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REVOLUCIÓN DE MAYO

La Revolución de Mayo fue una serie de acontecimientos revolucionarios ocurridos en el mes de mayo de 1810 en la ciudad de Buenos Aires, entonces capital del Virreinato del Río de la Plata, dependiente del Rey de España.

Dichos acontecimientos tuvieron como consecuencia la destitución del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y su reemplazo por la Primera Junta de gobierno, ocurrido el 25 de mayo de 1810.

Los eventos de la Revolución de Mayo sacudieron durante el transcurso de la llamada “Semana de Mayo”, entre el 18, fecha de la confirmación oficial de la caída de la Junta Suprema Central en España y el 25, fecha de asunción de los patriotas integrantes de la Primera Junta de Gobierno.

La Revolución de Mayo inició el proceso de surgimiento del actual estado argentino sin proclamación de la independencia formal, ya que la Primera Junta no reconocía la autoridad del Consejo de Regencia de España e Indias, pero aun gobernaba nominalmente en nombre del rey de España Fernando VII, quien había sido depuesto por las Abdicaciones de Bayona y su lugar ocupado por el francés José Bonaparte, hermano del Empedrador de Francia, Napoleón Bonaparte.

La toma de posesión de los cargos de cada uno de los integrantes de la Primera Junta de Gobierno, aquel 25 de mayo de 1810, fue celebrada bajo juramento de acuerdo al siguiente texto:

“¿Juráis a Dios nuestro Señor y a estos Santos Evangelios reconocer la Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata a nombre del Sr. D. Fernando Séptimo, y para guarda de sus augustos derechos, obedecer sus órdenes y decretos, y no atentar directa ni indirectamente contra su autoridad, propendiendo pública y privadamente a su seguridad y respeto?”

Esta manifestación de lealtad, conocida como la “máscara de Fernando VII”, es considerada por algunos historiadores como una maniobra política que ocultaba las intenciones independentistas. En cambio, otros sostienen que asumir esto sería como considerar que los revolucionarios eran “cínicos, embusteros y traidores”. (1)

La declaración de independencia de la Argentina, como todos recordamos y sabemos, tuvo lugar seis años después durante el Congreso de Tucumán, celebrado en la sesión del 9 de julio de 1816.

CAUSAS

a)      EXTERNAS: La declaración de Independencia de los Estados Unidos en el año 1776 de Gran Bretaña sirvió como un ejemplo para los criollos de que una revolución e independencia en Hispanoamérica eran posibles. La Constitución estadounidense proclamaba que todos los hombres eran iguales ante la ley (aunque por entonces, dicha proclamación no alcanzaba los esclavos…), defendía los derechos de propiedad y libertad y establecía un sistema de gobierno republicano.

A su vez, desde finales del siglo XVIII se había comenzado a difundir los ideales de la Revolución francesa de 1789, en la cual una asamblea popular finalizó con siglos de monarquía con la destitución y ejecuciones del rey de Francia Luis XVI y su esposa María Antonieta y la supresión de los privilegios de los nobles. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, cuyos principios eran liberté, egalité, fraternité (“libertad, igualdad, fraternidad”), tuvo una gran repercusión entre los jóvenes de la burguesía criolla. La Revolución francesa motivó también la expansión en Europa de los ideales liberales, que impulsaban las libertades políticas y económicas. Algunos liberales políticos influyentes de dicha época, opuestos a las monarquías y al absolutismo, eran Voltaire, Jean Jacques Rousseau, Montesquieu, Denis Diderot y Jean Le Rondo d’Alembart, mientras que el principal representante de la economía liberal era Adam Smith, autor del libro “La riqueza de las naciones” que proponía el libro comercio.

Pero, también es cierto que la difusión de esas ideas estaba muy restringida en los territorios españoles, pues no se permitía el ingreso de tales libros a través de las aduanas o la posesión no autorizada; no obstante ello, igualmente se difundía en forma clandestina (¿contrabando?).

JOSÉ BONAPARTE – REY DE ESPAÑA

Las ideas liberales alcanzaron incluso al ámbito eclesiástico, Francisco Suárez (1548 – 1617) sostenía que el poder político no pasa de Dios al gobernante en forma directa sino por intermedio del pueblo. Éste sería entonces, de acuerdo con Suárez, el que posee el poder y lo delega en hombres que manejan al estado y si dichos gobernantes no ejercieran apropiadamente su función de gerentes del bien común se transformarían en tiranos y el pueblo tendría el derecho de derrocarlos o enfrentarlos, y establecer nuevos gobernantes (2)

Mientras tanto, en Gran Bretaña, se inicia la revolución industrial, y para satisfacer ampliamente las necesidades de su propia población necesitaba nuevos mercados a los cuales vender su creciente producción de carbón, acero, telas y ropa. Gran Bretaña ambicionaba que el comercio de las colonias españolas en América dejara de estar monopolizado por su metrópoli.  Para lograr este fin intentó conquistarlas – recordemos las fallidas invasiones inglesas de los años 1806 y 1807 – o bien promovió su emancipación.

En Europa se desarrollaban las Guerras Napoleónicas, que enfrentaron al Imperio Napoleónico francés contra Gran Bretaña y España, entre otros países. Francia tuvo una gran ventaja inicial y, mediante las abdicaciones de Bayona (que mencionamos más arriba en esta nota), forzó la renuncia de Carlos IV de España y su hijo Fernando VII.  Ambos fueron reemplazados en el trono español por José Bonaparte, hermano del Emperador de Francia, Napoleón Bonaparte.  La monarquía española intentó resistir formando la Junta Suprema de España e Indias o Junta Suprema Central y, tras la derrota de ésta, el Consejo de Regencia de España e Indias o Consejo de Regencia.

FERNANDO VII de España

b)      INTERNAS: las reformas en la monarquía española, realizadas por la Casa de Borbón – que reemplazó a la Casa de Austria a partir del 16 de noviembre de 1700 y durante todo ese siglo – transformaron la Hispanoamérica de aquel entonces de “reinos” relativamente autónomos, en colonias enteramente dependientes de decisiones tomadas en España en beneficio de ella (3)  Entre las principales reformas borbónicas en América se destacó la creación del Virreinato del Río de la Plata en el año 1776, que reunió territorios dependientes hasta entonces del muy extenso Virreinato del Perú, y dio una importancia principal a su capital, la ciudad de Buenos Aires, que había tenido una significación segundaria hasta ese momento (4).

En el Virreinato del Río de la Plata el comercio exterior era un monopolio de España y legalmente no se permitía el comercio con otras potencias.  Esta situación era altamente desventajosa para Buenos Aires ya que la corona española minimizaba el envío de barcos rumbo a dicha ciudad.  Esta decisión de la metrópoli se debía a que la piratería obligaba a enviar a los barcos de comercio con una fuerte escolta militar, y ya que Buenos Aires no contaba con recursos de oro ni de plata ni disponía de poblaciones indígenas establecidas de las cuales obtener recursos o someter al sistema de encomienda, enviar los convoyes de barcos a la ciudad era mucho menos rentable que si eran enviados a México o Lima. Esta situación encarecía en demasía los productos, por lo que eran escasos e insuficientes para mantener a la población de Buenos Aires, lo que estimuló y desarrolló la actividad del contrabando, que era tolerado por la mayoría de los gobernantes locales.  El comercio ilícito (contrabando) alcanzaba montos similares al del comercio autorizado con Estaña (5).  En este contexto se formaron dos grupos de poder bien diferenciados:

1)      Los que reclamaban el comercio libre para importar directamente con cualquier país sin tener que necesariamente comprar todas las mercaderías trianguladas por España. Dentro de este grupo del comercio libre pueden distinguirse a su vez a un grupo de poderosos contrabandistas criollos o españoles asociados a los mercaderes ingleses que fomentaban la nula protección de la manufactura local y por el otro lado a un grupo que si bien quería romper el comercio español, no deseaba una desprotección de la manufactura y producción locales (Mariano Moreno).

2)      Los comerciantes monopolistas, autorizados por la Corona española, quienes rechazaban el libro comercio y propugnaban por la continuidad del monopolio ya que si los productos entraban legalmente disminuirían sus ganancias.

