez en una batalla la Bandera de la patria, triunfadora

Autor: JORGE MANUEL PICCHIO

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