En la organización política, especialmente desde la fundación del Virreinato del Río de la Plata, el ejercicio de las instituciones residentes recaía en funcionarios designados por la corona, casi exclusivamente españoles provenientes de la metrópoli, sin vinculación con los problemas e intereses americanos.  Legalmente no había diferenciación de clases sociales entre españoles peninsulares y del virreinato, pero en la práctica los cargos más importantes recaían en los primeros.  La burguesía criolla, fortalecida por la revitalización del comercio e influida por las nuevas ideas, esperaba la oportunidad para acceder a la conducción política.

La revalidad entre los habitantes nacidos en la colonia y los de la España europea dio lugar a una pugna entre los partidarios de la autonomía y quienes deseaban conservar la situación establecida. Aquellos a favor de la autonomía se llamaba a sí mismos patriotas, americanos, sudamericanos o criollos, mientras que los partidarios de la realeza española se llamaban a sí mismos realistas. Los patriotas eran señalados despectivamente por los realistas como insurgentes, facciosos, rebeldes, sediciosos, revolucionarios, descreídos, herejes, libertinos o caudillos; mientras que los realistas eran a su vez tratados en forma despectiva como sarracenos, godos, gallegos, chapetones, matuchos o maturrangos por los patriotas.

Buenos Aires, la capital del Virreinato, logró un gran reconocimiento ante las demás ciudadanos del mismo luego de expulsar a las tropas inglesas en dos oportunidades durante las Invasiones Inglesas (6).  La victoria contra las tropas inglesas alentó los ánimos independentistas ya que el virreinato había logrado defenderse solo de un ataque externo, sin ayuda de España. Durante dicho conflicto se constituyeron milicias criollas que luego tendrían un importante peso político, la principal de ellas era el Regimiento de Patricios liderado por Cornelio Saavedra.

CARLOTA JOAQUINA DE BORBÓN

Una alternativa considerada antes de la revolución fue el Carlotismo, que consistía en apoyar a la infanta Carlota Joaquina de Borbón, hermana del rey Fernando VII de España y esposa y princesa consorte del príncipe regente Juan de Portugal, para que se pusiera al frente de todas las colonias españolas como regente.  Estaba capacitada para hacerlo por la derogación de la Ley Sálica en 1789, y su intención sería prevenir un posible avance francés sobre las mismas.  El intento no fue apoyado por los españoles peninsulares, pero sí por algunos núcleos revolucionarios que veían en ello la posibilidad de independizarse en los hechos de España.  Entre ellos se encontraban Juan José Castelli, Juan José Paso, Antonio Luis Beruti, Hipólito Vieytes y Manuel Belgrano; otros revolucionarios como Mariano Moreno y Cornelio Saavedra estaban en desacuerdo.  Sin embargo, la propia infanta renegó de tales apoyos, y denunció al virrey las motivaciones revolucionarias contenidas en las cartas de apoyo que le enviaron.  Sin ningún otro respaldo importante, las pretensiones de Carlota fueron olvidadas.  Incluso después de la revolución hubo algunas aisladas propuestas de coronación de la Infanta como estrategia dilatoria, pero ésta estaba completamente en contra de los sucesos ocurridos. En una carta enviada a José Manuel de Goyeneche dijo:

“En estas circunstancias creo de mi deber rogarte y encargarte que emplees todos tus esfuerzos en llegar cuanto antes a Buenos Aires; y acabes de una vez con aquellos pérfidos revolucionarios, con las mismas ejecuciones que practicaste en la ciudad de La Paz” (7)

c)      Corrientes de pensamiento subyacentes:

Sacerdote jesuita Francisco Suárez

Desde mediados del siglo XVIII en el Río de la Plata, al igual que lo que sucedía en el resto de la América española, dos corrientes de pensamiento distintas influyeron en la cosmovisión filosófica que impactó en la acción política.  Estas posiciones continuaron durante el proceso que se inició en 1810 y que culminó con la emancipación (8).

La primera corriente de pensamiento era de inspiración cristiana. Ella tuvo dis principales sub-escuelas.  La más arraigada fue la escuela sostenida por la doctrina del sacerdote jesuita Francisco Suárez (9) de la Escuela de Salamanca, que pregonó que la autoridad es dada por Dios pero no al rey sino al pueblo (10) que fue divulgaba por los profesores de la Universidad mayor Real y Pontificia San Francisco Xavier de Chuquisaca y aprendida por sus estudiantes, muchos de los cuales fueron varios de los posteriores patriotas que impulsaron la Revolución de Mayo. La otra escuela se inspiró en la Revolución Americana que, aunque tuvo otros orígenes, acuñó para sí como lema nacional la frase In God we trust que en inglés significa “En Dios confiamos” y que sintetiza acabadamente el pensamiento de los revolucionarios de las primitivas colonias norteamericanas (11).      

La segunda corriente de pensamiento fue racionalista, laicista e iluminista que sustentó la filosofía política de Voltaire y de la Revolución Francesa (12).

Hacia principios del siglo XIX, en el Río de la Plata, ambas corrientes de pensamiento se vieron reflejadas a través de diversos patriotas que gestaron la emancipación.  Así, el militar Cornelio Saavedra, fray Cayetano Rodríguez, fray Francisco de Paula Castañeda, el presbítero Pedro Ignacio de Castro Barros, el licenciado Manuel Belgrano, Esteban Agustín Gascón, Gregorio García de Tagle, entre muchos otros, fueron defensores del pensamiento católico y de la Iglesia en contra el anti-catolicismo de los grupos liderados primero por Mariano Moreno y Juan José Castelli (13) (14)  y después por Bernardino Rivadavia quien se valió de políticas regalistas y laicisantes (15)

ANTECEDENTES DE LA REVOLUCIÓN

a)      El virrey Santiago de Liniers: tras la victoria obtenida durante las Invasiones Inglesas, la población de Buenos Aires no aceptó que el virrey Rafael de Sobremonte retomara el cargo, ya que durante el ataque había huido de la ciudad rumbo a Córdoba con el erario público. Si bien Sobremonte lo hizo obedeciendo una ley que databa de la época de Pedro de Cevallos, que indicaba que en caso de ataque exterior se debían poner a resguardo los fondos reales, dicha acción lo hizo aparecer como un cobarde a los ojos de la población (16).  En su lugar, el nuevo virrey fue Santiago de Liniers, héroe de la reconquista, elegido por aclamación popular.

Sin embargo, la gestión de Liniers comenzó a recibir cuestionamientos.  El principal adversario político de Liniers era el gobernador de Montevideo, independiente de las autoridades de Buenos Aires.

En ese entonces confluyeron varios sectores con diferentes opiniones sobre cuál debía ser el camino a seguir en el Virreinato del Río de la Plata.  Una situación análoga a la que se estaba viviendo había sucedido un siglo antes, durante la Guerra de Sucesión Española entre los austracistas y los borbónicos, en la que durante quince años los dominios españoles de ultramar no sabían a quién reconocer como el rey legítimo. En aquella oportunidad una vez que se instaló Felipe V en el trono español los funcionarios americanos lo reconocieron y todo volvió a su curso.  Probablemente en 1810, muchos, especialmente españoles, creían que bastaba con formar una junta y esperar a que en España retornara la normalidad (16).

b)     Asonada de Álzaga: el alcalde y comerciante español afincado en Buenos Aires Martín de Álzaga y sus seguidores, hicieron estallar una asonada con el objetivo de destituir al virrey Liniers. El 1 de enero de 1809, un cabildo abierto exigió la renuncia de Liniers y designó una Junta a nombre de Fernando VII, presidida por Álzaga; las milicias españolas y un grupo de personas convencidos por la campana del cabildo apoyaron la rebelión.

Las milicias criollas encabezadas por Cornelio Saavedra rodearon la plaza, provocando la dispersión de los sublevados. Los cabecillas fueron desterrados y los cuerpos militares sublevados fueron disueltos. Como consecuencia, el poder militar quedó en manos de los criollos que habían sostenido a Liniers y la rivalidad entre criollos y españoles peninsulares se acentuó.  Los responsables del complot, desterrados a Carmen de Patagones, fueron rescatados por Elío y llevados a Montevideo.

c)      Nombramiento del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros: En España, la Junta Suprema Central decidió terminar con los enfrentamientos en el Virreinato del Río de la Plata disponiendo el reemplazo del virrey Liniers por don Baltasar Hidalgo de Cisneros, quien arribó a Montevideo en junio de 1809.  La Junta Suprema Central envió al nuevo virrey con instrucciones muy precisas: la detención de los partidarios de Liniers y la de los criollos que secretamente bregaban por la independencia (17).

El traspaso del mando se hizo en Colonia del Sacramento, Javier de Elío aceptó la autoridad del nuevo virrey y disolvió la Junta de Montevideo, volviendo a ser gobernador de la ciudad. Cisneros rearmó las milicias españolas disueltas tras la asonada contra Liniers, e indultó a los responsables de las mismas.

En Buenos Aires, Juan Martín de Pueyrredón se reunió con los jefes militares para tratar de desconocer la autoridad del nuevo virrey. Este plan contó con el apoyo de Saavedra, Belgrano, Eustoquio Díaz Vélez, Juan José Viamonte, Miguel de Azcuénaga, Castelli y Paso, pero no con el visto bueno de Liniers, que se mantuvo leal a los realistas.

d)     Agitación revolucionaria en el Alto Perú: el descontento con los funcionarios españoles se manifestó también en el interior del Virreinato del Río de la Plata, particularmente en el Alto Perú.

El 25 de mayo de 1809, una revolución destituyó al gobernador y presidente de la Real Audiencia de Charcas o Chuquisaca, Ramón García de León y Pizarro, acusado de apoyar al protectorado portugués; el mando militar recayó en el coronel Juan Antonio Álvarez de Arenales.  La autoridad civil quedó en situación indecisa, de modo que fue en parte ejercida por el mismo Arenales.

El 16 de julio en la ciudad de La Paz otro movimiento revolucionario liderado por el coronel Pedro Domingo Murillo y otros patriotas obligó a renunciar al gobernador intendente Tadeo Dávila y al obispo de La Paz, Remigio de la Santa y Ortega.  El poder recayó en el cabildo hasta que se formó la Junta Tuitiva de los Derechos del Pueblo, presidida por Murillo.

La revolución de Chuquisaca no se proponía alterar la fidelidad al rey, mientras que la revolución de La Paz se proclamó abiertamente independiente.  Actualmente, los historiadores tienen diversas interpretaciones sobre si la revolución de Chuquisaca tuvo motivaciones independentistas o si fue sólo una disputa entre fernandistas y carlotistas.  En consecuencia, existen desacuerdos sobre si la primera revolución independentista en Hispanoamérica fue la de Chuquisaca o la de La Paz (18).  Durante el proceso instruido a raíz de las revoluciones en Chuquisaca y La Paz se mencionó a Rousseau y su libro “El Contrato Social” como cuerpos del delito (2).

La reacción de los funcionarios españoles derrotó estos movimientos: el de La Paz fue aplastado sangrientamente por un ejército enviado desde el Virreinato del Perú, mientras que el de Chuquisaca fue sofocado por tropas que envió el virrey Cisneros.

Las medidas tomadas por el virrey contra dichas revoluciones acentuaron el resentimiento de los criollos contra los españoles peninsulares, ya que Álzaga fue indultado de la prisión recibida tras su asonada, lo cual reforzaba entre los criollos la sensación de inequidad (19).  Entre otros, Castelli estuvo presente en los debates de la Universidad de San Francisco Xavier en donde se alumbró el silogismo de Chuquisaca, el cual influenció sus posturas en la Semana de Mayo (20).

e)      Reformas económicas y medidas políticas de Cisneros: En el plano económico, ante las dificultades y costos del comercio con España, Cisneros aceptó la propuesta de Mariano Moreno e instauró el 6 de noviembre de 1809 el libre comercio con las demás potencias.  Los principales beneficiados eran Gran Bretaña y los sectores ganaderos que exportaban cueros.  Sin embargo, los comerciantes que se beneficiaban del contrabando reclamaron a Cisneros que anule el libre comercio, a lo cual accedió para no perder su apoyo.  Esto provocó a su vez que los ingleses, con Mac Kinnon y el capitán Doyle como representantes, reclamaran una revisión de la medida, haciendo valer el carácter de aliados contra Napoleón de España y Gran Bretaña.  Mariano Moreno también criticó la anulación, formulando la Representación de los Hacendados, la cual es considerada como el informe de política económica más completo de la época del virreinato.  Cisneros resolvió finalmente otorgar una prórroga al libre comercio, la cual finalizó el 19 de mayo de 1810.

El 25 de noviembre de 1809 Cisneros creó el Juzgado de Vigilancia Política, con el objeto de perseguir a los afrancesados y a aquellos que alentaran la creación de regímenes políticos que se opusieran a la dependencia de América de España.  Esta medida y un bando emitido por el virrey previniendo al vecindario de “díscolos que extendiendo noticias falsas y seductivas, pretenden mantener la discordia” les hizo pensar a los porteños que bastaba sólo un pretexto formal para que estallase la revolución.  Por eso, en abril de 1810, Cornelio Saavedra les expresaba a sus allegados:

“Aún no es tiempo; dejen ustedes que las brevas maduren y entonces las comeremos” (21)

 

CRONOLOGÍA DE LA SEMANA DE MAYO

Como ya lo hemos expresado, la Semana de Mayo es la semana que transcurrió en Buenos Aires, entre el 18 y el 15 de mayo de 1810, que se inició con la confirmación de la caída de la Junta Suprema Central y desembocó en la destitución del virrey Cisneros y la asunción de los patriotas integrando la Primera Junta de Gobierno.

El 14 de mayo arribó al puerto de Buenos Aires la goleta de guerra británica HMS Mistletoe procedente de Gibraltar con periódicos del mes de enero que anunciaban la disolución de la Junta Suprema Central al ser tomada la ciudad de Sevilla por los francesas, que ya dominaban casi toda la Península, señalando que algunos diputados se habían refugiado en la isla de León, en Cádiz.  La Junta era uno de los últimos bastiones del poder de la corona española, y había caído ante el imperio napoleónico, que había alejado con anterioridad al rey Fernando VII mediante las Abdicaciones de Bayona.  El día 17 se conocieron en Buenos Aires noticias coincidentes llegadas a Montevideo el día 13 en la fragata británica HMS John Paris, agregándose que los diputados de la Junta habían sido rechazados estableciéndose una Junta en Cádiz.  Se había constituido un Consejo de Regencia de España e Indias, pero ninguno de los dos barcos transmitió esa noticia.  Cisneros intentó ocultar las noticias estableciendo una rigurosa vigilancia en torno a las naves de guerra británicas e incautando todos los periódicos que desembarcaron de los barcos, pero uno de ellos llegó a manos de Manuel Belgrano y de Juan José Castelli.  Estos se encargaron de difundir la noticia, que ponía en entredicho la legitimidad del virrey, nombrado por la Junta caída (22).

También se puso al tanto de las noticias a Cornelio Saavedra, jefe del regimiento de Patricios, que en ocasiones anteriores había desaconsejado tomar medidas contra el virrey.  Saavedra consideraba que, desde un punto de vista estratégico, el momento ideal para actuar sería cuando las fuerzas napoleónicas lograran una ventaja decisiva en la guerra contra España.  Al conocer las noticias de la caída de la Junta de Sevilla, Saavedra consideró que el momento había llegado (23).  El grupo encabezado por Castelli se inclinaba por la realización de un cabildo abierto, mientras los militares criollos proponían deponer al virrey por la fuerza.

a)      Viernes 18 de mayo: ante el nivel de conocimiento público alcanzado por la noticia de la caída de la Junta de Sevilla, Cisneros realizó una proclama en donde reafirmaba gobernar en nombre del rey Fernando VII, para intentar calmar los ánimos. Cisneros habló de la delicada situación en la península, pero no confirmó en forma explícita que la Junta había caído, si bien era consciente de ello (24).  Parte de la proclama decía lo siguiente:

“En América española subsistirá el trono de los Reyes Católicos, en el caso de que sucumbiera en la península. (…) No tomará la superioridad la determinación alguna que no sea previamente acordada en unión de todas las representaciones de la capital, a que posteriormente se reúnan las de sus provincias dependientes, entretanto que de acuerdo con los demás virreinatos se establece una representación de la soberanía del señor Fernando VII (25)”.

El grupo revolucionario principal se reunía indistintamente en la casa de Nicolás Rodríguez Peña o en la jabonería de Hipólito Vieytes.  Concurrían a esas reuniones, entre otros, Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Juan José Paso, Antonio Luis Beruti, Eustoquio Díaz Vélez, Feliciano Antonio Chiclana, José Darragueira, Martín Jacobo Thompson y Juan José Viamonte.  Otro grupo se congregaba en la quinta de Orma, encabezado por fray Ignacio Grela y entre los que se destacaba Domingo French.

Algunos criollos se juntaron esa noche en la casa de Rodríguez Peña.  Cornelio Saavedra, quien se hallaba en San Isidro, fue llamado de urgencia y concurrió a la reunión en la que se decidió solicitar al virrey la realización de un cabildo abierto para determinar los pasos a seguir por el virreinato.  Para esa comisión, fueron designados Castelli y Martín Rodríguez (26).

b)      Sábado 19 de mayo: tras pasar la noche tratando el tema, durante la mañana Saavedra y Belgrano se reunieron con el alcalde de primer voto, Juan José Lezica, y Castelli con el síndico procurador, Julián de Leyva, pidiendo el apoyo del Cabildo de Buenos Aires para gestionar ante el virrey un cabildo abierto, expresando que de no concederse, “lo haría por sí solo el pueblo o moriría en el intento”.

c)      Domingo 20 de mayo: Lezica transmitió a Cisneros la petición que había recibido, y éste, consultó a Leyva, quien se mostró favorable a la realización de un cabildo abierto.  Antes de tomar una decisión, el virrey citó a los jefes militares para que se presenten a las siete horas de la tarde en el fuerte (27). Según cuenta Cisneros en sus Memorias, les recordó:

(…) “Las reiteradas protestas y juramentos de fidelidad con que me habían ofrecido defender la autoridad y sostener el orden público y les exhorté a poner en ejercicio su fidelidad al servicio de S.M. y de la patria”.

Antes que los militares convocados ingresaran al fuerte, los batallones de urbanos fueron acuartelados y provistos de munición de guerra.  No fue casualidad que fuera Saavedra el que hablara por todos: era el comandante del cuerpo de Patricios, la unidad militar más importante del Virreinato.  En sus Memorias, escritas muchos años después de estos sucesos, Saavedra describió aquella reunión explicando que ante el silencio de sus compañeros “yo fui el que digo”:

“Señor, son muy diversas las épocas del 1º de enero de1809 y la de mayo de 1810, en que nos hallamos.  En aquella existía la España, aunque ya invadida por Napoleón; en ésta, toda ella, todas sus provincias y plazas están subyugadas por aquel conquistador, excepto solo Cádiz y la isla de León, como nos aseguran las gacetas que acaban de venir y V.E. en su proclama de ayer. ¿Y qué, señor? ¿Cádiz y la isla de León son España? (…) ¿Los derechos de la Corona de Castilla a que se incorporaron las Américas, han recaído en Cádiz y la isla de León, que son una parte de las provincias de Andalucía? No señor, no queremos seguir la suerte de la España, ni ser dominados por los franceses, hemos resuelto reasumir nuestros derechos y conservarnos por nosotros mismos.  El que a V.E. dio autoridad para mandarnos ya no existe; de consiguiente usted tampoco la tiene ya, así que no cuente con las fuerzas de mi mando para sostenerse en ella. Con este desengaño, concluyó diciendo: “Pues señores, se hará el cabildo abierto que se solicita.  Y en efecto se hizo el 22 del mismo mayo” (Saavedra, 1960, página 1052)”.

Al anochecer se produjo una nueva reunión en casa de Rodríguez Peña, en donde los jefes militares comunicaron lo ocurrido.  Se decidió enviar inmediatamente a Castelli y a Martín Rodríguez a entrevistarse con Cisneros en el fuerte, facilitando su ingreso el comandante Terrada de los granaderos provinciales que se hallaba de guarnición ese día.  El virrey se encontraba jugando a los naipes con el brigadier Quintana, el fiscal Caspe y el edecán Coicolea cuando los comisionados irrumpieron.  Martín Rodríguez, en sus Memorias, relató cómo fue la entrevista, en donde Castelli se dirigió a Cisneros así:

“Excelentísimo señor: tenemos el sentimiento de venir en comisión por el pueblo y el ejército, que están en armas, a intimar a V.E. la cesación en el mando del virreinato”.

Cisneros respondió:

“¿Qué atrevimiento es éste? ¿Cómo se atropella así a la persona del Rey en su representante?

Pero Rodríguez Peña (según sus Memorias) lo detuvo advirtiéndole:

“Señor: cinco minutos es el plazo que se nos ha dado para volver con la contestación, vea V.E. lo que hace”.

Solamente defendió la posición de Cisneros el síndico procurador del cabildo, Julián de Leyva.  Ante la situación, Caspe llevó a Cisneros a su despacho para deliberar juntos unos momentos y luego regresaron.  El virrey se resignó y permitió que se realizara el cabildo abierto.  Según cuenta Martín Rodríguez en sus Memorias póstumas, escritas muchos años después, sus palabras fueron:

“Señores, cuanto siento los males que van a venir sobre este pueblo de resultas de este paso; pero puesto que el pueblo no me quiere y el ejército me abandona, hagan ustedes lo que quieran” (28).

El cabildo abierto se celebraría el 22 de mayo siguiente.

Esa misma noche se representó una obra de teatro cuyo tema era la tiranía, llamada Roma Salvada, a la cual concurrieron buena parte de los revolucionarios.  El jefe de la policía intentó convencer al actor de que no se presentara y que, con la excusa de que éste estuviera enfermo, la obra fuera reemplazara con Misantropía y arrepentimiento, del poeta alemán Kotzebue.  Los rumores de censura policial se extendieron con rapidez, por lo que Morante salió e interpretó la obra prevista, en la cual interpretaba a Cicerón.  En el cuarto acto, Morente exclamaba lo siguiente:

“Entre regir al mundo o ser esclavos ¡Elegid, vendedores de la tierra! ¡Gloria de Roma, majestad herida! ¡De tu sepulcro al pie, patria, despierta! César, Murena, Lúculo, escuchadme: ¡Roma exige un caudillo en sus querellas! Guardemos la igualdad para otros tiempos: ¡El Galo ya está en Roma! ¡Vuestra empresa del gran Camilo necesita el hierro! ¡Un dictador, un vengador, un brazo! ¡Designad al más digno y yo lo sigo!” (29).

Dicha escena encendió los ánimos revolucionarios, que desembocaron en un aplauso frenético a la obra.  El propio Juan José Paso se levantó y grito: “¡Viva Buenos Aires libre!”.

 

d)      Lunes 21 de mayo: a las tres, el Cabildo inició sus trabajos de rutina, pero se vieron interrumpidos por seiscientos hombres armados, agrupados bajo el nombre de “Legión Infernal”, que ocuparon la Plaza de la Victoria, hoy Plaza de Mayo, y exigieron a gritos que se convocase aun cabildo abierto y se destituyese al virrey Cisneros.  Llevaban un retrato de Fernando VII y en el ojal de sus chaquetas una cinta blanca que simbolizaba la unidad criollo-española (30).

Entre los agitadores se destacaron Domingo French y Antonio Beruti.  Estos desconfiaban de Cisneros y no creían que fuera a cumplir su palabra de permitir la celebración del cabildo abierto del día siguiente.  El síndico Julián de Leyva no tuvo éxito en calmar a la multitud al asegurar que el mismo se celebraría como estaba previsto.  La gente se tranquilizó y dispersó gracias a la intervención de Cornelio Saavedra, jefe del Regimiento de Patricios, que aseguró que los reclamos de la Legión Infernal contaban con su apoyo militar y quien comunicó que él personalmente iba a

“…designar las guardias para las avenidas de la Plaza con oficiales de Patricios y que dichas guardias estarían a las órdenes del Capitán Eustoquio Díaz Vélez, de cuya adhesión, de ninguna manera, podía dudar el pueblo…” (31).

El 21 de mayo se repartieron cuatrocientos cincuenta invitaciones entre los principales vecinos y autoridades de la capital.  La lista de invitados fue elaborada por el Cabildo, teniendo en cuenta a los vecinos más prominentes de la ciudad.  Sin embargo, el encargado de su impresión, Agustín Donado, compañero de French y Beruti, imprimió muchas más de las necesarias y las repartió entre los criollos.

La invitación decía así:

“El Exmo Cabildo convoca a Vd para que se sirva asistir, precisamente mañana 22 del corriente, a las nueve, sin etiqueta alguna, y en clase de vecino, al cabildo abierto que con avenencia del Exmo Señor Virrey ha acordado celebrar; debiendo manifestar esta esquela a las tropas que guarnecerán las avenidas de esta plaza, para que se le permita pasar libremente”.

e)      Martes 22 de mayo: De los cuatrocientos cincuenta invitados al cabildo abierto solamente participaron unos doscientos cincuenta.  French y Beruti, al mando de seiscientos hombres armados con cuchillos, trabucos y fusiles, controlaron el acceso a la plaza, con la finalidad de asegurar que el cabildo abierto fuera copado por criollos.

El cabildo abierto se prolongó desde la mañana hasta la medianoche, contando con diversos momentos, entre ellos la lectura de la proclama del Cabildo, el debate, “que hacía de suma duración el acto”, como se escribió en el documento o acta, y la votación, individual y pública, escrita por cada asistente y pasada al acta de la sesión.

El debate en el Cabildo tuvo como tema principal la legitimidad o no del gobierno y de la autoridad del virrey.  El principio de la retroversión de la soberanía planteaba que, desaparecido el monarca legítimo, el poder volvía al pueblo, y que éste tenía derecho a formar un nuevo gobierno.

Hubo dos posiciones principales enfrentadas: los que consideraban que la situación debía mantenerse sin cambios, respaldando a Cisneros en su cargo de virrey, y los que sostenían que debía formarse una junta de gobierno en su reemplazo, al igual que en España.  No reconocían la autoridad del Consejo de Regencia de España y de Indias argumentando que las colonias en América no habían sido consultadas para su formación (32). El debate abarcó también, de manera tangencial, la rivalidad entre criollos y españoles peninsulares, ya que quienes proponían mantener al virrey consideraban que la voluntad de los españoles debía primar por sobre la de los criollos.

El primer orador fue el obispo de Buenos Aires, Benito Lué y Riega, máxima autoridad de la iglesia local, que sostuvo la primera postura:

“No solamente no hay porqué hacer novedad con el virrey, sino que aun cuando no quedase parte alguna de la España que no estuviese sojuzgada, los españoles que se encontrasen en la América deben tomar y reasumir el mando de ellas y que éste sólo podría venir a manos de los hijos del país cuando ya no hubiese un español en él.  Aunque hubiese quedado un solo vocal de la Junta Central de Sevilla y arribase a nuestras playas, lo deberíamos recibir como al Soberano (33)”.

Juan José Castelli habló a continuación, y sostuvo que los pueblos americanos debían asumir la dirección de sus destinos hasta que cesara el impedimento de Fernando VII de regresar al trono;

“Desde la salida del Infante don Antonio, de Madrid, había caducado el Gobierno Soberano de España, que ahora con mayor razón debía considerarse haber expirado con la disolución de la Junta Central, porque, además de haber sido acusada de infidencia por el pueblo de Sevilla, no tenía facultades para el establecimiento del Supremo Gobierno de Regencia; ya porque los poderes de sus vocales eran personalísimos para el gobierno, y no podría delegarse, ya por la falta de concurrencia de los Diputados de América en la elección y establecimiento de aquel gobierno, deduciendo de aquí su ilegitimidad, la reversión de los derechos de la Soberanía al pueblo de Buenos Aires y su libre ejercicio en la instalación de un nuevo gobierno, principalmente no existiendo ya, como su suponía no existir, la España en la dominación del señor don Fernando Séptimo” (20).

 

19109: Festejo del Centenario de la Revolución de Mayo

Pascual Ruiz Huidobro expuso que, dado que la autoridad que había designado a Cisneros había caducado, éste debía considerarse separado de toda función de gobierno, y que, en su función de representante del pueblo, el Cabildo debía asumir y ejercer la autoridad.

 

El fiscal Manuel Genaro Villota, representante de los españoles más conservadores, señaló que la ciudad de Buenos Aires no tenía derecho a tomar decisiones unilaterales sobre la legitimidad del virrey o el Consejo de Regencia sin hacer partícipes del debate a las demás ciudades del Virreinato.  Argumentaba que ello rompería la unidad del país y establecería tantas soberanías como pueblos.  Juan José Paso le dio la razón en el primer punto, pero adujo que la situación del conflicto en Europa y la posibilidad de que las fuerzas napoleónicas prosiguieran conquistando las colonias americanas demandaban una solución urgente (34).  Adujo entonces el argumento de la hermana mayor, por la cual Buenos Aires tomaba la iniciativa de realizar los cambios que juzgaba necesarios y convenientes, bajo la expresa condición de que las demás ciudades serían invitadas a pronunciarse a la mayor brevedad posible (35).  La figura retórica de la “Hermana mayor”, comparable a la gestión de negocios, es un nombre que hace una analogía entre la relación de Buenos Aires y las otras ciudades del Virreinato con una relación filial.

 

Cornelio Saavedra

El cura Juan Nepomuceno Solá opinaba que el mando debía entregarse al Cabildo, pero sólo en forma provisional, hasta la realización de una junta gubernativa, con llamamiento a representantes de todas las poblaciones del virreinato.

El comandante Pedro Andrés García, íntimo amigo de Cornelio Saavedra, comentó al votar: “Que considerando la suprema ley la salud del pueblo y advertido y aun tocado por sí mismo la efervescencia y acaloramiento de él con motivo de las ocurrencias de la Metrópoli, para que se varíe el Gobierno, que es a lo que aspira, cree de absoluta necesidad el que así se realice, antes de tocar desgraciados extremos, como los que se persuade habría, si aún no se resolviese así en la disolución de esta Ilustre Junta; repite por los conocimientos que en los días de antes de ayer, ayer y anoche ha tocado pro sí mismo, tranquilizando los ánimos de los que con instancia en el pueblo así lo piden” (36).

Cornelio Saavedra propuso que el mando se delegara en el Cabildo hasta la formación de una junta de gobierno, en el modo y forma que el Cabildo estimara conveniente.  Hizo resaltar la frase de que “(…) y no queda duda de que el pueblo es el que confiere la autoridad o mando”.  A la hora de la votación, la postura de Castelli se acopló a la de Saavedra.

Luego de los discursos, se procedió a votar por la continuidad del virrey, solo o asociado, o por su destitución.  La votación duró hasta la medianoche, y se decidió por amplia mayoría destituir al virrey: ciento cincuenta y cinco votos contra sesenta y nueve.  Los votos contrarios a Cisneros se distribuyeron de la siguiente manera (37):

-          Fórmula según la cual la autoridad recae en el Cabildo: cuatro votos.

-          Fórmula de Juan Nepomuceno de Solá: dieciocho votos.

-          Fórmula de Pedro Andrés García, Juan José Paso y Luis José Chorroarín: veinte votos.

-          Fórmula de Ruiz Huidobro: veinticinco votos.

-          Fórmula de Saavedra y Castelli: ochenta y siete votos.

 

f)       Miércoles 23 de mayo: tras la finalización del Cabildo abierto se colocaron avisos en diversos puntos de la ciudad que informaban de la creación de la Junta y la convocatoria a diputados de las provincias, y llamaba a abstenerse de intentar acciones contrarias al orden público.

Por la mañana se reunió el Cabildo para contar los votos emitidos el día anterior y emite un documento:

“Hecha la regulación con el más prolijo examen resulta de ella que el Exmo Señor Virrey debe cesar en el mando y recae éste provisoriamente en el Exmo Cabildo (…) hasta la erección de una Junta que ha deformar el mismo Exmo Cabildo, en la manera que estime conveniente” (Felipe Pigna, 2007, página 238).

 

g)      Jueves 24 de mayo: A propuesta del síndico Leyva, el Cabildo conformó la nueva Junta, que debía mantenerse hasta la llegada de los diputados del resto del Virreinato.  Estaba formada por:

Presidente y Comandante de armas: Baltasar Hidalgo de Cisneros

Vocales: Cornelio Saavedra (militar, criollo); Juan José Castelli (abogado, criollo); Juan Nepomuceno de Solá (sacerdote, español) y José Santos Inchaúrregui (comerciante, español).

Dicha fórmula respondía a la propuesta del obispo Lué y Riega de mantener al virrey en el poder con algunos asociados o adjuntos, a pesar de que en el Cabildo abierto la misma hubiera sido derrotada en las elecciones.  Los cabildantes consideraban que de esta forma se contendrían las amenazas de revolución que tenían lugar en la sociedad (38).  Asimismo, se incluyó un reglamento constitucional de trece artículos, redactado por Leyva, que regiría el accionar de la Junta.  Éntrelos principios incluidos, se preveía que la Junta no ejercería el poder judicial, que sería asumido por la Audiencia; que Cisneros no podría actuar sin el respaldo de los otros integrantes de la Junta; que el Cabildo podría deponer a los miembros de la Junta que faltaran a sus deberes y debía aprobar las propuestas de nuevos impuestos; que se sancionaría una amnistía general respecto de las opiniones emitidas en el cabildo abierto del 22; y que se pediría a los cabildos del interior (entre ellos, al de la ciudad de Corrientes) que enviaran diputados.  Los comandantes de los cuerpos armados dieron su conformidad, incluyendo a Saavedra y Pedro Andrés García.

Cuando la noticia fue dada a conocer, tanto el pueblo como las milicias volvieron a agitarse, y la plaza fue invadida por una multitud comandada por French y Beruti.  La permanencia de Cisneros en el poder, aunque fuera con un cargo diferente al de virrey, era vista como una burla a la voluntad del Cabildo Abierto.  El coronel Martín Rodríguez lo explicaba así:

“Si nosotros nos comprometemos a sostener esa combinación que mantiene en el gobierno a Cisneros, en muy pocas horas tendríamos que abrir fuego contra nuestro pueblo, nuestros mismos soldados nos abandonarían; todos sin excepción reclaman la separación de Cisneros” (39).

Hubo una discusión en la casa de Rodríguez Peña, lugar en que se reunieron dirigentes civiles y oficiales de los cuerpos, entre ellos: Manuel Belgrano, Eustoquio Díaz Vélez, Domingo French y Feliciano Antonio Chiclana, donde se llegó a dudar de la lealtad de Cornelio Saavedra.  Castelli se comprometió a intervenir para que el pueblo fuera consultado nuevamente, y entre Mariano Moreno, Matías Irigoyen y Feliciano Antonio Chiclana se calmó a los militares y a la juventud de la plaza.  Finalmente, decidieron deshacer lo hecho, convocar nuevamente al pueblo y obtener del cabildo una modificación sustancial con una lista de candidatos propios.  Cisneros no podía figurar.

Por la noche, una delegación encabezada por Castelli y Saavedra se presentó en la residencia de Cisneros informando el estado de agitación popular y sublevación de las tropas, y demandando su renuncia.  Lograron conseguir en forma verbal su dimisión.  Un grupo de patriotas reclamó en la casa del síndico Leyva que se convocara nuevamente al pueblo, y pese a sus resistencias iniciales finalmente accedió a hacerlo.

h)      Viernes 25 de mayo: Durante la mañana del 25 de mayo, una gran multitud comenzó a reunirse en la plaza de la Victoria (actual Plaza de Mayo), liderados por los milicianos de Domingo French y Antonio Beruti.  Se reclamaba la anulación de la resolución del día anterior, la renuncia definitiva del virrey Cisneros y la formación de otra Junta de gobierno.  El historiador Bartolomé Mitre afirmó que French y Beruti repartían escarapelas celestes y blancas entre los concurrentes; historiadores posteriores ponen en duda dicha afirmación, pero sí consideran factible que se hayan repartido distintivos entre los revolucionarios.  Ante las demoras en emitirse una resolución, la gente comenzó a agitarse, reclamando:

¡El pueblo quiere saber de qué se trata!

La multitud invadió la sala capitular, reclamando la renuncia del virrey y la anulación de la resolución tomada el día anterior.

El Cabildo se reunió a las nueve de la mañana y reclamó que la agitación popular fuese reprimida por la fuerza.  Con este fin se convocó a los principales comandantes, pero éstos no obedecieron las órdenes impartidas.  Los que sí lo hicieron afirmaron que no solo no podrían sostener al gobierno, sino tampoco a sus tropas, y que en caso de intentar reprimir las manifestaciones serían desobedecidas por éstas.

Cisneros seguía resistiéndose a renunciar, y tras mucho esfuerzo de los capitulares lograron que ratificase y formalizase los términos de su renuncia, abandonando pretensiones de mantenerse en el gobierno.  Esto, sin embargo, resultó insuficiente, y representantes de la multitud reunida en la plaza reclamaron que el pueblo reasumiera la autoridad delegada en el Cabildo Abierto del día 22, exigiendo la formación de una Junta.  Además, se disponía el envío de una expedición de quinientos hombres para auxiliar a las provincias interiores.

Pronto llegó a la sala capitular la renuncia de Cisneros, “prestándose a ello con la mayor generosidad y franqueza, resignado a mostrar el punto a que llega su consideración por la tranquilidad pública y precaución de mayores desórdenes” (40).  La composición de la Primera Junta surge de un escrito presentado por French y Beruti y respaldado por un gran número de firmas.  Sin embargo, no hay una posición unánime entre los historiadores sobre la autoría de dicho escrito.  Algunos como Vicente Fidel López, sostienen que fue exclusivamente producto de la iniciativa popular.  Para otros, como el historiador Miguel Ángel Scenna, lo más probable es que la lista haya sido el resultado de una negociación entre tres partidos, que habrían ubicado a tres candidatos cada uno: los carlotistas, los juntistas o alzaguistas y el “partido miliciano”.  Belgrano, Castelli y Paso eran carlotistas.  Los partidarios de Álzaga eran Moreno, Matheu y Larrea.  No hay duda de que Saavedra y Azcuénaga representaban al poder de las milicias formadas durante las invasiones inglesas; en el caso de Alberti, esta pertenencia es más problemática (41).

Los capitulares salieron al balcón para presentar directamente a la ratificación del pueblo la petición formulada.  Pero, dado lo avanzada de la hora y el estado del tiempo, la cantidad de gente en la plaza había disminuido, cosa que Julián de Leyva adujo para ridiculizar la pretensión de la diputación de hablar en nombre del pueblo.  Esto colmó la paciencia de los pocos que se hallaban en la plaza bajo la llovizna.  A partir de ese momento (dice el acta del Cabildo):

“…se oyen entre aquellos las voces de que si hasta entonces se había procedido con prudencia porque la ciudad no experimentase desastres, sería ya preciso echar mano a los medios de violencia; que las gentes, por ser hora inoportuna, se habían retirado a sus casas; que se tocase la campana de Cabildo, y que el pueblo se congregase en aquel lugar para satisfacción del Ayuntamiento; y que si por falta del badajo no se hacía uso de la campana, mandarían ellos tocar generala, y que se abriesen los cuarteles, en cuyo caso sufriría la ciudad lo que hasta entonces se había procurado evitar” (40).

El badajo de la campana del cabildo había sido mandado retirar por el virrey Liniers tras la asonada de Álzaga de 1809.  Ante la perspectiva de violencias mayores, el petitorio fue leído en voz alta y ratificado por los asistentes.  El reglamento que regiría a la Junta fue, a grandes rasgos, el mismo que se había propuesto para la Junta del 24, añadiendo que el Cabildo controlaría la actividad de los vocales y que la Junta nombraría reemplazantes en caso de producirse vacantes.  La titulada Junta provisional gubernativa de la capital del Río de la Plata – según consta en la proclama del 26 de mayo de 1810 – que la tradición y la historiografía conocen como la “Primera Junta”, estaba compuesta de la siguientes manera (42):

Presidente: Cornelio Saavedra

Vocales: Dr. Juan José Castelli; Dr. Manuel Belgrano; Miguel de Azcuénaga; Dr. Manuel Alberti; Domingo Matheu y Juan Larrea

Secretarios: Dr. Juan José Paso y Dr. Mariano Moreno.

La Junta era un cuerpo plural que estaba integrado por nueva miembros, siete de ellos americanos – o criollos – y dos españoles peninsulares; estos últimos eran Matheu y Larrea.  Desde el punto de vista social estaba conformada por representantes de diversos sectores de la sociedad: Saavedra y Azcuénaga eran militares; Belgrano, Castelli, Moreno y Paso eran abogados; Larrea y Matheu eran comerciantes y Alberti era sacerdote.  Desde el punto de vista político, los tres partidos revolucionarios estaban representados por tres miembros cada uno: Saavedra, Azuénaga y Alberti eran moderados, Castelli, Belgrano y Paso eran carlotistas y Matheu, Larrea y Moreno eran juntistas o alzaguistas (43).

Acto seguido, Saavedra habló a la muchedumbre reunida bajo la lluvia, y luego se trasladó al Fuerte entre salvas de artillería y toques de campana.

“Al mismo tiempo que el sol se ponía en el horizonte, una compañía de Patricios mandada por don Eustoquio Díaz Vélez anunciaba, al son de cajas y voz de pregoneros, que el Virrey de las Provincias Unidas del Río de la Plata había caducado, y que el Cabildo reasumía el mando supremo del Virreynato por voluntad del pueblo” (44).

El mismo 25, Cisneros despachó a José Melchor Lavín rumbo a Córdoba, para advertir a Santiago de Liniers lo sucedido y reclamarle acciones militares contra la Junta.

PROCLAMA DEL 26 DE MAYO DE 1810

El 26 de mayo de 1810, la Primera Junta – oficialmente la “Junta Provisional Gubernativa de la capital del Río de la Plata” – emitió una proclama que dirigió “a los habitantes deella, y de las provincias de su superior mando”, dando noticia de la nueva autoridad surgida de los sucesos de la Revolución de Mayo.

En nuestra ciudad de Corrientes, esa proclama se conoció recién el día 16 de junio de 1810 (teniendo en cuenta las dificultades para trasladarse desde Buenos Aires).

CIRCULAR A LOS CABILDOS DEL INTERIOR

En el acta del Cabildo de Buenos Aires del 25 de mayo, se indicaba a la Junta que remitiera una circular a los cabildos del interior (entre ellos, el de nuestra ciudad de Corrientes), para que las provincias envíen diputados a la capital:

“Apartado X: que los referidos S.S. despachen sin pérdida de tiempo órdenes circulares a los Xefes (sic) de lo interior y demás a quienes corresponde, encargándoles muy estrechamente baxo (sic) de responsabilidad, hagan que los respectivos Cabildos de cada uno convoquen por medio de esquelas a la parte principal y más sana del vecindario, para que formando un congreso de solos los que en aquella forma hubiesen sido llamados elijan sus representantes y estos hayan de reunirse á la mayor brevedad en esta Capital” (45).

 

Proclama de la Junta provisional gubernativa del Río de la Plata del 26/5/1810

La Junta hizo una circular el 27 de mayo solicitando la elección de los diputados:

“Asimismo importa que V. quede entendido que los diputados han de irse incorporando en esta junta, conforme y por el orden de su llegada á la capital, para que así se hagan de la parte de confianza pública que conviene al mejor servicio del rey y gobierno de los pueblos, imponiéndose con cuanta anticipación conviene á la formación de la general de los graves asuntos que tocan al gobierno.  Por lo mismo, se habrá de acelerar el envío de diputados, entendiendo deber ser uno por cada ciudad ó villa de las provincias, considerando que la ambición de los extranjeros puede excitarse á aprovechar la dilación en la reunión para defraudar á Su Majestad los legítimos derechos que se trata de preservar” (46).

El haber derrocado al virrey y a la junta que en principio se había formado para representarlo, reemplazándolos por la Primera junta fue algo escandaloso para muchos y por lo tanto las primeras reacciones en el virreinato ante lo sucedido no fueron las mejores:

-          En Córdoba, se armó una contrarrevolución, liderada por Liniers;

-          En Mendoza, hubo algunas reticencias en aceptar a la nueva Junta;

-          En Salta, hubo muchas discusiones;

-          La resistencia fue activa en el Alto Perú, Paraguay y Montevideo;

-          En nuestra ciudad de Corrientes, hubo algunos “amagos” pero se convocó a sesión del Cabildo para elegir, tal como solicitaba la proclama de la Primera Junta Patria del 27 de mayo, un diputado para integrarla. Se presentaron varios candidatos y por mayoría de votos, el Dr. José Simón García de Cossio resultó elegido por lo que es considerado el primer diputado nacional. Recordemos que finalmente la Primera Junta Patria fue disuelta en 1811, asumiendo el Primer Triunvirato; pero eso ya es tema de otro artículo.

LA VERSIÓN DE BALTASAR HIDALGO DE CISNEROS

El virrey Cisneros brindó su versión de los hechos de la semana de mayo en una carta dirigida al rey Fernando VII, con fecha 22 de junio de 1810, que transcribimos:

“Había yo ordenado que se apostase para este acto una compañía en cada bocacalle de las de la plaza a fin de que no se permitiese entrar en ella ni subir a las Casas Capitulares persona alguna que no fuese de las citadas; pero la tropa y los oficiales eran del partido; hacían lo que sus comandantes las prevenían secretamente y éstos les prevenían lo que les ordenaba la facción:

Negaban el paso a la plaza a los vecinos honrados y lo franqueaban a los de la confabulación; tenían algunos oficiales copia de las esquelas de invitación sin nombre y con ellos introducían a las casas del Ayuntamiento a sujetos no citados por el Cabildo o porque los conocían de la parcialidad o porque los ganaban con dinero, así es que en una Ciudad de más de tres mil vecinos de distinción y nombre solamente concurrieron doscientos y de éstos, muchos pulperos, algunos artesanos, otros hijos de familia y los más ignorantes y sin las menores nociones para discutir un asunto de la mayor gravedad” (47).

NOTAS:

(1)   De Gandía, Enrique (1952): La revisión de la historia argentina; Buenos Aires: Ediciones Antonio Zamora, página 25-32.

(2)   Abad de Santillán, Diego (1965): La Revolución de Mayo: Factores convergentes y determinantes” – Historia Argentina, Buenos Aires: TEA (Tipográfica Editora Argentina) – página 387.

(3)   Levene, Ricardo (1951): las indias no eran colonias; Buenos Aires, México: Espasa-Calpe.

(4)   Kossok, Manfred (1986): El virreinato del Río de la Plata: su estructura económico-social, Hyspamérica.

(5)   Abad de Santillán, Diego (1965): La Revolución de Mayo: Factores convergentes y determinantes” – Historia Argentina, Buenos Aires: TEA (Tipográfica Editora Argentina) – página 391.

(6)   Este prestigio fue utilizado como argumento por el patriota Juan José Paso para justificar en el cabildo abierto que Buenos Aires tomara la iniciativa de reemplazar al virrey sin consultar previamente a las otras ciudades.

(7)   Abad de Santillán, Diego (1965): La Revolución de Mayo: Factores convergentes y determinantes” – Historia Argentina, Buenos Aires: TEA (Tipográfica Editora Argentina) – página 395, 396.

(8)   “Iglesia y Comunidad Nacional” XLII Asamblea Plenaria de la Conferencia episcopal argentina, 9/5/1981.

(9)   Atilio Dell’Oro Maini; Miguel A. Fiorito; Gustavo Franceschi; Guillermo Forlong; Oscar R. Güel; Faustino J. Legón; Doncel Menossi; Juan P. Ramos e Isidoro Ruiz Moreno (1959): Presencia y sugestión del filósofo Francisco Suárez: su influencia en la Revolución de Mayo, Ed. Guillermo Kraft Limitada.

(10) Abad de Santillán, Diego (1965): La Revolución de Mayo: Factores convergentes y determinantes” – Historia Argentina, Buenos Aires: TEA (Tipográfica Editora Argentina) – página 409.

(11) Corrientes interpretativas de la Revolución de mayo de 1810.

(12) Abad de Santillán, Diego (1965): La Revolución de Mayo: Factores convergentes y determinantes” – Historia Argentina, Buenos Aires: TEA (Tipográfica Editora Argentina) – página 391.

(13) Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría), Año X, Ed. Goncourt, Bs.As., 1970.

(14) “Las Etapas de mayo y el verdadero Moreno”, ediciones Theoría, Bs.As., pág 73.

(15) Rivadavia y la expropiación a las órdenes eclesiásticas.

(16) Luna, Félix (1997): La etapa colonia. Las invasiones inglesas. Breve historia de los argentinos; Planeta Argentina, página 272, 950, 742-811-9.

(17) Cattáneo, José Luis Un tal Mariano Moreno. Editorial Dunken. Bs.As. 2013, página 33 ISBN 978-987-02-6373-9.

(18) los investigadores Juan Reyes y Genoveva Loza sostienen la segunda posición, argumentando que se mantuvo el sistema de gobierno español y no se respaldó la revolución en La Paz, ver: La Razón. El primer gobierno libre latinoamericano, 16/7/2006, mientras que otros como Teodocio Imaña, Gabriel René Moreno en La gran revolución de Chuquisaca de Ramiro Prudencio Lizón, 22/5/2004, Correo del Sur o Felipe Piña en Los mitos de la historia argentina, Grupo Editorial Norma, 26 edición, 2007, Argentina, ISBN 987-545-149-5, páginas 224/5, capítulo: La Revolución de Mayo, sostienen que la de Chuquisaca fue una revolución independentista, citando como su principal fundamento el silogismo de Chuquisaca o silogismo altoperuano: “¿Debe seguirse la suertede España o resistir en América? Las Indias son un dominio personal del rey de España; el rey está impedido de reinar; luego las indicas deben gobernarse a sí mismas”, Bernardo de Monteagudo.

(19) Pigna, Felipe (2007), La Revolución de Mayo. Los mitos de la historia argentina (26 ediciones). Argentina. Grupo editorial Norma, pp. 226, 227. ISBN 987-545-149-5.

(20) Pacho O’Donell (1998) El Grito Sagrado, Buenos Aires, Editorial Sudamericana. ISBN 9500713314.

(21) citado en Crónica Histórica Argentina, Tomo I, pág.145 (1968) Ed. Codex.

(22) Historia Argentina, pág. 31. Escrito por Jorge Fernández, Julio César Rondina, publicado por Universidad Nacional del Litoral, 2004, ISBN 987-508-331-3, 9879875083318.

(23) Cornelio Saavedra, Memoria autógrafa en Biblioteca de Mayo, tomo II, páginas 1050-1051, 1966.

(24) Abad de Santillán, Diego (1965): La Revolución de Mayo: Factores convergentes y determinantes” – Historia Argentina, Buenos Aires: TEA (Tipográfica Editora Argentina) – página 404.

(25) Pigna, Felipe (2007), La Revolución de Mayo. Los mitos de la historia argentina (26 ediciones). Argentina. Grupo editorial Norma, pp. 226, 227. ISBN 987-545-149-5.

(26) Domínguez, Luis L. (1861): Sección V: La Revolución – capítulo 1: el 25 de mayo de 1810 – Historia Argentina, imprenta del Orden, página 204-205.

(27). Domínguez, Luis L. (1861): Sección V: La Revolución – capítulo 1: el 25 de mayo de 1810 – Historia Argentina, imprenta del Orden, página 205-206.

(28) Pigna, Felipe (2007), La Revolución de Mayo. Los mitos de la historia argentina (26 ediciones). Argentina. Grupo editorial Norma, pp. 226, 227. ISBN 987-545-149-5.

(29) Vicente Fidel López (1896): La gran semana de 1810. Publicación on-line de la biblioteca digital argentina: www.biblioteca.clarin.com Buenos Aires, Carlos Casavalle Editor, Imprenta y Librería de Mayo.

(30) Citado en Crónico Histórica Argentina, Tomo 1, págin 148, 1968, ed. Codex.

(31) Rodríguez Bosch, Raúl (1986): Eustoquio Díaz Vélez. Soldado de la Independencia y la Organización Naiconal”, editora Selene, Bs.As. pág. 21 ISBN 950.95007-2-0.

(32) Alejandro Pasino (1/12/2000): La crisis de la monarquía española y las revoluciones hispánicas”, Portal Educar.

(33) Pigna, Felipe (2007), La Revolución de Mayo. Los mitos de la historia argentina (26 ediciones). Argentina. Grupo editorial Norma, pp. 226, 227. ISBN 987-545-149-5.

(34) Pigna, Felipe (2007), La Revolución de Mayo. Los mitos de la historia argentina (26 ediciones). Argentina. Grupo editorial Norma, pp. 226, 227. ISBN 987-545-149-5.

(35) Luna Félix (1994): 1810 y sus efectos. La Revolución. Breve Historia de los argentinos – Bs. As., Planeta, Espejo de la Argentina, p. 62, 950-742-415-6.

(36) De Gandía, 1960, p. 110.

(37) Abad de Santillán, Diego (1965): La Revolución de Mayo: Factores convergentes y determinantes” – Historia Argentina, Buenos Aires: TEA (Tipográfica Editora Argentina) – página 409.

(38) Abad de Santillán, Diego (1965): La Revolución de Mayo: Factores convergentes y determinantes” – Historia Argentina, Buenos Aires: TEA (Tipográfica Editora Argentina) – página 410.

(39) O’Donell Pacho (26/5/2015): La participación popular en Mayo. Buenos Aires. Página 12. Consultado el 29 de octubre de 2016.

(40) http://www.gutenberg.org/ Proyecto Gutemberg (ed.) “Actas capitulares desde el 21 hasta el 25 de mayo de 1810.

(41) Scenna, Miguel Ángel, Las brevas maduras. Memorial de la Patria, Tomo I, pág. 231 y 232, Ed. La Bastilla, Bs.As., 1984, ISBN 950-008-021-4.

(42) El orden en que se mencionan los miembros de la Junta es el orden en que prestaron juramento, y que suele ser interpretado como reflejo de una relación de poder, o de la importancia relativa de los sectores involucrados en el desarrollo de la Revolución.

(43) Ramallo, Jorge María (1983): los grupos políticos en la Revolución de Mayo, Bs.As. Ediciones Macchi, pp. 69-80 ISBN 950-037-024-7.

(44) Mitre Bartolomé (1887): Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina, Ediciones Félix Lajouane, Bs.As., cuarta edición.

(45) Revista de Indias, 2004, vol. LXIV, núm 231, págs.. 349-382, ISSN 0034.8341 (formato Pdf).

(46) Circular a las provincias del interior del 27 de mayo de 1810.

(47) Archivo General de Indias, Sevilla, España, E 122 C. C. L. 26, 1810. Carta del virrey de Buenos Aires donde cuenta a Su Majestad con varios documentos que acompaña, de los sucesos ocurridos en la Capital, en el mes de mayo de aquel año. Buenos Aires, 23 de junio de 1810.

Autor: JORGE MANUEL PICCHIO

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